Es tan imposible salir dignamente de esta situación que una parte de la izquierda ya huye al galope del que hasta no hace mucho era un referente.
Dicen que la 'troupe' de guionistas que trabaja a tiempo completo para el presidente Sánchez está en estos momentos edificando un relato creíble que explique la procedencia de las joyas de José Luis Rodríguez Zapatero encontradas en la caja fuerte de un despacho ocupado por el expresidente, propiedad del PSOE y situado en la misma calle Ferraz 33, justo enfrente de la sede del partido.
Tienen que afinar mucho porque, en un arrebato de imprudencia, el propio Zapatero le debió trasladar a su portavoz, el presidente del Ateneo de Madrid, Luis Arroyo, y este a su vez a la opinión pública, que las piedras encontradas en el registro eran lo que viene a ser la herencia de cualquier abuela y que valdrían entre 30.000 y 50.000 euros, creyendo tal vez inocentemente que su ojo de buen cubero sería suficiente para el juez.
El penalista Víctor Moreno Catena, que lleva la defensa de Zapatero, está buscando un neurolizador para borrar la memoria de los espectadores. Resulta que la cotización de las joyas, según los expertos que las han analizado, rondaría los 1,3 millones de euros. Para que nadie se haga películas y piense mal, le propongo a los relatores que digan la verdad. Que digan que se trata de las joyas de Anastasia Romanov y que Zapatero solo se las guardaba. Todo tiene una explicación, aunque seguramente los amantes del lawfare la retorcerán.
Son muchos los que creen que la bella hija del Zar Nicolás II no murió fusilada aquel 17 de julio de 1918 en el sótano de la casa Ipátiev de Ekaterimburgo, precisamente porque su madre le cosió en el vestido las esmeraldas y rubíes de la familia y estas desviaron las balas. En aquel trance, Anastasia tan solo se desmayó por el impacto que le produjo ver a su familia masacrada por aquellos bolcheviques, que abandonaron inmediatamente la estancia.
La joven tuvo la suerte de que un apuesto comunista que no había participado en la ejecución fuera el encargado de rematar los cuerpos con su bayoneta antes de enterrarlos. Dice la fábula que aquel chico era en realidad un joven leonés con gran humanidad, de apellido Rodríguez, que, siendo comunista, no solo no aprobaba los métodos de sus compañeros sino que abogaba por el perdón, la reconciliación y la liberación de los presos que habían sido capturados.
De casta le viene al galgo. Es posible imaginar que aquel Rodríguez no solo no remató a Anastasia sino que, llevado por su talante, le acompañó al bosque y permitió que huyera nadando a través del río Iset, no sin antes guardarle las piedras para que no se ahogara arrastrada por su peso, con la promesa de devolvérselas la próxima vez que se vieran. Y así es como, de Rodríguez en Rodríguez, llegaron hasta Zapatero, que solo es un leal custodio de la memoria histórica.
Hay quien cree que las pruebas de ADN que certificaron que Anastasia también murió en Ekaterimburgo estarían amañadas y hasta es posible que Leire la fontanera tenga alguna información al respecto. Con ese relato, que no va a distanciarse demasiado de la versión que ofrezca Zapatero, este país no solo mantendría su aura de pureza progresista sino que entraría de lleno a convertirse en el centro de referencia del realismo mágico en el mundo.
De momento sería realmente sorprendente que José Luis Rodríguez Zapatero pueda ser condenado por eludir a Hacienda teniendo en cuenta los serios indicios que pesan en la causa que el juez José Luis Calama sigue contra él. No hay que descartar esa suerte porque ya le ocurrió a Al Capone. Calama ha imputado al expresidente por tráfico de influencias, blanqueo de capitales, organización criminal y falsedad documental, y ahora, a raíz de la aparición de las joyas, le ha abierto causa separada por delito fiscal y contrabando.
Es tan imposible salir dignamente de esta situación que una parte de la izquierda ya huye al galope del que hasta no hace mucho era un referente. Dice ahora esa misma izquierda que fue Zapatero el que reformó la Constitución con ayuda del PP para priorizar el pago de la deuda, el que subió la jubilación de 65 a 67 años y el IVA del 16% al 18%, el que abarató el despido, el que recortó el sueldo de los funcionarios y el que rescató a la banca, entre muchas otras maldades ultraliberales.
Es posible que Zapatero esté hundido porque no sea consciente de haber practicado el mal, e incluso que la depresión le alcance por haber implicado a sus hijas, pero no hay nada que le exima de responsabilidad. Tan precaria es su situación que su defensa no está intentando atacar el fondo del asunto sino la forma, maniobrando para que invaliden las pruebas, incluso, si fuera necesario, con el concurso futuro del Constitucional.
Esto no le va a ahorrar a Zapatero el banquillo porque el juez instructor no se va a detener, ya que la prueba solo se practica ante el tribunal que juzga. La estrategia de defensa ya le condena socialmente, pero él trata de eludir la cárcel. De hecho, sus defensores en la calle intentan equiparar pruebas no válidas con pruebas falsas, con el objetivo de provocar el caos y agarrarse a la teoría de la conspiración, detrás de la cual estaría Donald Trump vengándose de Pedro Sánchez. Es difícil encontrar crédulos que compren esta versión, similar en gran medida a la de Zapatero como custodio de Anastasia Romanov.
*Iñaki Garay es director adjunto de EXPANSIÓN
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