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Vuelco en las conciencias

Vuelco en las conciencias
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El desahucio de Maricarmen ha trastocado el relato y podría tener recorrido si cuaja el movimiento social frente al problema de la vivienda

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Vuelco en las conciencias

El desahucio de Maricarmen ha trastocado el relato y podría tener recorrido si cuaja el movimiento social frente al problema de la vivienda

Regala esta noticia Añádenos en Google Concentración frente al ático de Chamberí tras el desahucio de Maricarmen,. (EP)

Alberto Surio

27/09/2026 a las 00:20h.

Hay veces en que la política cambia de relato sin que nadie lo haya escrito. Durante semanas, la crisis de Ceuta parecía haber colocado al ... Gobierno de Pedro Sánchez ante uno de esos escenarios que la oposición sueña con convertir en una trampa perfecta: un problema grave, visible, emocional y difícil de gestionar. La llegada masiva de migrantes había construido un relato de desbordamiento. Pero entonces apareció Maricarmen.

El último capítulo añade ahora un giro inesperado: la inmobiliaria propietaria del piso ha ofrecido al Ayuntamiento de Madrid la posibilidad de gestionar la vivienda como social y facilitar el regreso de Maricarmen. No sabemos qué ha motivado esta decisión. Puede responder a una reconsideración de la propiedad ante la evolución del caso y la alarma generada. Sea cual sea la razón, el movimiento revela hasta qué punto una historia particular puede adquirir una dimensión pública capaz de modificar las posiciones iniciales.

Y ahí está lo verdaderamente relevante. El caso de Maricarmen ha vuelto a poner delante de los ojos de la sociedad una evidencia que durante demasiado tiempo ha permanecido atrapada entre estadísticas y promesas: la vivienda ya no es solo el problema de quien no puede acceder a un piso. Es también el miedo de quien teme perder el que tiene.

La vivienda introduce así un relato distinto, pero conectado con otros conflictos: el de una sociedad que percibe que demasiadas personas pueden quedar desprotegidas ante problemas que deberían tener una respuesta colectiva. No es una cuestión que admita soluciones sencillas. Afecta a la oferta, el alquiler, la propiedad, la regulación, la planificación urbana y las competencias de distintas administraciones. Pero precisamente por eso puede convertirse en uno de los grandes conflictos sociales de una generación.

También plantea incógnitas para la política. El Gobierno de Pedro Sánchez prevé aprobar el martes su real decreto ley con medidas en vivienda, pero la dificultad estriba en conciliar posiciones aparentemente antagónicas; por ejemplo, entre Podemos y Junts. Si el debate se enreda en el maximalismo, la frustración está servida en bandeja. Si queda reducido a la confrontación entre partidos, existe el riesgo de que una parte de la sociedad vuelva a sentirse sin representación en un asunto que afecta directamente a su vida cotidiana. La vivienda podría, en cambio, convertirse en un punto de encuentro de malestares que hasta ahora han circulado por separado.

No se trata de apropiarse de Maricarmen ni de transformar su historia en un eslogan. Tampoco de enfrentar una tragedia con otra. Se trata de entender qué nos dice su caso: que existe una sociedad cansada de escuchar que determinados problemas son demasiado complejos para resolverse mientras sus consecuencias recaen siempre sobre los mismos.

El «todos somos Maricarmen» puede ser algo más que una consigna. Puede ser el síntoma de un cambio de clima social. Porque hay un momento en que la política deja de ser únicamente un juego de posiciones. Es el momento en que aparece una mujer de 87 años frente a la puerta de su casa y obliga a todos a preguntarse qué significa, realmente, proteger a quien más lo necesita. Quizá ahí esté el verdadero cambio de relato.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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