Podría parecer que un templo expiatorio como la Sagrada Familia no necesitaría utilizar términos modernos de empresa como Chief Executive Officer (CEO), pero cuando recibes cerca de 5 millones de visitantes al año y generas unos ingresos anuales de 135,5 millones de euros, ... no hay más remedio. Xavier Martínez es el Ceo de la Sagrada familia desde 2017 y bajo su dirección general el templo se ha convertido en uno de los diez monumentos más visitados del mundo.
-Una vez acabada la Torre de Jesucristo, ¿podemos decir que el fin de la Sagrada Familia está cerca?
-De forma simbólica, podríamos decir que sí. Nos ha convertido en el edificio más alto de la ciudad y en la iglesia más alta del mundo. Dentro de la humildad de Gaudí, él siempre pensó que la obra del hombre no podía superar a la obra de Dios, y por ello se limitó a los 172,5 metros que no superaban la montaña de Montjuïc. Pero sí que es verdad que ya forma parte del skyline de Barcelona y ya somos visibles desde cualquier punto de la ciudad, lo que nos llena de satisfacción. Los que llevamos trabajando muchos años aquí, nos acordamos perfectamente cuando empezamos a construir las seis torres centrales. Nos parecía tan lejano verlas acabadas. Somos la quinta generación que vemos construir a la Sagrada Familia y somos la que la veremos acabada. Ahora nos dedicaremos en cuerpo y alma en construir la fachada de la Gloria, que es lo más importante que queda por levantar.
-Acabada o no, la atracción de la Sagrada Familia la ha convertido en uno de los monumentos más visitados de todo el mundo. Cuando esté acabada, ¿todavía traerá a más gente?
-Está claro que la Sagrada Familia es un icono de Barcelona, el símbolo más universal de la ciudad. Éste ha sido el trabajo de muchos años. SI miramos un poco hacia atrás, antes de las Olimpiadas de Barcelona, la Sagrada Familia era una gran desconocida a nivel global. Ni siquiera Barcelona contaba dentro del recorrido de las grandes capitales europeas. Una única foto icónica desde la piscina Picornell de Montjuïc, donde se realizaban los saltos de trampolín, captó la atención del mundo. La gente de verdad empezó a preguntar que era aquella silueta que se veía detrás del saltador haciendo piruetas. Paralelamente que la gente descubría una nueva ciudad, descubrió la Sagrada Familia y empezó un punto de inflexión.
-Parece mentira que los visitantes masivos a la Sagrada Familia sean algo reciente, de los últimos 30 años.
-El segundo punto de inflexión fue en 2002, cuando se universalizó la figura de Antoni Gaudí con su 150 aniversario. Se dio a conocer la figura humana, arquitectónica y espiritual del genio y eso también ayudó a que la visibilidad de la Sagrada Familia también aumentase. Y la situación acabó de explotar en 2010, cuando el Papa Benedicto XVI consagró la Sagrada Familia, con la nave central ya cubierta. El edificio civil se convirtió en iglesia y ya pudo ofrecer misa. El público pudo descubrir el interior de la basílica. Las visitas se multiplicaron. Y ahora, con la bendición del Papa León XIV a la Torre de Jesucristo, creemos que será un cuarto punto de inflexión. Reforzará la imagen de la Sagrada Familia como icono y símbolo universal, con lo que la gente tendrá muchas ganas de venir a visitarla.
-¿Hay capacidad para absorber más de cinco millones de visitantes, que es la cifra que rondan actualmente?
-Cada año nos visitan más de 120 nacionalidades distintas. Y hay que tener en cuenta que por cada visitante que entra, hay 4 que se quedan fuera, por lo que calculamos que tenemos 25 millones de visitantes anuales en el exterior. Gaudí, como era un visionario, hizo algo muy novedoso, sacar los retablos de dentro de la iglesia al exterior. Decía que los que van a misa, ya conocían la historia de Jesús, así que sacó los retablos en las fachadas para la gente que no era creyente y no quería entrar en la iglesia los viera y conociera. Gaudí provoca una catequesis continua.
-Nosotros tenemos aforado el templo. Actualmente, la basílica puede ser visitada por un ratio de 1.500 personas por hora. Dependiendo de la temporada del año en la que estemos, podemos abrir de siete a nueve horas diarias. No queremos modificar este ratio porque entendemos que es el que permite un nivel satisfactorio de visitas. En este momento, tenemos una valoración positiva de los visitantes de 9,25 puntos sobre 10. No queremos que eso cambie. Podremos abrir más horas, pero no aceptar más visitantes porque eso implicaría incrementar la insatisfacción.
-¿La visita del Papa es un estrés adicional?
-Nuestro día a día ya es de por sí intenso, eso es cierto, pero llevamos un año y medio preparando este 10 de junio ya que también queríamos conmemorar el prime centenario de la muerte de Gaudí, así que nosotros mismos ya habíamos puesto carbón en la caldera y aumentado la presión para celebrar a Gaudí como se merece. La visita del Papa no implica tanto un estrés adicional al que ya nos habíamos impuesto nosotros.
«Somos una fundación, y aparte, somos una fundación canónica que pertenece a la Iglesia Católica y nuestro presidente nato es el arzobispo de Barcelona. Pero por el hecho de ser una fundación canónica no significa que no nos debamos gestionar de una forma profesional»
-Pero a nivel operativo, aunque sólo sea por el tema de la seguridad, seguro que el esfuerzo será mayor
-Sí, quizá sí que en la seguridad lo vamos a notar. Estamos acostumbrados a trabajar con los cuerpos de seguridad, con los Mossos d'Esquadra, la Policía Nacional, la Guardia Civil, así que no será ningún problema. La seguridad sigue siendo un tema central para nosotros, sobre todo con un mundo así de loco. Desde los atentados en Barcelona en 2017, el nivel de alerta siempre ha sido un 4 sobre cinco. No ha descendido desde entonces. Hay una vigilancia constante y estricta alrededor del recinto. Puede que la visita del Santo Padre nos añada un punto de estrés, pero es algo que vivimos con mucha atención los 365 días del año.
-Háblenos de su vinculación con la Sagrada Familia, ¿cómo entra a trabajar aquí?
-Como en todos los que trabajamos en este proyecto, hay algo de providencial. Nunca me hubiese imaginado desarrollar gran parte de mi carrera profesional en la Sagrada Familia. Entré en 2002 y me comprometí únicamente por tres años. Estábamos en un contexto de crisis. En septiembre de 2001 ocurrió el atentado de las torres gemelas y el turismo se resintió muchísimo. Las naves de la basílica no estaban cubiertas, incluso se podía ver el interior desde la calle Mallorca y el objetivo prioritario era cubrir las naves, pero la economía de la Sagrada Familia estaba muy en precario. Me inicié como director financiero con el objetivo de dotar de capacidad de autofinanciación a la basílica para poder cubrir las naves. Realizamos un proyecto vinculado al turismo, que entendíamos ya entonces tenía que ser nuestra principal fuente de financiación. Era la palanca que necesitábamos no sólo para cubrir las naves, sino para acabar la Sagrada Familia.
-El plan parece que funcionó a la perfección.
-La gente da por hecho que siempre ha habido turistas. Sí, había alguno que se paseaba por el exterior, pero no entraba nadie. Todo lo que habíamos ganado en 1992 con las olimpiadas, la crisis del 2002 hizo que tuviéramos que reforzar la apuesta. Y empezamos a centrarnos con más determinación en el turismo. Al final, lo que tienes que hacer es comunicar. La comunicación ha sido fundamental en la Sagrada Familia. En 2002, con el Año Gaudí, pudimos explicar a todo el mundo quién era Gaudí y qué era lo que diseñó y as razones detrás de sus diseños. Conseguimos conectar mucho con el exterior, y no sólo con ellos. En los últimos años hicimos autocrítica y vinos que la ciudadanía y el público local no se sentía cercana al templo. Había un sentimiento de orgullo, pero existía cierta distancia. Entonces empezamos a hacer conciertos gratuitos, jornadas de puertas abiertas, talleres, actividades sociales. Actualmente, 150.000 escolares nos visitan cada año. Intentamos aprender de nuestros errores y hemos conseguido una mayor sensación de pertenencia de los barceloneses.
«Podríamos decir que en el siglo XX los recursos eran escasos, por tanto la velocidad de la obra era escasa. En el siglo XXI, los recursos empiezan a crecer y por tanto la velocidad de la obra empieza a crecer. El punto de inflexión fue en 2010»
-¿No es tan extraño como parece ser el CEO de una iglesia?
-Sí, a veces puede confundir. Nosotros lo tenemos muy claro, somos una fundación, y aparte, somos una fundación canónica que pertenece a la Iglesia Católica y nuestro presidente nato es el arzobispo de Barcelona. Pero por el hecho de ser una fundación canónica no significa que no nos debamos gestionar de una forma profesional. Y eso lo hemos tenido muy claro. Nos gestionamos como si fuéramos una empresa porque la gestión más eficiente ya está inventada. No nos hemos tenido que inventar nada. La mayoría de nuestro equipo venimos del mundo de la empresa, de la gestión, por lo que estamos habituados a gestionar tanto grandes volúmenes de personas como de ingresos. Nos construimos como empresa porque es la forma más eficiente de gestionar una cosa tan grande como la Sagrada Familia.
-¿Hasta qué punto el incremento de turistas ha permitido acelerar las obras?
-Sin duda, ha sido esencial. Podríamos decir que en el siglo XX los recursos eran escasos, por tanto la velocidad de la obra era escasa. En el siglo XXI, los recursos empiezan a crecer y por tanto la velocidad de la obra empieza a crecer. El punto de inflexión, como te he comentado, fue en 2010. La visita del Papa Benedicto XVI fue vista por 300 millones de personas en todo el mundo. Eso creó un ambiente de euforia tremendo dentro de la organización. Nos creíamos capaces de todo. Esa fue la fecha en que nos creímos que seríamos capaces de acabar la Sagrada Familia. Veíamos que los ingresos iban en aumento, que el turismo era estable y por tanto teníamos la capacidad financiera necesaria para acabar las obras
-Unos años después, por el 2015, ya se hablaba de que en 2026 el templo estaría por completo acabado.
-Cuando vimos que teníamos los suficientes ingresos como para sufragar el coste de las obras, vimos que tal y como estaban los procesos de construcción por aquel entonces quizá no la veríamos acabada hasta el siglo XXII. Eso nos creó una reacción positiva de buscar soluciones y hacer las cosas de manera diferente. Tuvimos que idear un nuevo modelo constructivo, que es lo que nos ha permitido ir más rápido. Esto ha sido un trabajo de investigación en base a los requerimientos muy claros que puso sobre la mesa Jordi Faulí, nuestro arquitecto director, teniendo en cuenta que nuestro elemento principal de construcción tenía que ser la piedra natural. Es entonces cuando salimos afuera e incorporamos las mejores prácticas del sector de la construcción, del sector de los grandes rascacielos, de la automoción, de muchos sectores. Vimos lo que podía irnos bien a nosotros y lo que no y readaptamos nuestra manera de hacer. Conseguimos estandarizar e industrializar nuestros procesos, lo que nos permitió ir muy rápidos. Por ello, en sólo diez años, hemos podido acabar las torres centrales. Si no, te digo que hubiésemos tardado un siglo, teniendo en cuenta que tenemos que compaginar los que es la construcción con las 16.000 personas que pasan cada día por el templo
-¿Qué nuevos sistemas pusieron en práctica?
Descentralizamos y deslocalizamos la construcción, con dos fábricas fuera, un centro logístico y un centro de producción que son donde realmente construimos y desde allí los trasladamos con transportes especiales a la Sagrada Familia. Ensamblamos con grúas en operaciones muy sencillas, rápidas y seguras. Esto lo hemos tenido que aprender poniendo horas y horas en ello, pero ya somos unos expertos. La euforia en 2014 y 2015 era tal que sí, veíamos factible acabar en 2026, pero luego ¡pum!, ocurre la pandemia y todo se va al traste.
-¿Cómo fue el parón? ¿Cuánto tiempo se quedaron las obras a 0?
-Me acuerdo perfectamente de aquel enero de 2020, cuando sabíamos que nos quedaba el último sprint de seis siete años. Toda la organización estaba volcada para conseguirlo. La organización incluso se redimensionó para conseguir ese objetivo. Pero tres meses después tuvimos que cerrar. Incluso nosotros cerramos un día antes, el 13 de marzo. Tuvimos que desmontar todas nuestras fábricas, tuvimos que desvincular a todos nuestros proveedores, tuvimos que desmontar absolutamente todo porque nuestros ingresos disminuyeron a cero. Fue un momento muy, pero que muy complejo. A medida que se reestableció la normalidad, tuvimos que volver a poner la maquinaria en marcha, pero fue un proceso muy lento porque habíamos consumido todos los recursos que teníamos ahorrados. Volver a hacer un colchón económico para acometer la construcción, volver a montar las fábricas, recuperar a nuestros proveedores, que muchos de ellos no habían conseguido sobrevivir a la crisis, hizo que durante dos años no construyéramos prácticamente nada. En realidad, no ha sido hasta este 2025 que hemos recuperado el ritmo anterior a la pandemia.
-¿Existe cierta superstición ahora de no querer marcar fechas alrededor del final de la Sagrada Familia?
-Hay prevención, diría mejor. Creemos que una cifra estimada podría ser unos diez años, el 2026, pero no es a ciencia cierta. Aunque sí que sería un deseo. Podría ser una buena fecha, al menos para completar la fachada de la Gloria.
-¿Qué ocurre con la Junta Constructora y su patronato cuando la Sagrada Familia deje de construir? ¿Deja de tener sentido como tal, se ha de refundar?
-Es algo que nos hemos planteado de forma interna. Todo el esfuerzo que se ha hecho durante tantos años, con tantas personas involucradas, sería muy triste si sólo sirviera para que unos turistas se hicieran fotos. La Sagrada Familia tiene un sentido poliédrico y cada persona encuentra lo que quiere buscar. Es un sitio que, cuando tú entras, pasan cosas y puede llegar a ser muy trascendente. Los creyentes encuentran un significado, los no creyentes otro, porque les gusta la belleza, el arte. Por tanto, la Sagrada Familia es un escaparate que deja ver lo que quieres. Al hablar del patronato, nosotros nos remitimos a lo que dice Gaudí, la originalidad es volver al origen. Si vamos al acta fundacional de la Sagrada Familia de 1882, nuestros fundadores, la Asociación de Devotos de San José, se marcó dos objetivos claros. El primero, acoger una iglesia, la fe dentro de la fe. Este objetivo se logró en 2010. Pero también marcaron un segundo objetivo, que sea un lugar donde la caridad sea acogida.
-La caridad pasará a ser entonces la función principal de la nueva Sagrada Familia
-La caridad siempre ha sido importante, ya desde el inicio. Gaudí creó las escuelas para los trabajadores dentro de la Sagrada Familia porque él quería que sus hijos tuvieran acceso a la enseñanza. No tan sólo eso, sino que las abrió al vecindario. Ni siquiera estaban segregadas. Niños y niñas compartían educación. Ya Gaudí contemplaba cómo hacer el bien para los demás. En este sentido, nuestro patronato formalizó en 2023 que el objetivo marcado por Gaudí y los fundadores de la Sagrada Familia tenía que volver a ser prioritario y así devolver a la sociedad todo lo que nos había dado durante tantos años.
-La Sagrada Familia nace como templo expiatorio, a partir de donaciones desinteresadas que permiten construir la iglesia. En 2020, por ejemplo, volvimos a ser financiados únicamente por las donaciones particulares y desinteresadas. Y en 2023 se decide que es el momento de devolver a esta sociedad todo lo que nos ha dado. A partir de aquí constituimos un fondo de acción social. Empezamos a cofinanciar iniciativas del tercer sector, tanto religiosas como civiles, y que pretenden ayudar a colectivos vulnerables. Llevamos 3 convocatorias con más de 300 proyectos, con un total de 11 millones de euros. Vemos entonces que iniciamos la transformación de una obra constructiva a una obra social y ese es el futuro. Pero primero hemos de acabar la fachada de la Gloria. La acción en Sagrada Familia es movimiento. Cuando queremos realizar algo, lo hacemos. Empezamos y vamos aprendiendo. Si somos un referente en turismo es porque llevamos muchos años y hemos aprendido.
-Hablando de la fachada de la Gloria, ¿ya hay una solución definitiva a la reubicación de los vecinos de los edificios de la calle Mallorca?
-Con el Ayuntamiento, ahora y con el anterior consistorio de Ada Colau, hemos tenido muchas conversaciones. Lo que vimos primero es que el problema se debía solucionar por fases. Se intentó de forma global, pero nunca se llegó a un acuerdo. Así que lo dividimos por fases. La primera, pedimos la actualización de la licencia de obras de la Sagrada Familia, para permitir construir prácticamente la totalidad de la fachada de la Gloria, salvo la zona que invade el dominio público, sobre todo la escalinata que dará acceso al templo. Esto se dejó para una segunda fase. Después de conseguir la licencia, ahora estamos en conversaciones con el Ayuntamiento para acometer esta segunda fase. El patronato tiene claro que será un beneficio para todos y las conversaciones son en ese sentido. La Sagrada Familia tiene un terreno que es de su propiedad, que puede ser usado para trasladar y reubicar a las familias afectadas por las obras sin que haya ningún trastorno. Esperemos que algún día el Ayuntamiento acepte. Las conversaciones van por buen camino. Las relaciones son excelentes y hay una voluntad clara de que la Sagrada Familia se tiene que acabar. Es importante que sea cuanto antes para centrar nuestros esfuerzos en la culminación completa de la fachada de la Gloria.
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