José Mourinho, en el entrenamiento del Benfica en el Santiago Bernabéu este martes EFE
Fútbol A la caza de Mourinho: en su regreso al Bernabéu, 4.651 días después, regateó a la prensa y no se dejó verEl técnico portugués, que pidió una cabina en la tribuna de prensa para ver el partido, no salió de las entrañas del estadio del Real Madrid.
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Jorge Pacheco Publicada 26 febrero 2026 08:50h Actualizada 26 febrero 2026 08:56h- Real Madrid
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José Mourinho volvió al Santiago Bernabéu este miércoles, pero nadie pudo verlo.
El entrenador del Benfica, sancionado tras su expulsión en la ida del playoff de Champions League en Da Luz, viajó con su equipo hasta el estadio que lo encumbró como técnico del Real Madrid y, sin embargo, ejecutó la jugada más propia de su repertorio: desaparecer cuando todos lo esperaban.
Más de treinta periodistas, seis trabajadores del club blanco entre protocolo y seguridad, y una cabina acondicionada con cátering quedaron huérfanos de protagonista. El portugués siguió la eliminación del Benfica (2-1) desde el autobús del equipo, aparcado en las entrañas del coliseo madridista.
Vinicius baila a gusto ante el Benfica y sin Prestianni para rescatar al Madrid de ArbeloaHabían pasado 4.651 días desde la última vez que Mourinho dirigió un partido en el Bernabéu. Fue el 1 de junio de 2013, en un intrascendente Real Madrid-Osasuna (4-2) de la jornada 38 de Liga que sirvió como despedida tumultuosa de tres temporadas al frente del conjunto blanco.
Aquel día, la grada se partió entre aplausos y silbidos. Ultra Sur -por entonces, aún con presencia en el estadio- le dedicaron una placa. Mourinho no salió del túnel de vestuarios hasta que sonó el pitido inicial, provocando un caos de fotógrafos que obligó al árbitro a detener el juego.
José Mourinho, con su cuerpo técnico, en el entrenamiento del Benfica en el Bernabéu EFE
Trece años después, el reencuentro con el césped se produjo apenas un día antes del partido, cuando el técnico encabezó el entrenamiento del Benfica en el campo que fue su casa.
Caminó tranquilo, como si nadie lo observara, aunque decenas de cámaras registraban cada paso. Fue la única imagen real de Mourinho en el Bernabéu durante toda la estancia del conjunto lisboeta en Madrid. Un día después, la última vez que se le vio antes del partido fue subiéndose al bus en el hotel Intercontinental.
El truco del autobús
La UEFA le impedía sentarse en el banquillo, comunicarse con su cuerpo técnico durante el partido o acceder al vestuario. La normativa lo relegaba a espectador, pero le permitía seguir el encuentro desde un palco o una cabina habilitada.
El Real Madrid le preparó la cabina número 6 de la tribuna de prensa, la misma que utilizó Hansi Flick durante El Clásico de octubre cuando cumplió sanción. Dentro le aguardaban bocadillos de jamón, brochetas de fruta, ensaladas, frutos secos y botellas de agua.
Pero Mourinho nunca cruzó esa puerta. Mientras en la planta 8 del Bernabéu el nerviosismo crecía y los pasillos se convertían en una romería de móviles apuntando a la salida de un ascensor, el portugués se encontraba varios pisos más abajo, en el parking del estadio, sentado en el autobús del Benfica con una tablet como única ventana al partido.
Una treintena de reporteros, al encuentro de Mourinho en la tribuna de prensa del Bernabéu EE
"La sincronización ha sido perfecta", celebró después su asistente João Tralhão, sin develar más detalles sobre la ubicación de su jefe.
La operación despiste había empezado horas antes. Tralhão, designado para las ruedas de prensa previa y posterior, aseguró que desconocía dónde vería el encuentro su entrenador.
"No sé dónde estará. Hemos preparado el partido anticipando todos los escenarios. Mou es el líder, me gustaría que estuviera, pero no está", declaró el asistente, alimentando un misterio que formaba parte del plan. El Benfica había decidido días antes que Mourinho no comparecería ante los medios.
En el estadio, el speaker tampoco pronunció su nombre durante las alineaciones. Se anunció a Tralhão como responsable técnico visitante. No hubo, por tanto, ovación ni abucheo posible del público madridista. Mourinho se ahorró el plebiscito que tanto marcó su última noche de blanco.
Joao Tralhao, asistente de Mourinho en el Benfica, en la sala de prensa del Bernabéu EFE
El partido que se perdió de cerca
Mientras el técnico regateaba a la prensa, el césped deparó un inicio frenético. Rafa Silva adelantó al Benfica en el minuto 14, igualando la eliminatoria por momentos y desatando la inquietud en las gradas.
Apenas dos minutos después, Aurélien Tchouaméni restauró la ventaja del Real Madrid con un cabezazo que calmó las aguas. "No empezamos muy bien. Tenemos que ajustar cómo defendemos y entrar mejor en el partido", reconoció el pivote francés tras el encuentro.
El partido se mantuvo en un tenso 1-1 hasta que, en el minuto 80, Vinicius Jr. sentenció la clasificación madridista. Fede Valverde lanzó al brasileño en velocidad, y este definió con un disparo raso al palo largo para certificar el 2-1 que metía al Madrid en octavos de final.
Tremendo susto de Asencio en el partido contra el Benfica: tuvo que ser evacuado en camillaEl extremo acumuló dos de los tres goles blancos en la eliminatoria, pese a la pitada de los cuatro mil aficionados lisboetas que lo recibieron al ser anunciado por megafonía.
Sin Mbappé
La noche tuvo otra ausencia notable: Kylian Mbappé se cayó a última hora de la convocatoria por las molestias persistentes en su rodilla izquierda. "Es necesario que pare. No está a gusto ni cómodo. Esperemos que no se alargue mucho", comentó Álvaro Arbeloa, el técnico que dirige ahora al Real Madrid y que fue uno de los más fieles aliados de Mourinho durante su etapa en el club.
El reencuentro entre ambos, tan esperado tras el afecto que se demostraron en Lisboa durante la ida, quedó en el aire. Arbeloa confesó que tampoco él había visto a Mourinho en el estadio.
El portugués solo volvió a ser captado por las cámaras cuando el autobús del Benfica regresó al hotel de concentración. Bajó en silencio, sin declaraciones, sin gestos.
El hombre que inventó aquello de "si hablo, estoy en problemas" eligió esta vez no hablar, no aparecer y, aun así, convertirse en el gran tema de la noche. Porque Mourinho, incluso cuando se esconde, ocupa todo el espacio.