China ha ganado la carrera de las baterías de vehículos eléctricos.
No "está ganando". Ha ganado.
Y lo que viene ahora es poco más que una gestión del daño que ningún gobierno occidental tiene el valor de explicar a sus ciudadanos.
Por qué es importante. Las baterías de litio son el corazón del coche eléctrico, pero también la infraestructura energética del siglo XXI. Quien controla la cadena de suministro de baterías controla, en buena medida, la transición energética mundial, la autonomía industrial de las democracias occidentales y, progresivamente, la geopolítica de la movilidad.
Y hoy esa cadena la controla China de forma casi total.
En cifras. Más del 80% de las celdas de batería del mundo se fabrican en China. CATL, BYD y Gotion han construido o anunciado al menos 68 fábricas fuera de China en la última década, con una inversión conjunta que supera los 45.000 millones de dólares.
En 2024, por primera vez, estas empresas invirtieron más dinero construyendo plantas en el extranjero que dentro de su propio país.
En Xataka
NVIDIA lleva meses suspirando por vender sus H200 a China: acaba de recibir la noticia que estaba esperando
Entre líneas. La expansión china es la siguiente fase de una industria que ha madurado hasta el punto de que abrir fábricas fuera resulta más rentable que quedarse en casa. CATL declara un margen del 29% en sus operaciones internacionales frente al 23% en China. Ya han superado su mercado de origen.
Esto explica también por qué la fotogenia política es tan global:
• Macron firmó una batería junto al fundador de Envision en Douai.
• Pedro Sánchez posó con el CEO de CATL.
• El gobernador de Illinois compartió escenario con el presidente de Gotion.
Las banderas son locales pero la tecnología es china.
Sí, pero. La expansión no es indolora. En Hungría, CATL ha tenido que enfrentarse a protestas medioambientales, un litigio por el uso del agua y despidos colectivos de trabajadores locales.
La promesa implícita en cada inauguración en torno al empleo, a la transferencia de tecnología y a la integración económica choca con frecuencia con una realidad un poco más austera.
La gran pregunta. ¿Cuánto tiempo llevaría cerrar esta brecha aunque Occidente pusiera de repente todo su empeño en ello? La respuesta honesta es bastante desalentadora: costaría décadas, no años.
La ventaja china en investigación, ecosistemas de proveedores y curva de aprendizaje acumulada no se consigue de la noche a la mañana por muchas subvenciones que se entreguen ni con un discurso en una planta inaugurada con banderas locales. Se construye generación a generación.
Imagen destacada | Xataka
En Xataka | En silencio, España está resolviendo su mayor problema energético: convertirse en la segunda potencia mundial de baterías
-
La noticia
Ya es imposible romper el dominio chino en baterías de vehículos eléctricos: lo sabemos todos pero ningún político lo quiere admitir
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Lacort
.
Ya es imposible romper el dominio chino en baterías de vehículos eléctricos: lo sabemos todos pero ningún político lo quiere admitir
China ya controla el 80% de la fabricación mundial de baterías para vehículos eléctricos y sigue expandiéndose. Occidente lleva años prometiendo alternativas que no llegan, mientras el tiempo juega en nuestra contra
China ha ganado la carrera de las baterías de vehículos eléctricos.
No "está ganando". Ha ganado.
Y lo que viene ahora es poco más que una gestión del daño que ningún gobierno occidental tiene el valor de explicar a sus ciudadanos.
Por qué es importante. Las baterías de litio son el corazón del coche eléctrico, pero también la infraestructura energética del siglo XXI. Quien controla la cadena de suministro de baterías controla, en buena medida, la transición energética mundial, la autonomía industrial de las democracias occidentales y, progresivamente, la geopolítica de la movilidad.
La promesa implícita en cada inauguración en torno al empleo, a la transferencia de tecnología y a la integración económica choca con frecuencia con una realidad un poco más austera.
La gran pregunta. ¿Cuánto tiempo llevaría cerrar esta brecha aunque Occidente pusiera de repente todo su empeño en ello? La respuesta honesta es bastante desalentadora: costaría décadas, no años.
La ventaja china en investigación, ecosistemas de proveedores y curva de aprendizaje acumulada no se consigue de la noche a la mañana por muchas subvenciones que se entreguen ni con un discurso en una planta inaugurada con banderas locales. Se construye generación a generación.