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A ver si con buenas novelas y series…

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Contar los asesinatos machistas, aprovechar fechas señaladas para lanzar campañas de concienciación en la calle y en los colegios… parece no funcionar; quizás lo haga construir buenas historias de ficción
A ver si con buenas novelas y series…

Contar los asesinatos machistas, aprovechar fechas señaladas para lanzar campañas de concienciación en la calle y en los colegios… parece no funcionar; quizás lo haga construir buenas historias de ficción

Regala esta noticia Añádenos en Google Fotograma de 'El caso de Laura Stern'. (Filmin)

Cristina Vallejo

04/07/2026 a las 23:38h.

Cristina, de 35 años, es la tercera víctima mortal de la violencia de género en la provincia este año. Según ha trascendido, su pareja sentimental ... confesó el asesinato ante las autoridades, tras lo que condujo a los agentes hasta el pozo en el que había ocultado su cuerpo en las inmediaciones de Rincón de la Victoria. La mujer llevaba desaparecida desde marzo. Deja una hija huérfana. En enero, un hombre acudió al centro penitenciario de Alhaurín de la Torre para pedir que lo detuvieran: confesó que había matado a Victoria, la madre de sus hijos, en Alhaurín el Grande. La chica tenía 33 años y sus tres criaturas vieron cómo la mataban. Otra Victoria fue asesinada en mayo, tenía 51 años y murió tiroteada en Palma-Palmilla.

La repetición de estas cifras, en la que necesariamente se incurre con cada crimen para contextualizarlo, para informar de que no es un caso aislado, se ha convertido en un mantra que ya no dice nada

La repetición de estas cifras, en la que necesariamente se incurre con cada crimen para contextualizarlo, para informar de que no es un caso aislado, sino otra perla de un collar inmenso, se ha convertido en un mantra que ya no dice nada. El relato de cada asesinato parece que ha dejado de ser algo que funcione para concienciar. Y éstos son dramas que se superponen a la tragedia que implica la pérdida de vidas, que es la punta del iceberg más triste y sangrienta del machismo, de una sociedad patriarcal en la que el poder sigue siendo predominantemente masculino y que está sometida a una amenaza cada vez más real de regreso a los valores tradicionales, conservadores y opresivos para las mujeres.

El camino hacia el progreso no es una ley de la naturaleza. La emancipación no tiene por qué ser el desenlace feliz e indefectible de la historia de la humanidad. Que se permanezca impasible ante los crímenes machistas es la prueba de que el proceso hacia la verdadera libertad de las mujeres se ha detenido y hay que volver a ponerlo en marcha.

Informar no funciona. La labor de concienciación que siempre existe alrededor de las fechas clave para el feminismo, como el 8 de marzo o el 25 de noviembre, tampoco es eficaz. La educación, en un ambiente polarizado (asimétricamente polarizado) y con el progresismo bajo sospecha por el creciente poder tradicionalista, es un terreno en el que parece que sólo los más valientes y los más hábiles pueden obtener buenos resultados. Aunque bajar los brazos no es algo que nos podamos permitir.

Que se permanezca impasible ante los crímenes machistas es la prueba de que el proceso hacia la verdadera libertad de las mujeres se ha detenido

Obras de los creadores

El único destello de luz en este desolado paisaje lo representa quizás la cultura. Y un ejemplo de impacto por la sabiduría y la lucidez que supura se encuentra en la serie 'El caso de Laura Stern' (Filmin). No se desvelará aquí la trama, pero sí algunas cuestiones que refleja y que ahora mismo constituyen el núcleo del problema: presenta la violencia de género como una epidemia que se manifiesta en todas las edades y clases sociales (desde una refinada y joven familia británica de profesores universitarios hasta inmigrantes de clase trabajadora entrados en años y con severas apreturas económicas); y como un mal que se expresa de todos los modos posibles (un asesinato a bocajarro, violaciones de menores en el seno de la familia, maltrato psicológico para minar la autoestima y la seguridad propias…). Pero la historia, compuesta de cuatro punzantes capítulos de cerca de una hora de duración, ideal para sobrellevar una tarde de calor, también muestra que para gestionar el problema, para ayudar a las víctimas, no basta con tener buena voluntad, sino que requiere formación, preparación, profesionalidad y también que los cuerpos policiales y la justicia hagan bien su trabajo, porque la protagonista cae en la tentación de emprender por su cuenta la guerra contra los feminicidios. Y aunque esto último no haya que imitarlo, sí, quizás, lo de convertir ciertos espacios, como las farmacias, en lugares donde las mujeres puedan buscar refugio, compañía, consuelo, ayuda y asesoramiento. Los pequeños negocios, los barrios, los lugares donde se hace vida cotidiana tienen que ser sitios donde cuidarnos unos a otros, unas a otras.

Hay mucho trabajo por hacer. La ficción construida con inteligencia es más expresiva y reveladora a veces que la pura y dura realidad. Si 'El caso de Laura Stern' muestra la transversalidad y la omnipresencia de la violencia contra las mujeres, la novela de Sara Barquinero 'La chica más lista que conozco' ficciona el ambiente del elevado mundo de la Academia, de una facultad de Filosofía, para enseñar que incluso ahí, incluso entre gente muy leída sobre los asuntos más fieramente humanos, se incurre en relaciones afectivas atravesadas por desequilibrios, luchas y abusos de poder. Que se lo digan a Juan Carlos Monedero. No se puede bajar la guardia en ninguna parte.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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