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ARCOlisboa 2026 apuesta por la calma frente al espectáculo

ARCOlisboa 2026 apuesta por la calma frente al espectáculo
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Hay ferias de arte que aspiran a deslumbrar y otras que más bien optan por construir un ecosistema. ARCOlisboa pertenece claramente a esta segunda categoría, y quizá es precisamente ahí donde reside gran parte de su singularidad. Mientras el gran circuito internacional del arte contemporáneo parece cada vez más dominado por el gigantismo –ferias que parecen aeropuertos de lujo donde las obras pasan ante el visitante con la velocidad impersonal de una cinta transportadora–, Lisboa continúa reivindicando otra cadencia. Una escala más lenta. Más porosa. Más humana. Aspira –tal como comenta Maribel López, su directora– a consolidarse como uno de los pocos lugares europeos donde todavía es posible detenerse, mirar con cierta calma, y mantener una conversación inteligible entre artistas, galeristas, coleccionistas, profesionales y público.Noticia relacionada reportaje No No En portada ARCO'26, ¿en la 'Champions League' de las ferias mundiales? Paco BarragánImpulsada por Ifema Madrid y la Cámara Municipal de Lisboa, ARCOlisboa celebra hasta el 31 de mayo su novena edición en la ya emblemática sede de la Cordoaria Nacional, antiguo complejo industrial del siglo XVIII, situado junto al río Tajo, en la zona de Belém. Un espacio que otorga a la feria un sabor distinto. Su arquitectura longitudinal, su iluminación natural y su escala relativamente contenida producen una experiencia muy distinta a la de los grandes pabellones feriales contemporáneos. Una posibilidad de agradecerAquí todavía es posible recorrer la feria sin agotamiento físico extremo, detenerse ante una obra sin ser empujado por el flujo agotador de visitantes, y mantener conversaciones reales. Al menos, el el día destinado a los VIP. Ciertamente, en una época de hipertrofia visual, esa posibilidad sin duda se agradece. Posiblemente una de las virtudes más notables de ARCOlisboa sea su capacidad para seguir manteniendo un cierto espíritu de descubrimiento (y un IVA mucho más suculento que el de la casa madre en Madrid, 15 puntos más bajo desde esta edición). Frente a la lógica cada vez más especulativa de otras grandes citas internacionales -donde muchas obras parecen seleccionadas exclusivamente para tranquilizar inversiones millonarias-, Lisboa todavía deja margen para el riesgo moderado, para la experimentación y para artistas menos sometidos a las rígidas codificaciones del mercado global.En las imágenes, distintos momentos de esta edición, como el nuvo ámbito "Aechipiélago de Historias de Arte" Ifema / EFEEn términos puramente numéricos, la feria reúne este año un conjunto de 82 galerías procedentes de Portugal, España, el resto de Europa, América Latina, África y otras partes del mundo hasta un total de 16 países, con una presencia de más de 470 artistas y 190 coleccionistas y profesionales invitados. Pero más allá de las cifras, lo interesante es la manera en que la feria articula su identidad a través de tres grandes secciones: Programa General, Opening Lisboa y la nueva Archipiélago de Historias del Arte.El Programa General constituye el núcleo vertebrador de la feria y reúne a galerías portuguesas e internacionales de amplia trayectoria, seleccionadas por el comité organizador. Pintura, escultura, foto, instalación o nuevos medios conviven aquí con notable naturalidad. Resulta especialmente significativa la fuerte presencia de galerías portuguesas —alrededor de treinta— , algo que reafirma el papel central del ecosistema artístico local. Y no es un detalle menor: mientras muchas ferias internacionales terminan funcionando como franquicias itinerantes, desconectadas de la ciudad que las acoge, ARCOlisboa parece existir precisamente gracias a Lisboa, alimentándose de su escala, de su ritmo y de su identidad cultural. Entre las galerías lusas destacan nombres como Cristina Guerra Contemporary Art, Pedro Cera, Vera Cortês, Quadrado Azul, Francisco Fino, Fernando Santos o Nuno Centeno. A ellas se suma una sólida representación española —otra de las señas de identidad de la feria— con galerías como ADN, Alarcón Criado, Sabrina Amrani, Max Estrella, Ehrhardt Flórez, José de la Mano, Leandro Navarro, Fernando Pradilla o Rosa Santos, además de diversos espacios europeos y latinoamericanos, caso de Aninat Galería, SGR Galería y Each Modern.Por su parte, Opening Lisboa intenta consolidarse como una de las zonas más estimulantes del recorrido. Dieciséis galerías jóvenes han sido invitadas a presentar proyectos menos previsibles, más abiertos a la experimentación y a las prácticas emergentes. Sus comisarios, Sofía Lanusse y Diogo Pinto, definen esta edición como un «campo de señales: materiales que piensan, cuerpos que traducen y geografías que oscilan entre la aparición y la disolución». Más allá de la inevitable densidad teórica de ciertas formulaciones curatoriales, es verdad que en esta sección suelen aparecer obras, propuestas y creadores con voces interesantes. Sin embargo, pienso que, diez años después, no acaban de cumplirse totalmente estos objetivos en busca de procesos y planteamientos más frescos y arriesgados. En mi opinión, esta sección adolece de una plausible desigualdad en cuanto a sus resultados, aunque bien es cierto que hay galerías, como Heliconia Projects, Moos Fine Art, Vangar, Dialogue o Helena Rodrigues que sí que cumplen con esas expectativas.Especial interés despierta la incorporación de Archipiélago de Historias del Arte, nueva sección dirigida por el comisario rumano Cosmin Costinas. Su propuesta introduce una reflexión particularmente sugerente sobre las genealogías culturales y las formas heredadas del conocimiento contemporáneo. Textiles, cerámicas, prácticas rituales y otros lenguajes tradicionalmente relegados al ámbito artesanal dialogan aquí con sensibilidades contemporáneas, recordándonos que toda creación artística forma parte de un mismo flujo continuo donde pasado y presente se contaminan mutuamente. En una época dominada por el consumo instantáneo de imágenes, esta invitación a volver a pensar la Historia posee algo de resistencia cultural. Y probablemente constituya uno de los aspectos más lúcidos y una de las sorpresas más felices de toda esta edición.arte_abc_0724Como sucede en las grandes citas internacionales, la feria se completa con un amplio programa de actividades paralelas: debates, conversaciones y encuentros sobre coleccionismo, mecenazgo, mercado del arte y prácticas curatoriales contemporáneas. El ciclo Millennium Art Talks tiene lugar en el Torreão Nascente, mientras que ArtsLibris vuelve a reunir a sesenta editoriales nacionales e internacionales especializadas en publicaciones y revistas de arte contemporáneo.ARCOlisboa 2026 IX edición Lugar: Cordoaria Nacional (Lisboa) Dirección: Avenida de la India, 1300 Directira: Maribel López Clausura: Hasta el 31 de mayo Valoración: ***En definitiva, ARCOlisboa parece haber entendido algo que otras ferias quizá han olvidado hace tiempo: que el arte no necesita necesariamente crecer sin límite para seguir siendo relevante. A veces basta con conservar el contexto adecuado para que las obras respiren, las ideas circulen y las ventas sucedan...

Hay ferias de arte que aspiran a deslumbrar y otras que más bien optan por construir un ecosistema. ARCOlisboa pertenece claramente a esta segunda categoría, y quizá es precisamente ahí donde reside gran parte de su singularidad.

Mientras el gran circuito internacional del arte ... contemporáneo parece cada vez más dominado por el gigantismo –ferias que parecen aeropuertos de lujo donde las obras pasan ante el visitante con la velocidad impersonal de una cinta transportadora–, Lisboa continúa reivindicando otra cadencia. Una escala más lenta.

Más porosa. Más humana. Aspira –tal como comenta Maribel López, su directora– a consolidarse como uno de los pocos lugares europeos donde todavía es posible detenerse, mirar con cierta calma, y mantener una conversación inteligible entre artistas, galeristas, coleccionistas, profesionales y público.

ARCO'26, ¿en la 'Champions League' de las ferias mundiales?

Impulsada por Ifema Madrid y la Cámara Municipal de Lisboa, ARCOlisboa celebra hasta el 31 de mayo su novena edición en la ya emblemática sede de la Cordoaria Nacional, antiguo complejo industrial del siglo XVIII, situado junto al río Tajo, en la zona de Belém. Un espacio que otorga a la feria un sabor distinto. Su arquitectura longitudinal, su iluminación natural y su escala relativamente contenida producen una experiencia muy distinta a la de los grandes pabellones feriales contemporáneos.

Aquí todavía es posible recorrer la feria sin agotamiento físico extremo, detenerse ante una obra sin ser empujado por el flujo agotador de visitantes, y mantener conversaciones reales. Al menos, el el día destinado a los VIP. Ciertamente, en una época de hipertrofia visual, esa posibilidad sin duda se agradece.

Posiblemente una de las virtudes más notables de ARCOlisboa sea su capacidad para seguir manteniendo un cierto espíritu de descubrimiento (y un IVA mucho más suculento que el de la casa madre en Madrid, 15 puntos más bajo desde esta edición). Frente a la lógica cada vez más especulativa de otras grandes citas internacionales -donde muchas obras parecen seleccionadas exclusivamente para tranquilizar inversiones millonarias-, Lisboa todavía deja margen para el riesgo moderado, para la experimentación y para artistas menos sometidos a las rígidas codificaciones del mercado global.

En términos puramente numéricos, la feria reúne este año un conjunto de 82 galerías procedentes de Portugal, España, el resto de Europa, América Latina, África y otras partes del mundo hasta un total de 16 países, con una presencia de más de 470 artistas y 190 coleccionistas y profesionales invitados. Pero más allá de las cifras, lo interesante es la manera en que la feria articula su identidad a través de tres grandes secciones: Programa General, Opening Lisboa y la nueva Archipiélago de Historias del Arte.

El Programa General constituye el núcleo vertebrador de la feria y reúne a galerías portuguesas e internacionales de amplia trayectoria, seleccionadas por el comité organizador. Pintura, escultura, foto, instalación o nuevos medios conviven aquí con notable naturalidad. Resulta especialmente significativa la fuerte presencia de galerías portuguesas —alrededor de treinta—, algo que reafirma el papel central del ecosistema artístico local. Y no es un detalle menor: mientras muchas ferias internacionales terminan funcionando como franquicias itinerantes, desconectadas de la ciudad que las acoge, ARCOlisboa parece existir precisamente gracias a Lisboa, alimentándose de su escala, de su ritmo y de su identidad cultural.

Entre las galerías lusas destacan nombres como Cristina Guerra Contemporary Art, Pedro Cera, Vera Cortês, Quadrado Azul, Francisco Fino, Fernando Santos o Nuno Centeno. A ellas se suma una sólida representación española —otra de las señas de identidad de la feria— con galerías como ADN, Alarcón Criado, Sabrina Amrani, Max Estrella, Ehrhardt Flórez, José de la Mano, Leandro Navarro, Fernando Pradilla o Rosa Santos, además de diversos espacios europeos y latinoamericanos, caso de Aninat Galería, SGR Galería y Each Modern.

Por su parte, Opening Lisboa intenta consolidarse como una de las zonas más estimulantes del recorrido. Dieciséis galerías jóvenes han sido invitadas a presentar proyectos menos previsibles, más abiertos a la experimentación y a las prácticas emergentes. Sus comisarios, Sofía Lanusse y Diogo Pinto, definen esta edición como un «campo de señales: materiales que piensan, cuerpos que traducen y geografías que oscilan entre la aparición y la disolución».

Más allá de la inevitable densidad teórica de ciertas formulaciones curatoriales, es verdad que en esta sección suelen aparecer obras, propuestas y creadores con voces interesantes. Sin embargo, pienso que, diez años después, no acaban de cumplirse totalmente estos objetivos en busca de procesos y planteamientos más frescos y arriesgados. En mi opinión, esta sección adolece de una plausible desigualdad en cuanto a sus resultados, aunque bien es cierto que hay galerías, como Heliconia Projects, Moos Fine Art, Vangar, Dialogue o Helena Rodrigues que sí que cumplen con esas expectativas.

Especial interés despierta la incorporación de Archipiélago de Historias del Arte, nueva sección dirigida por el comisario rumano Cosmin Costinas. Su propuesta introduce una reflexión particularmente sugerente sobre las genealogías culturales y las formas heredadas del conocimiento contemporáneo. Textiles, cerámicas, prácticas rituales y otros lenguajes tradicionalmente relegados al ámbito artesanal dialogan aquí con sensibilidades contemporáneas, recordándonos que toda creación artística forma parte de un mismo flujo continuo donde pasado y presente se contaminan mutuamente.

En una época dominada por el consumo instantáneo de imágenes, esta invitación a volver a pensar la Historia posee algo de resistencia cultural. Y probablemente constituya uno de los aspectos más lúcidos y una de las sorpresas más felices de toda esta edición.

Como sucede en las grandes citas internacionales, la feria se completa con un amplio programa de actividades paralelas: debates, conversaciones y encuentros sobre coleccionismo, mecenazgo, mercado del arte y prácticas curatoriales contemporáneas. El ciclo Millennium Art Talks tiene lugar en el Torreão Nascente, mientras que ArtsLibris vuelve a reunir a sesenta editoriales nacionales e internacionales especializadas en publicaciones y revistas de arte contemporáneo.

En definitiva, ARCOlisboa parece haber entendido algo que otras ferias quizá han olvidado hace tiempo: que el arte no necesita necesariamente crecer sin límite para seguir siendo relevante. A veces basta con conservar el contexto adecuado para que las obras respiren, las ideas circulen y las ventas sucedan...

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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