De acuerdo con los autores, esto ocurre porque la tarea exige la participación coordinada de varias regiones cerebrales relacionadas con la audición, la memoria, la conversión de sonidos en lenguaje escrito y la ejecución motora necesaria para escribir físicamente.
“Escribir no es solo una actividad motora, es una ventana al cerebro. Las tareas que implican mayores exigencias cognitivas demostraron que el deterioro cognitivo se refleja en la eficiencia y coherencia con la que se organizan los movimientos de la escritura a mano a lo largo del tiempo”, explicó Ana Rita Matias, kinesióloga de la Universidad de Évora.
Los autores reconocen varias limitaciones en su trabajo. La muestra analizada es reducida y no incluye un seguimiento prolongado que permita observar cómo evoluciona la capacidad de escritura conforme avanza el deterioro cognitivo y el envejecimiento. Además, el estudio no consideró factores como el uso de medicamentos, que podrían influir en el desempeño de los participantes.
A pesar de ello, los especialistas sostienen que “estos hallazgos respaldan el uso de tareas de escritura digitalizadas —en particular, paradigmas de dictado— como herramientas ecológicamente válidas y de bajo coste para la detección y el seguimiento del deterioro cognitivo en adultos mayores”, según el estudio publicado en Frontiers in Human Neuroscience.