Un momento del montaje 'Taverna Miresia', de Mario Banushi. Foto: Nassia Stouraiti
Teatro Willem Dafoe apuesta por el cuerpo y el silencio en su último año al frente de la Bienal de Venecia de TeatroEl popular actor apuesta por la economía verbal en el programa de esta edición. Convoca a figuras como Emma Dante y Mario Banushi, y también homenajea a Bob Wilson.
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Alberto Ojeda Publicada 7 junio 2026 00:53hWillem Dafoe sigue este año al frente de la Bienal de Venecia de Teatro. Firmó por dos años y este es el segundo; en principio, el que agote su vínculo con el potente festival escénico. Fue una sorpresa que se le encargara tal responsabilidad y que él la asumiera. Pero el teatro, como contaba a El Cultural la pasada primavera, "fue determinante en mi formación como actor y por eso siempre he buscado volver a él".
La oportunidad le vino desde Italia, país en el que vive buena parte del año. En Roma, junto a su mujer, la compositora y también actriz de Pescara Giada Colagrande. En esta Bienal pone de relieve su concepción radical del teatro, como un territorio donde debe primar la fisicidad del cuerpo, por encima del intelecto.
Su apuesta por espectáculos nacidos bajo esa premisa es patente en el menú que ha preparado. Podrá degustarse desde el próximo domingo 7 hasta el 21 de junio.
Más allá de la campana viral: ¿por qué Florentina Holzinger es lo mejor que le ha pasado a la Bienal de Venecia?Mario Banushi, fenómeno de la vanguardia escénica actual, encarna a la perfección el ideal de Dafoe. El autor y director grecoalbanés, que, con tan solo 28 años, ha sido galardonado con el León de Plata de la Bienal, destaca por la economía verbal. Un rasgo determinado por su doble nacionalidad, que de algún modo hizo de él un doble apátrida lingüístico (¿cuál de las dos es mi verdadera lengua, la griega o la albanesa?).
La emoción la inocula mediante la atmósfera sonora y las poderosas imágenes que construye sobre el escenario. En abril pudimos comprobarlo cuando presentó en los Teatros del Canal Mami.
En la ciudad de los canales, presentará la trilogía que lo ha elevado, en apenas cuatro años, a la cúspide de la escena europea, Romance familiar, compuesta por Ragada, Goodbye, Lindita y Taverna Miresia. Un viaje a las raíces de su identidad híbrida y confusa, la de un migrante que afronta su propia odisea a caballo entre Grecia y Albania.
Esa combinación de tradiciones la practica también otro de los invitados de Dafoe, el japonés Satoshi Miyagi, alumno del pope nipón Tadashi Suzuki. En Mugen Noh Otello, funde a Shakespeare (a su moro veneciano) con los preceptos estilísticos del hierático y ancestral teatro Noh.
Todas las imágenes del mundo caben en el pabellón español de la Bienal de VeneciaOriente tiene un peso específico muy alto en la programación. De la India llega la coreógrafa Sharmila Biswas con Mischief Dance, donde espiritualidad y erotismo se entrelazan siguiendo el patrón de la danza clásica india odissi. Por su parte, la indonesia Sri Qadariatin se inspira en un texto seminal del místico sufí Hamzah Fansuri para confeccionar Hikayat Perahu, una travesía metafórica por el mar que remite a la búsqueda de Dios por el alma humana.
Vemos, pues, mucho viaje espiritual, una querencia de Dafoe, practicante impenitente de yoga. "Me hace mejor persona, lo que me hace mejor actor", nos decía el curso pasado.
"En un mundo cada vez más violento y autoritario, el desafío es preguntarse a dónde vamos". Willem Dafoe
El León de Oro se entregará a la regista palermitana Emma Dante, una institución en Italia. Ópera y teatro, en esos dos terrenos se mueve indistintamente, con alguna incursión en el cine (Street Palermo).
En Venecia, aparte de recibir la unción del premio máximo del festival, estrenará I fantasmi di Basile, montaje que evoca el universo barroco del escritor napolitano Giambattista Basile, que ella conoce a fondo.
Christos Stergioglou, Alex Drakos, Davide Iodice, Dorcy Rugamba y Angelique Kidjo son otros de los creadores que han acudido a la convocatoria de Dafoe, que además homenajea a su admirado Bob Wilson con una exposición. Su objetivo es claro: "En un mundo cada vez más autoritario y violento, el desafío del teatro es preguntarnos hacia dónde caminamos".