Las últimas declaraciones del CEO de Nvidia escenifican el cisma en la élite económica, que divide a los mayores patrimonios del mundo sobre los impuestos.
Jensen Huang, CEO de Nvidia y novena persona más rica del planeta, ha sacudido el tablero fiscal con su indiferencia ante la propuesta californiana de gravar las fortunas extremas. "No lo he pensado ni una sola vez", afirma. Mientras magnates como Larry Page o Peter Thiel inician maniobras de evasión, Huang asume el coste con pragmatismo. "Elegimos vivir en Silicon Valley, y los impuestos que quieran aplicar, que así sea. Estoy perfectamente bien con ello". Su declaración escenifica el cisma en la élite económica, dividiendo a los ultrarricos sobre los impuestos.
A favor de impuestos
- Warren Buffett. Sigue siendo el general moral de este ejército. El hasta ahora CEO de Berkshire Hathaway lleva más de una década esgrimiendo un dato: su tasa impositiva efectiva es menor que la de su secretaria. Argumenta que el sistema actual mima a los especuladores y castiga a los trabajadores. Su postura no es solo ética, sino económica. Cree que una sociedad donde la brecha entre ricos y pobres es abismal termina siendo inestable e insegura para los negocios a largo plazo.
- Bill Gates. E l cofundador de Microsoft sostiene que su fortuna es el resultado de un sistema que le permitió prosperar, y por tanto, devolver una parte sustancial es una obligación, no una opción. Aboga específicamente por elevar los impuestos sobre las ganancias de capital y el patrimonio heredado, argumentando que el dinero estancado en dinastías familiares es menos productivo que los fondos públicos destinados a salud y educación.
- Abigail Disney. La heredera del imperio del entretenimiento, se ha convertido en la voz más feroz contra la acumulación dinástica. Como miembro de los "patriotas millonarios", Disney viaja desde Davos hasta Washington desmantelando el mito de la meritocracia absoluta. Ella sostiene que los recortes de impuestos corporativos no "gotean" hacia abajo, sino que se quedan en bonificaciones ejecutivas, y exige un impuesto agresivo a la riqueza para restaurar la clase media que, según ella, hizo posible el éxito de su familia.
- Marlene Engelhorn. La joven heredera austriaca de Basf ha llevado el activismo un paso más allá con la iniciativa Tax Me Now. Al rechazar el 90% de su herencia, denuncia que heredar una fortuna es heredar poder político sin haber sido elegido democráticamente. Su argumento es estructural. La filantropía es un capricho de los ricos, mientras que los impuestos son la garantía de derechos democráticos. Para ella, que el Estado no grave su fortuna es un fallo del sistema, no un alivio.
En contra de los impuestos
- Elon Musk. El hombre más rico del mundo, lidera la ofensiva. Musk cree que él es un mejor asignador de capital que cualquier Gobierno. Su argumento es que el Estado es, por definición, un mal administrador de recursos. Para el CEO de Tesla y SpaceX, un impuesto a la riqueza -especialmente sobre ganancias no realizadas- obligaría a los fundadores a vender sus propias empresas, perdiendo el control de sus visiones y frenando el progreso tecnológico que, según él, beneficia a la humanidad más que cualquier programa social estatal.
- Ken Griffin. El traslado del fundador de Citadel de Chicago a Miami fue una declaración de guerra contra los impuestos altos. Griffin argumenta que los gravámenes excesivos a los ricos no reducen la pobreza, sino que expulsan talento e inversión hacia jurisdicciones más amigables. Para él, los Estados deben competir por los ciudadanos ricos ofreciendo seguridad y bajos impuestos, no tratándolos como una alcancía sin fondo.
- Leon Cooperman. Son famosos sus enfrentamientos públicos con senadores progresistas. Defiende que la riqueza se crea a través del esfuerzo y el riesgo, y que penalizar el éxito con impuestos al patrimonio destruye el incentivo básico del sueño americano.
- Peter Thiel. El cofundador de PayPal ve los altos impuestos como una forma de violencia estatal y usa mecanismos legales para reducir su factura fiscal. Cree que la innovación tecnológica es la única vía real de progreso y que el gobierno suele ser un obstáculo. Financia activamente a políticos que prometen desmantelar el estado administrativo.