Esa es la hipótesis del psicólogo clínico Javad Abbasi Jondani, de la Universidad de Isfahán (en Irán). En un artículo publicado en la revista Journal of Psychopathology and Clinical Science, el investigador identifica cinco señales de alerta que, aunque fueron planteadas pensando en usuarios vulnerables, también ofrecen una guía útil para cualquiera que busque reflexionar sobre el papel que la inteligencia artificial empieza a ocupar en su vida cotidiana.
I. Cuando el chatbot reemplaza al psicólogo
Uno de los principales riesgos que identifica el autor es el retraso en la búsqueda de ayuda profesional. La disponibilidad permanente, el bajo costo y el tono empático de los chatbots pueden hacer que muchas personas los perciban como una alternativa suficiente para abordar problemas emocionales. En personas con trastornos mentales o síntomas persistentes, esa sustitución podría prolongar el tiempo antes de recibir una evaluación clínica y favorecer la persistencia de los síntomas al retrasar una atención profesional oportuna.
ansiedad generalizada y el trastorno obsesivo-compulsivo. Este riesgo consiste en buscar de forma repetida la confirmación de que todo está bien para aliviar la incertidumbre o el malestar emocional. Los chatbots pueden convertirse en una fuente prácticamente inagotable de validación. Aunque ese alivio suele ser inmediato, también puede reforzar el hábito de volver a consultar cada vez que reaparece la duda, en lugar de romper el ciclo de ansiedad.III. Cuando la IA sustituye a otras personas
La interacción con un chatbot puede resultar especialmente atractiva para personas con ansiedad social, baja autoestima o sentimientos de soledad porque siempre está disponible, no juzga y permite al usuario controlar la conversación. El texto plantea que, cuando estas interacciones comienzan a sustituir las relaciones humanas, pueden reforzar patrones de aislamiento social que ya forman parte de diversos trastornos psiquiátricos.
Las relaciones humanas implican negociar desacuerdos, tolerar el rechazo, interpretar emociones y afrontar conversaciones difíciles. Un chatbot, en cambio, ofrece una interacción predecible y controlable que puede resultar más cómoda, pero también menos desafiante para desarrollar esas capacidades.
IV. Cuando el chatbot valida tus ideas en lugar de cuestionarlas
El cuarto riesgo consiste en reforzar cogniciones y percepciones distorsionadas, un fenómeno que puede presentarse en trastornos psicóticos, delirantes o en otros cuadros con alteraciones del juicio de realidad. El autor señala que muchos modelos de lenguaje están diseñados para mantener conversaciones fluidas y evitar contradecir de forma directa al usuario, una característica conocida como AI sycophancy, o complacencia de la IA.
En personas con este tipo de vulnerabilidades, esa complacencia podría interpretarse como una validación de ideas delirantes o creencias erróneas, en lugar de ofrecer un contraste con ellas. Aunque la evidencia todavía se basa principalmente en casos clínicos y reportes preliminares, el artículo sostiene que este es uno de los riesgos que más investigación requiere.
V. Cuando la inteligencia humana empieza a ser reemplazada por la artificial
El quinto mecanismo que describe el autor es la pérdida gradual de autonomía causada por una dependencia excesiva del chatbot para tomar decisiones, resolver problemas o regular emociones. El autor relaciona este fenómeno con la delegación de procesos cognitivos en una herramienta tecnológica. Aunque esta estrategia puede resultar útil en determinadas situaciones, un uso habitual podría disminuir la confianza en el propio criterio y favorecer formas de dependencia psicológica, especialmente en personas con dificultades para tolerar la incertidumbre o con rasgos de personalidad dependiente.
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