Ángel Nuño López
Domingo, 8 de febrero 2026, 01:00
... ser, aquello en lo que se deben convertir, sino lo que ya son: sal y luz no por méritos propios, sino por la relación con Él, por su amor misericordioso. Podemos apreciar aquí el vínculo indisoluble entre la identidad y la misión del cristiano.San Pablo, por su parte, recuerda que el Evangelio no se anuncia desde la autosuficiencia, sino desde la debilidad confiada, para que la fe se apoye en el poder de Dios y no en la elocuencia humana.
Ser sal y luz no es una tarea heroica reservada a unos pocos, sino la vocación cotidiana de toda la comunidad cristiana. Cuando la fe se hace vida entregada, discreta y fiel, entonces -sin ruido- el mundo percibe la luz de Dios.
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