La joven rinconera de 25 años se baña con leones marinos y visita el Oceanogràfic en Valencia: «Hacía tiempo que no la veía tan feliz, ojalá quiera seguir con nosotros», dice su madre
Regala esta noticia Añádenos en Google La joven rinconera Alida Azabal, con un león marino en el recinto Río Safari de Elche, en Valencia. (SUR) 17/07/2026 a las 01:13h.Hay historias que no se cuentan solo con datos, sino con latidos. La de Alida Azabal, la joven rinconera de 25 años con la eutanasia concedida y aplazada ... , avanza estos días por esa frontera delicada entre el dolor y la alegría, entre la despedida que se intuye y la vida que todavía insiste en abrirse paso. Desde el pasado 7 de julio, apenas un día después de recibir su último tratamiento en el Hospital Civil, viaja con su madre, Virginia Martín, para cumplir dos sueños que para otras personas serían casi un plan cualquiera y que para ella tienen el peso de una victoria.
Alida Azabal vive en Valencia y Elche unos días de felicidad antes de decidir si activa la eutanasia concedida el pasado noviembre
El segundo sueño les ha llevado hasta Valencia, donde Alida ha querido conocer el Oceanogràfic antes de decidir si activa la eutanasia que le fue concedida el pasado noviembre. No es un viaje cualquiera ni una escapada improvisada: es una pausa larga, tejida con cuidados, con ayudas, con silla de ruedas, con cansancio acumulado y con la convicción de que cada día ganado cuenta como una pequeña conquista.
«Espero que quiera seguir cumpliendo sueños, aunque ella me dice que está muy cansada de hospitales, operaciones, ingresos, tratamientos, medicación, que no quiere seguir luchando», apostilla con la voz entrecortada. El apoyo de madre e hija en esta aventura están siendo sus ayudantes, voluntarios que han respondido a su llamamiento a través de las redes sociales y de SUR: Mariana Martín, Mar Díaz (en Río Safari), Antonio Castelo -«ha venido desde Galicia y nos va a llevar de vuelta a Málaga», dice Martín- y Javier Pizarro.
Una lista de más de 50 deseos
La historia de Alida se hizo pública hace apenas unos días en SUR, cuando este periódico contó que la joven de Rincón de la Victoria había pedido ayuda para cumplir varios de sus más de 50 deseos antes de morir, recopilados por su madre desde que era pequeña. Su madre explicó entonces que la eutanasia está aprobada, pero aplazada, porque la muchcha quiere seguir sumando experiencias mientras el cuerpo y la cabeza se lo permitan.
Desde entonces, la familia ha vivido una especie de corriente cálida de solidaridad que les ha permitido seguir el viaje con algo más de alivio. El cámping de Santa Pola, donde se han instalado unos días, ha sido posible gracias a la ayuda ciudadana, y el Oceanogràfic ha invitado a la visita, otro gesto que, en una travesía como ésta, vale casi tanto como el propio destino.
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Tres imágenes del viaje de Alida Azabal y su madre en el Oceanográfic de Valencia, donde han interaccionado con belugas y pelícanos.. (SUR)
Porque la enfermedad no da tregua. Alida padece una dolencia mitocondrial neurodegenerativa y el síndrome de Aicardi-Goutières, dos patologías sin cura que han ido minando su salud hasta dejarla en una situación de gran dependencia, con dolores constantes y una vida sometida a cuidados médicos permanentes.
«No queremos pensar en ello»
Su madre, que también sufre una grave enfermedad y se desplaza en silla de ruedas, ha asumido el papel de compañera, voz y sostén. «Ahora mismo, con la felicidad que tenemos, no queremos pensar en ello», dice la madre al referirse a la eutanasia, aunque reconoce que la decisión sigue ahí, marcada por el cansancio de una hija que está agotada de hospitales, operaciones, medicación y sufrimiento.
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Y sin embargo, en medio de todo, la vida sigue dejando pequeñas rendijas por las que entra la luz. El viaje a Valencia ha abierto una ventana de aire para Alida, que todavía quiere ver la ciudad, seguir disfrutando de estos días y quizás, más adelante, afrontar otros deseos que también forman parte de su lista íntima: la playa, la discoteca, encuentros con personas conocidas, o incluso la posibilidad de conocer al futbolista catalán Dani Olmo en otoño. «Ojalá sea como campeón del Mundo de fútbol», cuenta su madre aludiendo a la histórica final de este próximo domingo ante Argentina.
La historia de Alida mezcla enfermedad, solidaridad y una lista de deseos que se resiste a quedarse sin cumplir
La familia ha agradecido también el apoyo de voluntarios y personas que se han ofrecido a ayudarles en este camino, desde quienes han colaborado con el desplazamiento hasta quienes han acompañado la difusión de su historia. En torno a Alida se ha construido una red discreta pero firme, hecha de empatía, de mensajes y de una solidaridad que, en los días duros, se convierte en un salvavidas.
La crónica de estos días no es la de una despedida, sino la de una mujer joven que ha decidido aferrarse, mientras pueda, a todo aquello que todavía le hace sonreír. En Elche y en Valencia, entre leones marinos, delfines, belugas y pelícanos, interaccionando con ellos, Alida está viviendo algo más que un viaje: está apurando la vida con la dignidad tranquila de quien sabe que cada sueño cumplido también es una forma de resistir.
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