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Vivencias alemanas

Vivencias alemanas
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Una creencia muy extendida es que Alemania emergió en el panorama europeo como gran potencia de la noche a la mañana

LA TRIBUNA

Vivencias alemanas

Una creencia muy extendida es que Alemania emergió en el panorama europeo como gran potencia de la noche a la mañana

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DIEGO NÚÑEZ. CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA JUBILADO

01/07/2026 a las 02:00h.

No todo es conflicto político. También hay en tierras germanas vivencias interesantes y divertidas que el viajero por esos lares puede experimentar. En los tiempos ... tan convulsos que vivimos resulta reconfortante tener este tipo de experiencias. Una creencia muy extendida es que Alemania emergió en el panorama europeo como gran potencia de la noche a la mañana. Pero esta impresión no es del todo exacta. Efectivamente, desde un punto de vista político, la unificación alemana no se produjo hasta el 18 de enero de 1871. Hasta entonces, fue siempre dominada por los Estados-nación modernos, como Francia o Inglaterra. El punto de inflexión tuvo lugar en la batalla de Sedán (1871), en la que por primera vez el ejército prusiano derrotó a las tropas francesas. Alemania se había desenvuelto desde la Edad Media bajo el Sacro Imperio Romano-Germánico, y se empeñó en mantenerlo contra la dirección de la Historia entrada ya la Edad Moderna. Su estructura política se hallaba fragmentada en más de 300 unidades territoriales bajo el paraguas imperial. Sin embargo, si en el plano político la situación de Alemania era endeble, por no decir «miserable», como la calificó el mismo Goethe, desde la perspectiva de la modernidad su desarrollo fue muy sólido, y en muchos aspectos me atrevería a decir que pionero. Una de las cosas que puede sorprender al turista es la cantidad de palacios existente; en rigor, hay tantos cuantas eran las entidades políticas que albergaba el Imperio. Además, cada príncipe, cada duque o cada conde quería competir con el vecino en poderío y magnificencia construyendo suntuosas residencias allá donde vivía. Es normal que los guías lleven ante todo al visitante a ver estas joyas arquitectónicas, pero yo aconsejaría al viajero visitar también los museos de la técnica y de la artesanía, en los que se puede observar el grado de desarrollo alemán en la cultura material de cada época.

El 6 de mayo de 1827, escribía Goethe a Johannes Peter Eckermann (Gespräche mit Goethe): «Los alemanes son gente increíble. Tienen por costumbre hacer la vida más difícil, en lugar de fácil, debido a su constante pretensión de pensamientos e ideas profundas, que andan siempre proyectando a todos los asuntos». Hay dos cosas especialmente complicadas en Alemania: la filosofía y la interpretación de las etiquetas de los vinos. De filosofía no toca hoy hablar; centrémonos pues en la actitud de los alemanes ante el vino. Lo primero que hay que decir es que normalmente el vino, tanto blanco como tinto, se consume fuera de las comidas, aunque desde hace unos años hay algunos vinicultores que se están esforzando por elaborar caldos adecuados para acompañar la comida.

El marco jurídico básico que regula el mundo vinícola germano es la Ley de 1971, que establece como criterio de calidad el grado de madurez de la uva. Esta referencia genera en las etiquetas una exhaustiva clasificación, que no es fácil de entender. A esto hay que agregar que en las últimas décadas ha surgido en la viticultura de élite una Asociación (la VDP), que aglutina a los productores de vinos de calidad, y cuyo criterio de jerarquía se basa en el terror. Por eso, hay que fijarse muy bien a la hora de comprar una botella en la afiliación del productor.

Otro dato que añade complejidad a la interpretación de la etiqueta es la identificación del vidueño. En Alemania hay cuatro variedades nobles de uva: Riesling, Gewürztraminer, Muskat y Rulander. Pero los viticultores germanos han ampliado con el paso del tiempo el repertorio ampelográfico, haciendo multitud de cruces entre los vidueños. El alemán tiene muy arraigada la actitud activa ante la naturaleza, tan típica de la cultura moderna. La cultura alemana es ante todo una cultura de la iniciativa y del emprendimiento. Sin embargo, en el caso de la viticultura han ido demasiado lejos. Han querido disminuir al máximo la influencia del factor natural en la elaboración del vino, confiándolo casi todo al factor humano. Mas hacer un buen vino no es lo mismo que fabricar un Mercedes o un BMW. Las características del terruño y la bondad de la uva son fundamentales para conseguir un vino de calidad. De todos modos, a pesar de estas dificultades, vale la pena acercarse a los grandes vinos blancos de riesling que los miembros de la VDP están haciendo en la actualidad.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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