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Whakapapa: el secreto de los equipos de mayor rendimiento

Whakapapa: el secreto de los equipos de mayor rendimiento
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El ritual maorí Whakapapa enseña la importancia de conectar con la comunidad, trabajar bajo la idea de que se pertenece a algo más grande y de la preservación del legado. Leer
Liderazgo y propósitoWhakapapa: el secreto de los equipos de mayor rendimiento
  • JUAN CARLOS CUBEIRO
Actualizado 22 JUL. 2026 - 00:36La haka de los All Blacks, la selección neozelandesa de rugby, homenajea a sus ancestros.

El ritual maorí Whakapapa enseña la importancia de conectar con la comunidad, trabajar bajo la idea de que se pertenece a algo más grande y de la preservación del legado.

La haka de los All Blacks, la selección neozelandesa de rugby, es uno de los rituales deportivos más famosos del mundo, un espectáculo previo a los partidos inolvidable. Su fuerza proviene tanto de su origen maorí como de su función psicológica y simbólica dentro del equipo. Se trata de una danza tradicional maorí que combina cantos, gritos, movimientos vigorosos, golpes corporales y gestos faciales.

Es un tipo de kapa haka, es decir, una expresión artística colectiva de la cultura maorí que consiste en desafiar al rival mientras se le muestra respeto, evidenciar la fuerza, y cohesión del propio equipo. Los ancestros se sienten orgullosos de estos jugadores que representan a su país.

En la tradición maorí, Whakapapa significa linaje, genealogía, cadena de pertenencia. Es la vigorosa idea de que "somos parte de una larga línea de personas; recibimos un legado y debemos dejarlo mejor para los que vienen". En un equipo deportivo como la selección neozelandesa, se traduce en la consciencia de pertenecer a algo más grande que la propia persona, profunda responsabilidad hacia quienes llevaron la camiseta antes y la obligación moral de mejorarla para los que vendrán. Toda una filosofía de vida que une identidad, propósito y responsabilidad.

James Kerr, en su libro Legacy (Legado), explica que el Whakapapa es la síntesis del éxito de los All Blacks, porque les dota de la identidad especial de saber quiénes son, de dónde vienen y lo que representan para el futuro; de una motivación profunda, porque no juegan por ellos ni por su país sino por una cadena temporal de generaciones; una responsabilidad personal como guardián de un legado; una cultura de excelencia especial para ser dignos de esa camiseta y la cohesión del equipo como familia extendida.

Jacinda Ardern, la que fuera primera ministra de Nueva Zelanda durante la pandemia, una de las gobernantes más exitosas en la gestión de la crisis sanitaria y económica del coronavirus, alineó su liderazgo, basado en el poder de la amabilidad, con tres elementos centrales del Whakapapa: la conexión con una comunidad más grande que ella misma, su responsabilidad hacia las generaciones futuras y el espíritu de humildad y servicio.

Así lo demostró valientemente tras el atentado de Christchurch (2019) contra la comunidad musulmana de su país, cuando se reunió con las familias afectadas usando el hijab en señal de respeto, declaró "ellos son nosotros" (pertenencia colectiva, comunidad nacional) e impulsó una reforma inmediata de las leyes de armas para que no volviera a suceder. Los propios líderes maoríes declararon que Jacinda Ardern fue un ejemplo de manaakitanga, la hospitalidad y el cuidado por los demás tan propios de la whakapapa.

La propia gestión de la pandemia a partir de marzo de 2020 fue un modelo de atención a las personas más desfavorecidas, de comunicación clara y humana, de trabajo en equipo con expertos reales para tomar las mejores decisiones de forma ágil. Llamó a su país "un equipo de cinco millones de personas", como símbolo de interdependencia y solidaridad.

Sus presupuestos estuvieron basados en el bienestar colectivo, no en el crecimiento por el crecimiento. Y su renuncia voluntaria por responsabilidad personal demostró que el liderazgo no es ansia de poder sino custodia temporal. Jacinda reconoció sus límites, respetó el cargo y antepuso el bien común sobre su ambición personal.

Disney, siempre atento a los diferentes valores culturales, enseñó a su público más joven el valor de la Whakapapa en su película Vaiana. La protagonista, que sale de su isla para continuar el legado de sus antepasados, simboliza que somos parte de una cadena vital que une pasado, presente y futuro, que debe honrar a sus ancestros y asegurar, en comunidad, el futuro de su pueblo. Su abuela Tala le enseña que pertenece a una genealogía de navegantes ("esto es lo que somos"). No emprende su viaje fuera de la isla porque ella se considere especial, sino para preservar la supervivencia de su pueblo.

En la cosmovisión polinesia, los ancestros marcan el camino. Y la canción Sabemos el camino enseña que Vaiana no va sola, sino con toda su comunidad junto a ella. Su propósito lo recibe de sus antepasados y debe portarlo a las generaciones venideras, por lo que su viaje no es disruptivo sino de continuidad. Es más, la naturaleza es parte del linaje.

Como clave de autoliderazgo, el concepto de Whakapapa es muy aplicable a nuestras organizaciones en un entorno empresarial en el que la esperanza de vida corporativa se ha reducido a la quinta parte en el último medio siglo. La noción de que formamos parte de una cadena desde los miembros fundadores de la compañía y que debemos dejar un legado sostenible cobra mucha importancia en términos de competitividad, productividad y mejora continua.

El propósito compartido es un gran imán de talento para atraer a los mejores. El orgullo de pertenencia es una considerable fuente de eficiencia. El fomento de la responsabilidad y la diversidad generacional son retos formidables. La cultura del legado marca la diferencia. Las decisiones han de tomarse con perspectiva estratégica. El liderazgo ha de ser de servicio, íntegro, custodio de los valores.

La Whakapapa nos enseña que el propósito no debe ser márketing, postureo, sino una brújula moral. Ese sentido profundo evita fricciones internas y eleva la productividad. Nos indica que el poder "no se posee", sino que se custodia temporalmente, con absoluta transparencia y humildad operativa.

Nos ofrece un legado medible, a través de métricas que no son exclusivamente de rendimiento a corto plazo sino de impacto social y medioambiental, de desarrollo de talento, de mejora del clima laboral o de reputación de la compañía ante sus clientes o como sitio preferido para trabajar. Nos propone sanos rituales de cohesión, sean de acogida a los nuevos integrantes, de celebración de éxitos colectivos, de transmisión de historia de espíritu de equipo o de reconocimiento público a las contribuciones más señaladas (está comprobado que este tipo de rituales son un multiplicador de productividad).

En definitiva, las empresas con narrativa fuerte de pasado y de legado atraen, fidelizan y desarrollan mejor el talento. Son exitosas como los All Blacks.

Juan Carlos Cubeiro es autor de 'Autoliderazgo', Premio Nacional de Management y director de Estrategia y Liderazgo de Amrop.

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Fuente original: Leer en Expansión
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