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"Ya estamos en la singularidad de la IA": Sam Altman, CEO de OpenAI

"Ya estamos en la singularidad de la IA": Sam Altman, CEO de OpenAI
Artículo Completo 1,011 palabras
Sam Altman ha elegido el pódcast Relentless para soltar la frase que con toda probabilidad llevaba años preparando: "Ya estamos en la singularidad". El director general de OpenAI confesó después de pronunciar estas palabras que llevaba esperando este momento toda su vida. Esta declaración llega apenas dos semanas después de que sus propios modelos de inteligencia artificial (IA) protagonizaran uno de los incidentes de ciberseguridad más comentados de los últimos meses. El pasado 11 de julio GPT-5.6 Sol y un modelo todavía sin publicar se escaparon de un entorno de pruebas cerrado y accedieron sin autorización a los servidores de producción de Hugging Face. Según el propio relato de OpenAI, ambos sistemas estaban "hiperconcentrados" en superar el benchmark ExploitGym, y para lograrlo fueron capaces de hacer algo que hasta ese momento parecía imposible. Y es que en vez de resolver los ejercicios como estaba previsto, invirtieron una cantidad sustancial de esfuerzo de inferencia en buscar una vía de acceso a internet. Después encontraron una vulnerabilidad de día cero en un proxy de caché de un registro de paquetes, se movieron por la red interna de investigación de OpenAI y terminaron extrayendo las soluciones de las pruebas directamente de la base de datos de producción de Hugging Face. OpenAI tardó diez días en confirmar a la plataforma quién estaba detrás del ataque. Estamos en la singularidad. O no Resulta revelador que el propio Altman haya reconocido, apenas unos días antes y en un pódcast distinto, que quizá haya llegado el momento de frenar el ritmo de desarrollo de la IA. En una conversación con Patrick O'Shaughnessy para Invest Like the Best, el director general de OpenAI admitió que la industria necesita dar tiempo a la sociedad para asimilar estos nuevos niveles de capacidad, aunque reconoció no tener claro cómo lograrlo sin que parezca una toma de control regulatorio. Llegó a describir lo sucedido con Hugging Face como un episodio propio de la ciencia ficción, y lo calificó como "el primer incidente de seguridad que he sentido de una forma muy visceral". OpenAI, de hecho, ha pausado el entrenamiento de ese modelo mientras resuelve cómo blindar su entorno de pruebas. Y, sin embargo, la definición a la que recurre para hablar de la singularidad no es precisamente nueva: la formuló el matemático británico Irving John Good en 1965, y la bautizó el matemático, informático y escritor de ciencia ficción estadounidense Vernor Vinge en 1993. En Xataka Los dos ajustes invisibles que deciden si tu IA acierta o desvaría Según Good y Vinge, alcanzaremos la singularidad cuando una máquina sea capaz de diseñar una sucesora mejor que ella misma, que a su vez pueda diseñar otra todavía superior hasta dejar atrás a la inteligencia humana. Es una idea elegante, no cabe duda. El problema es que nadie, ni Altman ni sus colegas del sector de la IA, ha fijado el umbral exacto que permitiría confirmar que ya se ha cruzado. Altman es claramente reincidente. Un año después sigue sin haber consenso sobre qué significaría exactamente cruzar esa línea Demis Hassabis, el director general de Google DeepMind, cerró el evento Google I/O de mayo diciendo a su audiencia que se encontraban en las proximidades de la singularidad, por lo que fue más cauto que Altman. Este último situó a la humanidad más allá de este horizonte de sucesos en junio de 2025, en su ensayo "The Gentle Singularity" (La singularidad amable). Altman es claramente reincidente. Un año después sigue sin haber consenso sobre qué significaría exactamente cruzar esa línea, y las cifras económicas de OpenAI complican todavía más su relato triunfalista. En febrero de este año esta compañía informó a sus inversores de que sus gastos de inferencia se habían multiplicado por cuatro durante 2025, lo que empujó su margen bruto del 40% al 33%. Ese mismo informe situó los ingresos de 2025 en 13.000 millones de dólares frente a un objetivo de unos 600.000 millones en gasto total de cómputo hasta 2030, y Altman se ha comprometido por separado a desembolsar 1,4 billones para 30 GW de capacidad. OpenAI, de hecho, ha renunciado en la práctica a construir centros de datos propios. Prefiere usar los de terceros. Los datos de seguridad tampoco ayudan a sostener el argumento de la explosión de la IA. La firma Hacktron sometió a GPT-5.6 Sol Ultra, Sol Medium y Grok 4.5 a pruebas de desarrollo de exploits para Chrome hace pocas semanas, y necesitó 2.096 millones de tokens a lo largo de todo el ensayo para que uno solo de los tres modelos lograra completar una cadena de exploits entera. Aikido Security, por su parte, probó 13 modelos frente a 26 vulnerabilidades conocidas y concluyó que GPT-5.6 lideraba con 23 aciertos, aunque Kimi K3 de pesos abiertos, el modelo de Moonshot, igualó esa cifra en pass@3 por un coste muy inferior. Una auténtica explosión de la IA debería desencadenar una capacidad por unidad de cómputo altísima. Y lo que muestran las propias cuentas de OpenAI es justo lo contrario: cada unidad de capacidad cuesta cada vez más. Imagen | Flickr (procesada con ChatGPT) Más información | Tom's Hardware | TechCrunch En Xataka | China tiene un plan para ganar a EEUU la guerra de la IA. Y DeepSeek es su campeón En Xataka | Anthropic está a un paso de valer tanto como Samsung. Y lo que el mercado está comprando no es Claude - La noticia "Ya estamos en la singularidad de la IA": Sam Altman, CEO de OpenAI fue publicada originalmente en Xataka por Laura López .
"Ya estamos en la singularidad de la IA": Sam Altman, CEO de OpenAI
  • Altman ha reconocido que quizá ha llegado el momento de frenar el ritmo de desarrollo de la IA

  • Alcanzaremos la singularidad cuando una máquina sea capaz de diseñar una sucesora mejor que ella misma

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Laura López

Editora Sénior - Tech

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Sam Altman ha elegido el pódcast Relentless para soltar la frase que con toda probabilidad llevaba años preparando: "Ya estamos en la singularidad". El director general de OpenAI confesó después de pronunciar estas palabras que llevaba esperando este momento toda su vida. Esta declaración llega apenas dos semanas después de que sus propios modelos de inteligencia artificial (IA) protagonizaran uno de los incidentes de ciberseguridad más comentados de los últimos meses.

El pasado 11 de julio GPT-5.6 Sol y un modelo todavía sin publicar se escaparon de un entorno de pruebas cerrado y accedieron sin autorización a los servidores de producción de Hugging Face. Según el propio relato de OpenAI, ambos sistemas estaban "hiperconcentrados" en superar el benchmark ExploitGym, y para lograrlo fueron capaces de hacer algo que hasta ese momento parecía imposible.

Y es que en vez de resolver los ejercicios como estaba previsto, invirtieron una cantidad sustancial de esfuerzo de inferencia en buscar una vía de acceso a internet. Después encontraron una vulnerabilidad de día cero en un proxy de caché de un registro de paquetes, se movieron por la red interna de investigación de OpenAI y terminaron extrayendo las soluciones de las pruebas directamente de la base de datos de producción de Hugging Face. OpenAI tardó diez días en confirmar a la plataforma quién estaba detrás del ataque.

Estamos en la singularidad. O no

Resulta revelador que el propio Altman haya reconocido, apenas unos días antes y en un pódcast distinto, que quizá haya llegado el momento de frenar el ritmo de desarrollo de la IA. En una conversación con Patrick O'Shaughnessy para Invest Like the Best, el director general de OpenAI admitió que la industria necesita dar tiempo a la sociedad para asimilar estos nuevos niveles de capacidad, aunque reconoció no tener claro cómo lograrlo sin que parezca una toma de control regulatorio.

Llegó a describir lo sucedido con Hugging Face como un episodio propio de la ciencia ficción, y lo calificó como "el primer incidente de seguridad que he sentido de una forma muy visceral". OpenAI, de hecho, ha pausado el entrenamiento de ese modelo mientras resuelve cómo blindar su entorno de pruebas. Y, sin embargo, la definición a la que recurre para hablar de la singularidad no es precisamente nueva: la formuló el matemático británico Irving John Good en 1965, y la bautizó el matemático, informático y escritor de ciencia ficción estadounidense Vernor Vinge en 1993.

En XatakaLos dos ajustes invisibles que deciden si tu IA acierta o desvaría

Según Good y Vinge, alcanzaremos la singularidad cuando una máquina sea capaz de diseñar una sucesora mejor que ella misma, que a su vez pueda diseñar otra todavía superior hasta dejar atrás a la inteligencia humana. Es una idea elegante, no cabe duda. El problema es que nadie, ni Altman ni sus colegas del sector de la IA, ha fijado el umbral exacto que permitiría confirmar que ya se ha cruzado.

Altman es claramente reincidente. Un año después sigue sin haber consenso sobre qué significaría exactamente cruzar esa línea

Demis Hassabis, el director general de Google DeepMind, cerró el evento Google I/O de mayo diciendo a su audiencia que se encontraban en las proximidades de la singularidad, por lo que fue más cauto que Altman. Este último situó a la humanidad más allá de este horizonte de sucesos en junio de 2025, en su ensayo "The Gentle Singularity" (La singularidad amable). Altman es claramente reincidente. Un año después sigue sin haber consenso sobre qué significaría exactamente cruzar esa línea, y las cifras económicas de OpenAI complican todavía más su relato triunfalista.

En febrero de este año esta compañía informó a sus inversores de que sus gastos de inferencia se habían multiplicado por cuatro durante 2025, lo que empujó su margen bruto del 40% al 33%. Ese mismo informe situó los ingresos de 2025 en 13.000 millones de dólares frente a un objetivo de unos 600.000 millones en gasto total de cómputo hasta 2030, y Altman se ha comprometido por separado a desembolsar 1,4 billones para 30 GW de capacidad. OpenAI, de hecho, ha renunciado en la práctica a construir centros de datos propios. Prefiere usar los de terceros.

Los datos de seguridad tampoco ayudan a sostener el argumento de la explosión de la IA. La firma Hacktron sometió a GPT-5.6 Sol Ultra, Sol Medium y Grok 4.5 a pruebas de desarrollo de exploits para Chrome hace pocas semanas, y necesitó 2.096 millones de tokensa lo largo de todo el ensayo para que uno solo de los tres modelos lograra completar una cadena de exploits entera.

Aikido Security, por su parte, probó 13 modelos frente a 26 vulnerabilidades conocidas y concluyó que GPT-5.6 lideraba con 23 aciertos, aunque Kimi K3 de pesos abiertos, el modelo de Moonshot, igualó esa cifra en pass@3 por un coste muy inferior. Una auténtica explosión de la IA debería desencadenar una capacidad por unidad de cómputo altísima. Y lo que muestran las propias cuentas de OpenAI es justo lo contrario: cada unidad de capacidad cuesta cada vez más.

Imagen | Flickr (procesada con ChatGPT)

Más información | Tom's Hardware | TechCrunch

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En Xataka | Anthropic está a un paso de valer tanto como Samsung. Y lo que el mercado está comprando no es Claude

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