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Arte programático

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Artículo Completo 607 palabras
Cuando empecé a leer a los clásicos en las ediciones comentadas de Cátedra , enseguida procuré dejarme los prólogos para el final. Aunque no pretendieran agotar las interpretaciones de las obras, me las explicaban demasiado, por no hablar de los espóileres que contenían. Es muy difícil no dirigir la lectura, incluso cuando solo se contextualiza. El simple hecho de situar una obra en una época, movimiento y etcétera ya nos hace acercarnos de una manera u otra a ella, porque todo conocimiento es condicionamiento . Tampoco es que los lectores seamos una tabula rasa: cargamos con herencias culturales y está bien que así sea. Si no, no haríamos el esfuerzo de sumergirnos en libros de épocas distintas, con otros lenguajes o sobre temáticas aparentemente ajenas a nuestras vidas.Sin embargo, lo mejor que le puede pasar a cualquier lector es olvidarse de toda guía de lectura y zambullirse en la vida del texto , que siempre ha sido intraducible e inexplicable, y no porque la obra sea difícil o críptica, sino porque lo que dice es inseparable del lenguaje que usa. En las artes plásticas esto se ve mejor: una cosa es contemplar un cuadro, dejarse llevar por su lenguaje de forma y color, y otra encasquetarse una audioguía , donde la experiencia del arte se transforma en algo que ya no es arte, sino en otra cosa parecida a la Wikipedia.Los occidentales le hemos arrebatado a la experiencia estética el misterio Los occidentales le hemos arrebatado a la experiencia estética la incertidumbre y el misterio para reducirla a la mera conceptualización, a lo intelectual, que incluso cuando es inteligente e iluminador se queda cojo, pues a menudo acaba siendo reduccionista en su afán clasificatorio. Peor aún: ahora el arte no solo ha de vivenciarse siempre de esta manera, sin saltarnos los paneles didácticos; también ha de estar posicionado política o moralmente de forma literal , monótona, empobrecedora de su potencia significativa, como si llevara una banderita colgando. Así viví la exposición de la artista polaca Ewa Juszkiewicz que puede verse hasta el 6 de septiembre en el Thyssen , donde se reinterpreta el retrato femenino para criticar el opresor canon de belleza. Muy bien, pensé, ¿y quién no está de acuerdo con eso? Pero ese es el problema: obras ceñidas a una directriz. El misterio, la fuerza de esas mujeres sin rostro de Juszkiewicz, destruido por una intención política que ya no molesta a nadie. Podría ser una exposición ordenada por una ministra . El arte siempre ha sido político. Suponer que no hay posicionamiento en una novela o una película es tan tonto como empeñarse en que éste se vea. El problema es que lo político ha dejado de ser incómodo de verdad, es decir, crítico con el poder.

Cuando empecé a leer a los clásicos en las ediciones comentadas de Cátedra, enseguida procuré dejarme los prólogos para el final. Aunque no pretendieran agotar las interpretaciones de las obras, me las explicaban demasiado, por no hablar de los espóileres que ... contenían.

Es muy difícil no dirigir la lectura, incluso cuando solo se contextualiza. El simple hecho de situar una obra en una época, movimiento y etcétera ya nos hace acercarnos de una manera u otra a ella, porque todo conocimiento es condicionamiento.

Tampoco es que los lectores seamos una tabula rasa: cargamos con herencias culturales y está bien que así sea. Si no, no haríamos el esfuerzo de sumergirnos en libros de épocas distintas, con otros lenguajes o sobre temáticas aparentemente ajenas a nuestras vidas.

Sin embargo, lo mejor que le puede pasar a cualquier lector es olvidarse de toda guía de lectura y zambullirse en la vida del texto, que siempre ha sido intraducible e inexplicable, y no porque la obra sea difícil o críptica, sino porque lo que dice es inseparable del lenguaje que usa.

En las artes plásticas esto se ve mejor: una cosa es contemplar un cuadro, dejarse llevar por su lenguaje de forma y color, y otra encasquetarse una audioguía, donde la experiencia del arte se transforma en algo que ya no es arte, sino en otra cosa parecida a la Wikipedia.

Los occidentales le hemos arrebatado a la experiencia estética el misterio

Los occidentales le hemos arrebatado a la experiencia estética la incertidumbre y el misterio para reducirla a la mera conceptualización, a lo intelectual, que incluso cuando es inteligente e iluminador se queda cojo, pues a menudo acaba siendo reduccionista en su afán clasificatorio. Peor aún: ahora el arte no solo ha de vivenciarse siempre de esta manera, sin saltarnos los paneles didácticos; también ha de estar posicionado política o moralmente de forma literal, monótona, empobrecedora de su potencia significativa, como si llevara una banderita colgando.

Así viví la exposición de la artista polaca Ewa Juszkiewicz que puede verse hasta el 6 de septiembre en el Thyssen, donde se reinterpreta el retrato femenino para criticar el opresor canon de belleza. Muy bien, pensé, ¿y quién no está de acuerdo con eso? Pero ese es el problema: obras ceñidas a una directriz. El misterio, la fuerza de esas mujeres sin rostro de Juszkiewicz, destruido por una intención política que ya no molesta a nadie. Podría ser una exposición ordenada por una ministra.

El arte siempre ha sido político. Suponer que no hay posicionamiento en una novela o una película es tan tonto como empeñarse en que éste se vea. El problema es que lo político ha dejado de ser incómodo de verdad, es decir, crítico con el poder.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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