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Festival de Teatro de Málaga Amor (a) muerte: Teatro del abrazoEl Teatro Echegaray recibió ayer la propuesta de Luna Navajas y Ana Luna Moya, un canto a la amistad en tiempos de precariedad
Carlos Zamarriego
Viernes, 23 de enero 2026, 10:42
... políticas hasta el límite, y creo que algo más. Eran tiempos duros, el final del franquismo, la transición y el principio de la democracia, y eligió llevar a la pantalla a los que nadie quería ver, a los olvidados por todos.Tengo 42 años, y hace poco el que era joven era yo, en medio de las crisis, de los booms inmobiliarios, de las guerras preventivas. Era joven cuando se generalizó el uso de la expresión 'mileurista'. Y nunca pensé que veinte años después la juventud estaría aún peor. Seguimos escuchando los mismos problemas, que se van acumulando ya en diferentes generaciones, desde los millenial hasta los alfa, y nada cambia. Y coincido donde pone el foco Luna Navajas y Ana Luna Moya: ahora ya no sólo es un problema estructural, también es un problema de empatía. Ahora el que te sube el alquiler no sólo es el mercado, sino tu vecino, ese que también tiene un hijo que no podrá independizarse antes de los 30. El dinero ya ocupa todas nuestras conversaciones, y mientras tenemos a nuestros jóvenes, y no tan jóvenes, luchando por sacar la cabeza de entre la basura de los falsos autónomos, los pisos compartidos y los masters sin futuro.
'Amor (a) muerte' es un espectáculo de texto y performance con vocación de hacer sentir, de asaltar el patio de butacas con una realidad que toca a las propias creadoras
Concebida en la residencia artística del programa Ágora de la Junta de Andalucía, Las Lunas intentan desahogarse y mostrar todo ese desanimo acumulado en un viaje de recursos rápidos y efectistas, como un scroll interminable de TikTok. Y tiene sus momentos en lo artístico con ese símil de las bolsas de basura que acaban devorándolo todo: el trabajo, el sexo, la familia… Para Las Lunas todo es ya podredumbre menos la amistad. Por eso entiendo que también es una obra casi terapéutica en lo personal. Pero me faltó más chicha, más trasgresión, me faltó revolución. ¿De qué sirve tener un espacio donde poder sacar los colores si al final recibes un aplauso del que luego va a subirte el alquiler? Los momentos de escasa crítica política explícita fueron los que más me gustaron, con ese recurso de la voz de Ayuso contraponiendo al gobernante con el gobernado. Los jóvenes deben usar el teatro para enfadar al público, no sólo para conmoverlo. «Ha llegado el momento de perder los miedos, de perderlos para siempre», dice José Sacristán en la película 'El diputado'. Y para entender el paralelismo véanla en su contexto histórico.
Yo también pensaba que un abrazo era un acto revolucionario. Pero ahora creo que no es suficiente. Sin embargo, es un buen punto de partida para Las Lunas. Larga vida a los jóvenes que crean, que no tienen miedo a denunciar, a vivir a través del arte. Para eso está.
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