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«Vivimos momentos de tensión porque nos jugamos la vida»

«Vivimos momentos de tensión porque nos jugamos la vida»
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El piloto almeriense Juan Manuel Muñoz López, del 43 Grupo, combatió desde el aire contra las llamas en el incendio de Los Gallardos
«Vivimos momentos de tensión porque nos jugamos la vida»

El piloto almeriense Juan Manuel Muñoz López, del 43 Grupo, combatió desde el aire contra las llamas en el incendio de Los Gallardos

Regala esta noticia Añádenos en Google El piloto almeriense Juan Manuel Muñoz, del 43 Grupo, junto al hidroavión. (R.I.)

Nerea Escámez

Almería

13/07/2026 Actualizado 14/07/2026 - 00:13h.

El fuego avanzaba sin descanso. ... cifra evidenció la magnitud

La activación de la unidad llegó la misma mañana del viernes, 10 de julio, cuando las llamas se encontraban en su punto más virulento. Cuando la potencia del fuego asolaba todo a su paso. «Recibimos el aviso de prealerta para el incendio de Los Gallardos», explica Muñoz, que apunta que no pasó ni una hora cuando el Ministerio de Transición Ecológica dio la llamada al Centro de Coordinación para dar la orden de salida del destacamento de Salamanca, punto en el que se encontraba.

Con las coordenadas en mano y las frecuencias de coordinación aérea configuradas, realizaron un vuelo aparentemente normal que, al llegar a la zona de trabajo, se rompe. «Entramos en la frecuencia de extinción. Es una banda aérea exclusiva para los medios que estamos actuando», describe el piloto, que, a sus 26 años, lleva dos temporadas apagando fuegos por el territorio nacional.

El incendio forestal de Los Gallardos, que se ha convertido en el más mortífero de la historia de Andalucía, recibió durante la jornada del viernes y del sábado, el apoyo de diferentes medios aéreos y, en ese espacio aéreo restringido, el 43 Grupo considera «vital» la figura del coordinador, a bordo de un helicóptero que sobrevuela la zona, para la organización del tráfico: «Él nos distribuye y nos dice, por ejemplo: 'El Foca va a entrar en flanco izquierdo cabeza y los helicópteros en el flanco derecho'», narra, sobre cómo fue la actuación desde el aire, donde veían el avance de las llamas.

En la primera jornada, los pilotos del 43 Grupo se concentraron en el flanco norte y noroeste de Los Gallardos, coordinándose con las avionetas de carga en tierra, mientras que los helicópteros trabajaban sobre la zona de la autovía A-7. Al día siguiente, el sábado, la tregua del viento permitió que todos los medios unieran fuerzas en un mismo punto para refrescar y calmar los puntos calientes.

Tensión y concentración

Los 'corsarios' a bordo de los hidroaviones tenían solo unos segundos para liberar su carga, que caía en cascada desplomándose al terreno afectado. Esa lluvia fue vital para un fuego que había calcinado violentamente parajes de Los Gallardos y Bédar. «El primer día teníamos la sensación de que soplaba mucho viento, pero no imaginábamos que el fuego avanzara tan rápido. Entre una descarga y la siguiente, veíamos que el objetivo que acabábamos de mojar ya había sido devorado por las llamas», describe Juan Manuel a este periódico.

Sus actuaciones se realizan fueran de los límites que marcan los procedimientos habituales si así lo requiere la situación como la que se vivió en el incendio. De ahí el nombre de 'corsarios'. Estos aviones anfibio van, casi, a ras de suelo. Y es que volar en un incendio de nivel 2, por ejemplo, implica convivir con esa tensión extrema. Saber que hay personas desalojadas, o posiblemente atrapadas, añade una presión sobre los militares. «Vivimos momentos de tensión porque nos estamos jugando la vida. Bajamos a altitudes de descarga a las que el resto de aviones no están acostumbrados a volar, realizando cruces de tráfico que no son habituales», confiesa Muñoz.

Sin embargo, detrás de esta tensión que soportan hay muchas horas de entrenamiento tanto en invierno como en verano. «En este tipo de incendios, mantenemos la sangre fría y damos el 100% de nosotros, estamos muy concentrados», refleja.

Y es que los días que estuvieron sobre el cielo del Levante almeriense realizaron turnos de cuatro horas y media. En ese periodo, permanecieron atentos a las instrucciones del coordinador para evitar descargar las seis toneladas de agua sobre zonas que estuvieran pobladas o sobre las brigadas terrestres, con quienes forman «un tándem vital» ya que ellos desde el aire apagan la llama o rebajan el humo, pero los que van a pie de montaña «rematan» los escombros y quitan el poder calorífico que queda bajo el suelo.

Descargas a las llamas

Solo el viernes contabilizaron 100 descargas, esto es, cerca de 600.000 litros de agua que cayeron en forma de cascada sobre el fuego mientras que el sábado, se realizaron 25 descargas en Los Javieres, al sureste de Lubrín, y se refrescaron puntos calientes del perímetro. En total, su intervención permitió aplacar las llamas con 750.000 litros de agua.

La pericia de los pilotos es vital pero el hidroavión, modelo Canadair, es el mejor aliado de los militares. «El avión es un poco 'madre', se comporta bastante bien y está diseñado específicamente para resistir las cargas de agua», señala Juan Manuel Muñoz, que, especificó que estar cerca de la costa permitió agilizar los tiempos de respuesta y utilizaron la playa de Vera para cargar el líquido que lanzaban solo o o mezclada con espumante para darle «cuerpo» al impacto.

Por otro lado, las avionetas de carga en tierra emplearon sobre la zona un líquido retardante de color rojo. Este se lanza por delante de las llamas para crear una barrera química que provoca que, cuando el fuego llegue a esa línea, su avance se ralentice de forma sustancial, dando un margen de tiempo para que los medios pesados lo atajen de forma directa.

Cuando la tranquilidad regresó a la zona y el incendio se estabilizó y controló, los hidroaviones del 43 Grupo se retiraron en silencio pero con la satisfacción del deber cumplido. Lo dice su lema: «Apaga y vámonos».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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