La relación entre PP y Vox vive un momento clave en Aragón. En el inicio de las negociaciones para desbloquear la investidura de Jorge Azcón, ambas formaciones mantienen el pulso por el presupuesto de Zaragoza.
Las cuentas de la ciudad - que superan los 1.000 millones de euros por primera vez en la historia - deberían haberse presentado en la última semana del pasado mes de diciembre. Sin embargo, apenas unos días después de la convocatoria electoral autonómica, el acuerdo, aparentemente sellado por las dos partes, saltó por los aires. Vox consideró necesario reiniciar las conversaciones tras observar cómo en los ayuntamientos de Sevilla y Valencia el PP había aceptado sus propuestas sobre las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE).
En el consistorio hispalense se retiró la normativa para imponer multas en la zona de la Cartuja, aunque con la suficiente ambigüedad para no colisionar con la normativa estatal. Mientras, en la capital del Turia, María José Catalá se vio obligada a renunciar a la bonificación de 14 millones de euros que el Ejecutivo central habría abonado a su Ayuntamiento como ayuda el transporte.
Natalia Chueca se negó a ello en Zaragoza y comenzó a aplicar sanciones por el incumplimiento de las ZBE en diciembre, tras meses implantadas con carácter informativo gracias a la abstención de Vox. «Nosotros nunca vamos a apoyar las ZBE, porque no nos creemos esa historia, pero entendemos que es la obligación y la responsabilidad del Gobierno municipal cumplir con esta ley; por eso, aunque no la vamos a votar a favor, tampoco la vamos a dificultar», expresaba el concejal de la formación verde, David Flores, en el pleno de aprobación de esta norma celebrado en julio de 2024.
Esta es la única «línea roja» que la alcaldesa plantea a Vox, ya que, pese a que considera que la norma es «una barbaridad nacional», asegura que «no me puedo saltar la ley y correr el riesgo de perder 22 millones de euros». De hecho, defienden desde el PP, «se han realizado propuestas similares sobre las ZBE a las que se han acordado en otros Ayuntamientos con Vox, como es el caso de Valladolid, donde se ha creado un grupo de trabajo para controlar la imposición de las sanciones sin poner en riesgo las ayudas ministeriales», pero también ha sido rechazado.
En este contexto, si Vox mantiene su rechazo a los presupuestos, Natalia Chueca se verá empujada a someterse a una moción de confianza y poner su puesto en manos del consistorio.
Precisamente, dicha sesión será la última en la que Julio Calvo actúe como portavoz de Vox, tras anunciar su jubilación la mañana siguiente del éxito electoral. Su renuncia al cargo pilló por sorpresa a todo el Ayuntamiento, incluidos los miembros de su propio partido, quienes desconocían que con su salida las cuentas de 2026 quedarían desbloqueadas. Calvo renunció a su dimisión tras conocer que, de seguir adelante, esta se habría oficializado al inicio del pleno presupuestario, dejando a Vox con un concejal menos para toda la sesión al no entrar su relevo de forma inmediata. Esto provocaría un empate técnico entre los votos a favor de los 15 ediles populares y el rechazo del resto de partidos del consistorio, que sería decidido con el voto de gracia de la alcaldesa. «No sabíamos que el sustituto entraba en el siguiente pleno y cuando nos dimos cuenta tuvimos que tomar esta decisión para mantener nuestra postura», explican en el partido.
Con la presencia de Calvo, la previsión es que Vox vote junto al PSOE y Zaragoza en Común para tumbar el presupuesto, pese a reconocer que este proyecto «es el mejor posible». Y es que su intención con este movimiento, explican en el seno de la formación, «es visibilizar que el PP no tiene mayoría y que los zaragozanos se den cuenta de que no hemos sido cómplices».
Por tanto, una vez se celebre la moción de confianza sobre Natalia Chueca, Vox no apoyará su relevo: «Es imposible que votemos a favor de una alcaldía del PSOE», aseguran, garantizando así la aprobación automática de los presupuestos. Pese a este mensaje de tranquilidad, en el PP no se fían, ya que son conscientes de que «cuando inicias una votación nunca sabes lo que puede pasar», por lo que critican que este movimiento «es un paripé basado en un egocentrismo absoluto, porque no son capaces de dar un motivo concreto para rechazar el mejor presupuesto de la historia de Zaragoza».