La aparición del fantasma de Paco Salazar mete el miedo en el cuerpo a Pilar Alegría y al PSOE en el punto final de las elecciones de Aragón. Si las estimaciones de los sondeos ya infundían pánico por el esperado desplome en votos y escaños de la candidata socialista, el regreso a la primera plana de su polémico almuerzo con el ex asesor del presidente del Gobierno oscurece el último acelerón de su campaña. Por la necesidad de tener que dar de nuevo explicaciones sobre aquella comida, que se produjo en noviembre, cuatro meses después de que Salazar dimitiera de sus cargos en La Moncloa y Ferraz por las denuncias de acoso sexual hechas por trabajadoras y militantes socialistas.
Aquella imagen de compadreo con una persona denunciada por acoso sexual en un almuerzo siendo, como era entonces, portavoz del Gobierno y que poco tiempo después se descubriera que Ferraz había tratado de cerrar en falso las denuncias de esas mujeres, algo que no se pudo hacer por el enorme escándalo que se armó, marcaron la percepción pública de aquella comida y dejaron tocada la imagen de Alegría por el golpe al discurso feminista.
La primera vez que tuvo que dar explicaciones, tras ser cazada por Artículo 14, Alegría dijo que aquel encuentro se circunscribía «única y exclusivamente al ámbito personal» y que era entre dos personas que se conocían desde hace «muchos años» y que llevaban tiempo sin verse. Este relato cambió radicalmente cuando la presión social de las feministas fue asfixiante sobre el PSOE para que investigara las denuncias y no diera carpetazo el caso. La entonces ministra empezó a hablar de sentir «dolor, indignación y traición» por Salazar. «Él me llamó y yo acudí, no se tenía que haber producido y fue un error», dijo en pleno revuelo.
El PP se había guardado esta bala para el final de campaña y ayer la disparó en el Senado. Sentó en la comisión de investigación al ex asesor presidencial para preguntarle, entre otras cosas, por ese almuerzo con la ex ministra. Y eso ha provocado que la candidata socialista se vea de nuevo asediada por el episodio en un momento decisivo de su campaña.
Alegría reiteró ayer que aquel almuerzo fue un «error» y trató de escapar de la polémica victimizándose: «Quieren deshumanizarme».
La candidata del PSOE presentó al PP como culpable de esta polémica y dijo que está en una estrategia de «utilización» de esto como arma contra ella con el fin de señalarla y atacarla. «Quieren señalarme, deshumanizarme y atacarme. Si algo ha dejado claro Azcón es que le vale todo para ganar», afirmó ayer en una entrevista en la Cadena Ser.
La victimización es el nuevo giro que ha tomado Alegría en su defensa. Sin embargo, Salazar la dejó aún más comprometida porque aseguró que la entonces ministra no le reprochó en ningún momento su actitud hacia las mujeres.Y eso que ya se conocían las denuncias.
Esto enreda la situación de la candidata en pleno esfuerzo por combatir el relato de que el PSOE se asoma a su peor resultado electoral en Aragón. La última encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO apunta a 17-19 escaños y un 24,6% del voto. Se viene de un 29,6% y 23 escaños.
Alegría ha buscado una campaña de «cercanía» y «proximidad» y se ha alejado de los temas nacionales aislándose de los ministros y evitando hacer campaña con ellos. Tampoco ha querido a Zapatero, que por primera vez en cuatro años no participa en los actos electorales.
Era inevitable hacerlo con Pedro Sánchez. Fue su portavoz, su titular de Educación y es la primera de la tanda de ministros que probará suerte como candidata. Hoy cierran juntos campaña en Zaragoza en busca de un último empujón de votos. El domingo espera su examen más duro.