Jueves, 21 de mayo de 2026 Jue 21/05/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Ciencia

Al fin sabemos por qué el T. rex tenía los brazos tan cortos

Al fin sabemos por qué el T. rex tenía los brazos tan cortos
Artículo Completo 578 palabras
Un nuevo estudio filogenético sugiere que la reducción de las extremidades en grandes terópodos, incluido el Tyrannosaurus rex, fue resultado de cambios en las estrategias de caza.
Sandro IannacconeMedio Ambiente20 de mayo de 2026T. rex para comprender el misterio nos hace perder de vista el panorama general: la reducción de los "brazos", en lugar de una anomalía aislada, fue de hecho una tendencia evolutiva sistemática que se manifestó repetidamente, de forma independiente, en diferentes grupos de dinosaurios carnívoros. Hoy, una investigación publicada en la revistaProceedings of the National Academy of Sciences por un grupo de científicos del University College London y la Universidad de Cambridge ayuda a esclarecer finalmente este misterio, ilustrando los mecanismos biológicos y ecológicos que subyacen a esta aparente paradoja anatómica.

Qué dice el estudio

Para comprender la dinámica subyacente del acortamiento de las extremidades, el equipo de investigadores, dirigido por el paleontólogo Charlie Roger Scherer, recopiló datos anatómicos de 85 especies de terópodos no avianos. Calculando la relación entre la longitud del cráneo y la de las extremidades anteriores, la llamada relación cabeza-extremidad (SFR), los investigadores determinaron que un valor superior a 1 indica extremidades reducidas, mientras que a partir de 1.2 se puede hablar de extremidades propiamente vestigiales. La comunidad científica había identificado con certeza esta condición en cuatro linajes evolutivos; sin embargo, el nuevo modelo filogenético muestra que la reducción aparece en al menos cinco linajes de terópodos carnívoros: Abelisauridae, Carchadodontosauridae, Ceratosauridae, Megalosaurinae y Tyrannosauridae. Es un ejemplo clásico de la llamada "evolución convergente", el mecanismo por el que presiones selectivas similares llevan a especies diferentes y distantes a desarrollar rasgos similares.

Para cuantificar las características de los cráneos, los investigadores introdujeron una escala de medición denominada Cranial Robusticity Score (CRS), un índice de 3 a 50 que combina la relación entre la altura y la longitud del cráneo, la morfología de los dientes, la fuerza estimada de la mordida y el grado de fusión ósea. Al cruzar los datos, los investigadores observaron que los cráneos más robustos pierden "movilidad" en favor de la fusión ósea total, ideal para soportar tensiones mecánicas extremas, y que existe una fuerte correlación estadística entre la "robustez" craneal y la reducción de extremidades.

Finalmente, los alvarezsáuridos representan un caso especial: a pesar de tener brazos muy cortos, no se ajustan a los parámetros generales del estudio debido a sus cráneos inusualmente pequeños y a una miniaturización evolutiva vinculada a una dieta insectívora especializada en la excavación.

estudios paleontológicos, el recién publicado tiene limitaciones, principalmente relacionadas con la naturaleza fragmentaria de los fósiles. Los propios autores destacan que, de las 85 especies consideradas, solo fue posible calcular la relación SFR para 61, debido a la falta de esqueletos completos. Para superar este obstáculo, los investigadores utilizaron un algoritmo que "reconstruyó" los datos faltantes a través de un modelo probabilístico. Aunque las pruebas confirmaron la robustez de esta inferencia, este proceso de introducción de datos estimados matemáticamente aún debe tenerse en cuenta.

Además, las trayectorias evolutivas son muy variables: en los tiranosáuridos, la reducción de las extremidades anteriores ocurrió sincrónicamente en todos los elementos de la extremidad, mientras que en otras especies el acortamiento siguió un patrón diferente, afectando primero a la "mano" o "antebrazo" y solo después al húmero.

Artículo originalmente publicado enWIRED Italia.Adaptado por Alondra Flores.

Fuente original: Leer en Wired - Ciencia
Compartir