El danés revienta la carrera en la subida a Pila, desbanca a Eulálio y distancia casi otro minuto a Gall, que se consolida como el segundo más fuerte
Regala esta noticia Añádenos en Google Jonas Vingegaard celebra el triunfo de etapa. (AFP)Iván Benito
23/05/2026 Actualizado a las 17:55h.La vida de Jonas Vingegaard cambió en el Valle de Aosta. En 2018 acudió a su prestigiosa carrera sub-23 y ganó la cronoescalada inicial. ... Al día siguiente acabó en el hospital. Una caída. Sangre sobre el maillot amarillo. Conmoción cerebral. Sus inicios fueron así, intermitentes. Pero un ojeador del Visma, en aquel entonces Jumbo, le había echado ya el ojo. Sin ese pálpito, el danés quizás estaría trabajando en una factoría de pescado, pasando los fines de semana en familia. Su historia es otra. Y va camino de ser leyenda.
Vence la etapa, la tercera en otros tantos finales en alto, y distancia a sus rivales un minuto más. A Gall y a Arensman les saca ya tres minutos. Entre medias queda Eulálio, honorable maglia rosa que pasa ahora al ciclista de Thisted. Los Red Bull Hindley y Pellizzari, aún algo mermados por sus problemas estomacales, se llenan de coraje para pelear aún por el podio.
🔥 Piganzoli steps aside and Jonas Vingegaard flies away from the group!
— Giro d'Italia (@giroditalia) May 23, 2026
The Dane is heading towards his first Maglia Rosa 🩷 #GirodItaliapic.twitter.com/Vcftd5aQpg
Al Giro ya solo quedan finales llanos o de montaña. Nada que temer para Vingegaard, que cuenta a su lado con el mejor equipo. «Ha sido realmente impresionante como han corrido», expresa. De salida ya avisaba que «tenía la etapa marcada desde antes de empezar el Giro». Y el escalador danés, al igual que Pogacar, se muestra como un ciclista prácticamente infalible. Enemigo de la imprevisibilidad histórica del ciclismo. Confirma que ya ha dejado atrás el catarro que le debilitó en la primera semana, en las etapas que ganó sin arrasar. Solo una enfermedad, una caída o algo extraordinario puede apartarle de añadir el Giro junto a sus dos Tours y la Vuelta 2025.
Además de un paraíso para el esquí, Aosta es un complejo arqueológico. Murallas, puertas monumentales, teatro y el arco de Augusto. La Roma de los Alpes la llaman. Alrededor de sus viñedos heroicos, tan difíciles de cultivar por las pendientes, como las de la Ribeira Sacra, se planteaba una jornada de corte moderno. Kilometraje escaso, 133, y cinco puertos, largos, sin rampas imposibles. «El menú es estrella Michelin», decía Enric Mas para abrir boca.
El vitoriano Markel Beloki no sabía que esperar. «Creo que es la primera vez que afronto una etapa así en competición. Va a doler». 20 años. 13 etapas sobresalientes. Aguantó casi en el 'top-10' de la general hasta las primeras rampas de Pila. «Ha sido probablemente el peor día de mi vida. Me lo tomo como un aprendizaje. Fue bonito mientras duró», expresó en meta, orgulloso por el esfuerzo. Vendrán días mejores.
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