Zapatero compareció a empujones ante el mañanero de La Moncloa. No tenía nada nuevo que decir, ni que desmentir ni aportar, ni tampoco que rebatir de la declaración ante el juez de su amigo Julio Martínez. Eso lo "declararé al juez", repitió varias veces. El mañanero de Sánchez encabezaba con enunciados pero no hacía preguntas; dejaba que Zapatero rellenase escueto, disperso y sonado los puntos suspensivos. A cambio, Sánchez le concedió tratar de centrar su comparecencia en su queja por la supuesta vulneración de sus derechos y proclamar su presunción de inocencia: Zapatero siempre acostumbró a formalizar lo obvio.
Se echaron en falta muchas preguntas, entre ellas, una exploratoria que no hubiese desvelado gran cosa, si acaso calibrar intuitivamente la relación entre Zapatero y Sánchez en tiempo real: "¿Usted, como presidente, hubiese procedido a rescatar Plus Ultra?". En La Moncloa insisten en que el rescate siguió el cauce administrativo establecido y que la aerolínea cumplió con los pliegos para solicitarlo. Pero esa no es la cuestión de fondo. Se da por supuesto que lo aprobaron las entidades pertinentes. He ahí el problema real que apunta a La Moncloa y el posible delito de tráfico de influencias del que se acusa a Zapatero: ¿Por qué Plus Ultra y por qué medios superó las distintas fases del procedimiento? Luego: ¿Qué fue del dinero?
Sabemos que Plus Ultra tomó un atajo, que por su parca e irrelevante posición no merecía la ayuda y que remuneró a quien consideró su conseguidor; además, ese enflautador, Zapatero, troceó y distribuyó el cobro de esa y otras comisiones o pagos entre distintas sociedades pantalla; sabemos también que los directivos de Plus Ultra, recién dimitidos, conocieron del salvamento de la compañía días antes de que el Gobierno -del que también formaba parte la silente Yolanda Díaz- adoptase la decisión y agradecieron el "apoyo" a Zapatero, que siguió al minuto las deliberaciones. Sabemos que a las reuniones preparatorias con los ministerios concernidos -Hacienda, Industria, Economía y Transición Ecológica- acudió extraña e innecesariamente Manuel de la Rocha, director de la Oficina Económica de La Moncloa, después, conferenciante de Análisis Relevante, la matriz pantalla de Zapatero.
Sabemos que la Sepi se desentendió del destino del dinero y del cumplimiento de los compromisos adquiridos por la aerolínea rescatada con fondos detraídos de la gestión de la pandemia. De hecho, el desvío de ese dinero abrió otra vía de investigación a la Justicia suiza y francesa, que rastreaba las cuentas del prestamista holandés Simon Verhoeven por blanqueo de capitales procedentes de Venezuela. O sea, que Plus Ultra no sólo es una aerolínea fantasma, sino que parece ser también una compañía pantalla o vehicular.
Sabemos que con el montante del rescate, Plus Ultra saldó una deuda con la petrolera estatal venezolana PDVSA, al servicio de la tiranía y fechorías de Maduro y Delcy Rodríguez; sabemos que una de las agendas de Julio Martínez recogía todo lo relacionado con Plus Ultra y "sus decisiones estratégicas", que incluían la negociación para la liberación de presos venezolanos y los contactos con el CNI para la coacción y expatriación del ganador de las elecciones en Venezuela, Edmundo González. Esas anotaciones recogían negocios relacionados con el petróleo y sus derivados, extracción de recursos naturales de Venezuela y compraventa de oro: "Bandes [Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela] debe estar disimulado". Presumimos que Zapatero contribuyó al saqueo de Venezuela.
Por todo lo que sabemos, Sánchez protege a Zapatero, su mediador con Puigdemont. Así que Sánchez y su claque pretenden ladear la cuestión hacia las joyas, asunto couché cuya responsabilidad no recae sobre La Moncloa. Zapatero aseguró que las joyas "estaban ahí", en su caja fuerte. Indiciariamente, Plus Ultra no estaba ahí, Zapatero la situó en el Consejo de Ministros. Sánchez gana tiempo con las joyas mientras expone a Zapatero y medita sobre su pringosa condición de lastre necesario.