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"Aún no se sabía nada de la magnitud del drama..."

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Esther Ibáñez, golfista malagueña amateur, viajaba para un curso de formación en la Federación Española de Golf en el tren Iryo que chocó contra el Alvia el pasado domingo en Adamuz.<span class=""></span>
Golf"Venid a ayudar que aquí hay otro tren mucho más afectado"

Esther Ibáñez, golfista malagueña amateur, viajaba para un curso de formación en la Federación Española de Golf en el tren Iryo que chocó contra el Alvia el pasado domingo en Adamuz.

Uno de los vagones del Yrio que volcó en Adamuz
  • GERARDO RIQUELME
Actualizado 22/01/2026 - 19:45CETMostrar comentarios174

Esther Ibañez, golfista amateur marbellí de 44 años, viajaba el último domingo desde Málaga a Madrid, en el vagón 7 del Iryo, el tren que chocó contra el Alvia Madrid-Huelva a la altura de Adamuz, en el fatal accidente que costó la vida a 45 personas. "Iba a Madrid para hacer la formación del curso de técnico deportivo de la Federación Española de golf", recuerda a través de una conversación de teléfono. "De modo que cogí el  tren de las 6.40".

La andaluza, que ha decidido dar un giro a su vida y ha abandonado su trabajo en recursos humanos, además de dejar atrás su tarea de psicóloga y psicóloga deportiva para centrarse en el golf, viajaba en la segunda fila en dirección de la marcha del asiento que da al pasillo en la parte derecha del coche. 

"La verdad es que el viaje estaba siendo normal. Yo iba leyendo, pero, de pronto, se notó una vibración grande, como si una rueda se hubiese desencajado. Algo parecido a una turbulencia en un avión", explica. Entonces, de repente, el tren volcó. Su vagón, el 7, no sufrió el barquinazo del 8, pero sí se quedó medio tumbado.

El vagón 8, el más afectado del tren que se dirigía de Málaga a Madrid

"Salí impulsada desde mi asiento y acabé empotrada contra la ventana de la izquierda. Me vi a los pies de una chica, que estaba sentada en ese asiento y empezaron a caer las maletas. Tuve muchísima suerte porque algo, supongo que una maleta, se quedó encima de mi cabeza, yo me eche las manos encima y eso hizo de parapeto. Seguramente gracias a eso evité que tuviera algún corte porque saltó mucha microfibra o cristalitos. Cuando me pudo levantar tenía el pelo lleno de ellos".

Esther no puede precisar cuánto tiempo permaneció en el vagón tirada. "Diría que unos 15 minutos. De repente, nos empezamos a preguntar unos a otros si estábamos bien y la gente comenzó a reaccionar. Había una embarazada, entre otras personas. Empezaron a decir que había que romper las ventanas, pero alguno de los pasajeros que tomó la iniciativa pidió que antes de salir, iban a ver cómo estaba la situación fuera por si había algún terraplén o algo. Que iban a salir a chequearlo. Rompimos las ventanas y empezamos a salir la gente y desde fuera comenzó a ayudarse a gente que a lo mejor tenía una pierna atrapada, a ofrecer agua el que la tenía y esas cosas"

Para su fortuna, y a pesar del violento golpe, la golfista no soltó el móvil ni el bolso, lo que le permitió contactar con su marido rápidamente. "Lo primero que hice cuando estuve fuera fue llamarle y decirle que habíamos tenido un accidente y que estaba bien. No había mucha cobertura, pero eso fue suficiente para tranquilizarle a él y a mi familia. Aún no se sabía nada de la magnitud del drama.  De hecho en un principio se prestó a irme a buscar y acercarme hasta Madrid".

Esther Ibáñez, la golfista que viajaba en el Iryo

Los servicios de emergencia no tardaron apenas. "Diría que en menos de media hora se personaron ambulancia, personal sanitario, guardia civil, que nos atendieron antes de ir al vagón 8, que era el más afectado. Comenzaron a decirnos que nos moviesemos a la estación de Adamuz los que estábamos bien, que estaría como a 100 metros. Fue en ese momento, cuando yo, al menos, escuché por primera vez a un bombero gritar que todos los sanitarios que fueran hacia otro tren que estaba más atrás y que estaba mucho más afectado. Por la luz de la estación, quizás el nuestro se veía más y tuve la sensación de que nadie se había dado cuenta que había otro tren por delante por la manera de pedir la ayuda. De hecho, hablando con otro señor del vagón 6, me había dicho que habíamos chocado contra un muro y no que habíamos descarrilado".

Ibáñez fue caminando hacia la estación, donde el pueblo de Ademuz se volcó con todos los pasajeros. "Enseguida nos llevó un chico del pueblo a la caseta municipal que es donde nos fuimos refugiando. Desde luego que no era consciente de la tragedia que se había vivido. Yo me fui enterando de los muertos por las noticias". Las secuelas físicas para la golfista fue "un dolor cervical al día siguiente y un golpe en la rodilla, nada para lo que me podía haber pasado", confiesa consternada.

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Fuente original: Leer en Marca
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