Telón de Seda | Xi Jinping podría frenar las guerras, pero prefiere no intervenir.
Mundo Telón de seda Xi Jinping se cruza de brazos: podría parar las guerras de Ucrania e Irán pero prefiere no intervenirChina se ha situado en el centro del tablero mundial tras sus encuentros con Donald Trump y Vladímir Putin y la posibilidad de que utilice su influencia para mediar en los grandes conflictos parece cada vez más remota.
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Ana Núñez-Milara Publicada 24 mayo 2026 01:54h Las clavesLas claves Generado con IA
El presidente chino, Xi Jinping, se ha erigido en uno de los grandes actores de la diplomacia global tras sus recientes encuentros con el presidente estadounidense, Donald Trump, y el ruso, Vladímir Putin. Sólo él tendría la llave para influir en la guerra que ha desatado EEUU contra Irán y la invasión de Moscú sobre Ucrania. Pero, ¿por qué no interviene?
Para responder a esta pregunta hay que entender la historia reciente del gigante asiático. China ha recurrido a su influencia económica, más que a su poder militar, para extender su peso en el mundo.
“Nunca ha jugado ningún rol de mediación en ningún conflicto salvo que haya unos intereses intrínsecos muy profundos para actores relevantes chinos”, cuenta Parsifal D’Sola Alvarado, fundador y director ejecutivo de la Fundación Andrés Bello – Centro de Investigación Chino Latinoamericano. Fue el caso del conflicto entre Sudán y Sudán del Sur en el año 2012, donde se jugaban masivas inversiones estratégicas.
Donald Trump, un aliado necesario
Xi Jinping recibió a mediados de mayo a Donald Trump con una pompa coreografiada: alfombra roja, guardia de honor, salva con cañonazos, niños agitando banderas norteamericanas y paseo por el Templo del Cielo y por Zhongnanhai, la sede del Gobierno en donde se toman las decisiones más importantes.
Xi y 'la diplomacia del tacón con alza': logra parecer más alto que Putin y Trump y les niega los acuerdos que esperabanTodo un despliegue destinado a proyectar buena sintonía entre las mayores economías mundiales, cuyos líderes no se reunían desde hacía nueve años.
De lo poco que ha trascendido, se sabe que han firmado acuerdos estratégicos y que China adquirió 200 aviones a Boeing, la mayor compra de aeronaves en casi una década. También hablaron de la desnuclearización de Corea del Norte o de una posible revisión de su posición en la Corte Penal Internacional, según filtró Financial Times.
Pero hubo una cuestión que sobrevoló todo el encuentro: Irán.
Donald Trump llegaba con expectativas de encontrar apoyo para resolver la guerra que él mismo desató, confiando en que la buena relación de Xi con Vladímir Putin, el presidente ruso, pudiera actuar como elemento facilitador.
El veredicto del VAR: Xi se pone por encima de Trump al sentarle en un sillón más bajo en la sede de su poderPese a abordar el tema, no hubo avances en la crisis del Estrecho de Ormuz. Ni siquiera hay consenso sobre cómo y en qué términos hablaron sobre el cierre de este paso estratégico por el que fluye el 20% del petróleo mundial.
Circula la teoría de que Donald Trump habría mantenido en suspenso la decisión sobre un paquete de armas por valor de 14.000 millones de dólares que tenía previsto entregar a Taiwán, isla que China considera una provincia rebelde y con la que mantiene fuertes tensiones.
Si el presidente estadounidense pretendía que Xi Jinping interviniera a cambio ante Irán, su socio más poderoso de Medio Oriente, se quedó con las ganas.
“China ha tenido un impacto en las exportaciones a raíz del cierre del Estrecho, pero tiene grandes reservas de petróleo y todavía tiene margen de maniobra”, apunta D’Sola.
Trump y Xi Jinping: la batalla por 'hackear' el mundo. ¿Quién controla el botón?El analista explica que los números del primer trimestre están por debajo de los pronósticos anuales que saca el gobierno de Pekín, pero el alto intervencionismo económico le permitiría navegar en tiempos turbulentos mediante inyecciones de capital, subsidios o gracias al fuerte componente en energías renovables.
Además, “se estima que 80% de exportaciones de Irán seguirán destinándose a China, que le ayuda a evadir las sanciones”, señala sobre el interés de Xi en mantenerse al margen del conflicto.
Putin, su “amigo íntimo”
El encuentro con Putin, sin embargo, reflejó una amistad que se ha cultivado en el tiempo. Ambos mandatarios mantienen una relación que ha alcanzado un grado de intimidad política que trasciende la diplomacia convencional.
Aunque Xi Jinping apenas ha revelado detalles sobre su vida privada, el South China Morning Post reveló que se refirió al presidente ruso como su “mejor y más íntimo amigo”.
Xi Jinping recibe a Vladímir Putin en Pekín Europa Press
Se han reunido más de 40 veces en ambientes formales y distendidos: desayunos y meriendas a orillas de un lago, celebraciones de cumpleaños o paseos en barco.
El encuentro de esta semana ha derivado en un gran acuerdo de cooperación estratégica en ámbitos como la energía o el transporte. Pero no se ha filtrado nada sobre la guerra en Ucrania.
Desde la anexión de Crimea en 2014 y, posteriormente, la invasión de Ucrania en 2022, el vínculo entre ambos se ha estrechado aún más: los dos se sienten parte de un contrapeso al bloque occidental y han incrementado su relación económica.
Rusia se ha vuelto casi completamente dependiente del país asiático. Es su primer socio comercial y, según Bloomberg, Vladímir Putin adquiere ya más del 90% de la tecnología restringida por las sanciones occidentales.
Xi Jinping cierra filas con Putin e insiste en que la reanudación de la guerra en Oriente Próximo sería "inaceptable"La relación es asimétrica. Y lo mismo ocurre con la economía china respecto al exterior: el año pasado, cerca de un tercio de su crecimiento provino de las exportaciones, alcanzando el nivel más alto desde 1997.
Esto convierte al país en una potencia extremadamente atenta a todo lo que ocurre a su alrededor.
Árbitro que no pita
Para Mario Esteban, investigador principal para Asia Oriental del Instituto Elcano, “China no solo realiza labor de mediación y busca un orden internacional estable por prestigio, sino por interés propio. Al igual que la Unión Europea, es muy dependiente del exterior y necesita un orden internacional basado en reglas”.
El gigante se aleja del concepto de intervencionismo que ha venido practicando Occidente. La Unión Europea pero, sobre todo, Estados Unidos, han ejercido tradicionalmente presión mediante sanciones y presencia militar o el aislamiento financiero en el caso de este último.
'Mamá' Peng, el comodín que Xi guarda para su próxima cita con Trump: el 'soft power' chino que complementa su puño de hierroPekín, en cambio, evita implicarse directamente. Mantiene una extrema cordialidad con los poderosos y cultiva, sobre todo, la ambigüedad. No tiene reparo en reunirse con líderes condenados al desencuentro.
Lo hemos visto en las reuniones con Donald Trump y Vladímir Putin. Pero también en 2013, cuando citó con días de diferencia al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas y al Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
“Por tradición, China no interviene políticamente en el conflicto internacional. Puede hacer que un país pierda acceso a su mercado, imponer impuestos o cancelar permisos fitosanitarios, por ejemplo, que son políticas económicas coercitivas. Pero que no negocie o se implique no significa que no tenga influencia en las decisiones estratégicas de otros países”, apunta D’Sola.
Mario Esteban resume la diferencia de enfoque: “EEUU es el actor de la coerción y China se presenta como el actor de la diplomacia”.
Promesas chinasHenry Kissinger, el ex asesor de Seguridad Nacional norteamericano, llegó a sugerir que la meta de China sería convertirse “en el asesor principal de toda la humanidad”.
¿Podría terminar con las guerras si quisiera?
“Podemos afirmar con certeza que tiene un peso crítico como proveedor de bienes intermedios, industriales y de divisas. Pero eso no significa automáticamente que vaya a utilizar esa influencia económica para poner fin a los conflictos”, explica Esteban.
La razón es sencilla: una presión excesiva podría provocar el efecto contrario y empujar al otro actor a responder con mayor agresividad para compensar el coste. En el caso de Rusia, su capacidad nuclear altera por completo el equilibrio y eleva el riesgo de una escalada.
Xi Jinping, durante uno de los encuentros con Putin
China dispone de una palanca económica poderosa, pero prefiere moverla con cautela. “Para Pekín tiene más sentido ejercer una presión sutil. Lo vemos con Irán: tiene un enorme interés en que el Estrecho de Ormuz permanezca abierto, pero no quiere proyectarse como una potencia que coacciona, sino como un actor que respeta la soberanía de otros países”, añade.
Sus relaciones, construidas a base de préstamos y exportaciones, la sitúan en el centro del mapa. Pero, al mismo tiempo, la comprometen: intervenir directamente en Ucrania o en Irán iría contra sus propios intereses, según los expertos. Es el árbitro que no pita.
No es casual que Xi Jinping insista en que los grandes enemigos no son necesariamente los países vecinos, sino problemas como el hambre o la pobreza.
El historiador Peter Frankopan escribía en Las nuevas rutas de la seda que China asciende con una ventaja: mantiene esperanza y optimismo respecto a lo que deparará el mañana.
En Occidente, en cambio, la ansiedad es tan intensa, que los países se encuentran cada vez más divididos.
La mejor forma de intervenir sería por tanto, precisamente, no hacerlo y dejar que las piezas caigan por sí solas.