«Cerámica y lana», responde inmediatamente Giulietta Zanmatti, asesora curatorial de esta trigésimo cuarta edición de Artesantander, cuando le solicito malévolamente una única palabra que defina el arte que aquí se expone, y me proporciona a su pesar un título demoledor.
Así está el ... mundo (del arte, o del capitalismo, que ya ni sé si es lo mismo) y hay efectivamente algo de textil, mucha cerámica y mucho Carabanchel, así que empezamos por el estand de la galería Veta, que por otra parte es el único doble de toda la feria: hay que jerarquizar un poco todo esto, que tiene en su epicentro una de esas grandes piezas bizarras y estridentes de cerámica de Julio Galindo que suele llevar a las ferias, junto a la gran pintura de Cristina Lama.
Respecto del 'arte' en sí como suceso susceptible de ayudarme a comprender qué está pasando aquí, imposible arrancarle una palabra sobre él al otro asesor, Joaquín García: esto es una feria, se trata de vender... Pero yo no creo en ese relato, así que de Veta nos vamos al stand que más arriesga, Provisional23, que 'abrió' en 2024 en la escalera de un edificio residencial de Retiro y el día 9 de septiembre inaugura por fin un espacio permanente en Legazpi.
Lo ocupa una instalación inquietante de Mario Manso y Pablo Quesada que da la impresión de ser un estand en obras, con lonas manchadas, bidones y hierros, todo recubierto de sal porque estamos en Santander y es verano. Ya me encuentro mejor.
Con treinta y cuatro ediciones, Artesanader es la segunda feria más longeva de España. Desde 2024, bajo la dirección de la cántabra Mónica Álvarez Careaga, comisaria y productora cultural (Art Drawing...), con una larga trayectoria en el circuito internacional, la feria –a la que siempre se acusó de centrarse demasiado en el mercado local– busca internacionalizarse y sigue fiándolo todo a su competitividad encomiable y al apoyo de numerosas empresas e instituciones de alto nivel (el Centro Botín, la ARS Foundation, que le ha concedido una residencia de un año a Efraím Ortega, de Wit Art Gallery, la Fundación Enaire, Piramidón Centre d'art contemporani...) y de las administraciones locales, que además de financiar el evento y algunas actividades paralelas, adquieren obras (el Gobierno de Cantabria ha comprado piezas de Concha García en Siboney, de Javier Trujeda en Mecha...).
Este año participan cuarenta y tres galerías –seleccionadas entre más de ochenta solicitudes– y ciento veinte artistas. Además, seis editoriales, como la riazeña Fontanar, con sus habituales libros de artista. No hay creadores históricos en absoluto, hay cerámica y lana, hay mucha y buena pintura figurativa (especialmente ese expresionismo desmitificador de moda), mucho dibujo, de nuevo poquísima fotografía y ni un solo vídeo (sobre este asunto habrá que escribir algún tipo de tratado, no sin antes llevar a la institución ante los tribunales) y aproximadamente la mitad de los estands están dedicados a un único artista: estos son pequeños (y baratos) y el proyecto individual permite poner obras grandes y explicar mejor la obra...
La feria tiene un excelente nivel y se recorre fácilmente, y entre los programas paralelos destacaría 'Talks', en el que se invita a jóvenes comisarios a seleccionar a artistas y conversar con ellos, o las dos intervenciones, una culinaria y otra consistente en unas piezas de cerámica, de Nicola Constantino.
Carabanchel pues, que hará un año apareció en una revista especializada como el tercer barrio de moda ¡del mundo!... La Gran tiene un espacio muy sobresaliente, con nuevos trabajos de Luis Pérez Calvo dedicados a Gutiérrez Solana (el artista de moda, José Luis Serzo, que tiene un solo project en Lariot Collective, también de Carabanchel, coloca tras su telón rasgado unas monografías suyas) y al 'Funes el memorioso' borgiano, junto a esculturas excelentes –de lo mejor de la feria– de Elisa Terroba, unas intervenciones de libros misóginos con piedras.
En Garage Bonilla, cerámicas de Marías Blanco y un buen conjunto de acrílicos monocromos de Belén Mazuecos; en Marquesa Gallery, una pieza grande de Santiago Serrano; en Lapislazuli apuestan por piezas antiguas de un veterano y extraordinario pintor, Armando Seijo, artista que proviene de un cierto academicismo y realiza ahora retratos cada vez más vitriólicos; y, en Morfo Galería, destacan las pinturas sobre cemento de Sergi Serra y los óleos de Nicolás Romero...
Sin salir de Madrid, aunque sí de Carabanchel, Rafael Pérez Hernando, que cada día me parece más un 'enfant terrible' del galerismo español, prescinde de la abstracción etérea que ha ido llevando a las últimas ferias y trae a Angela Burson, que pinta personajes sin cabeza elegantemente vestidos, y a Simomn Quadrat, un magistrado británico de origen judío atormentado por la Shoah. En Silvestre, las pinturas abigarradas y matéricas de José Luis Valverde; en Tonnheim Gallery, esculturas de lana de Alehk Rod y cerámicas de Cristóbal Ochoa. Por último, en Wit Art Gallery, excelentes piezas de Luis Miguel Rico.
No es muy ortodoxo decirlo, pero el mejor trabajo de la feria podrían ser las impresiones sobre papel y las recomposiciones de vidrios rotos de Lucía Gorostegui en Juan Silió: una obra desconcertante en el que la frontera entre lo real y lo fotográfico se diluye totalmente.
También en Cantabria, la galería Espiral le dedica todo su espacio a las pinturas y esculturas de José Carlos Balanza; en Siboney, buenas piezas de Arancha Goyeneche, cerámicas de Concha García y telas cosidas de Chelo Matesanz. Y una novedad: la incursión de PSJM en el territorio del galerismo… Traen pinturas realistas, luminosas e impecables de Carlos Matayana y deconstruccuiones geométricas de Cayetana H. Cuyás en su espacio, Art as Experience. Y también de Canarias, pinturas destacables de Paula Valdeón en Artizar y, desde luego, los textos decodificados de Laura González Cabrera en Bibli, de Tenerife.
En 6A Taller, de Palma, el constructivismo de Lola Berenguer; en Antonia Puyó de Zaragoza, muy buenas piezas de Ana H. del Amo y Jesús Cisneros; en Aurora Vigil Escalera, individual de francisco Mayor Mastre; en Néboa, de Lugo, las esculturas de Sara Piñeiro; en la barcelonesa Pigment Gallery, el arte textil de Irene Ortiz y las esculturas de barro refractario de Pelras; en SC Gallery de Bilbao, individual con un impresionate cuadro de gran formato de Amaya Suberviola…
Lugar: Palacio de Exposiciones y Congresos (Santander).
Y un breve repaso, por último a las numerosas galerías extranjeras: la lisboeta Carrasco trae delicadas piezas hechas con materiales de alta costura de Carmen Castañeda y esculturas de porcelana de Daniel Schweitzer; Espacio Azul Petróleo, de Santiago de Chile, tiene uno de los estands más sobresalientes, con obras sobre madera quemada de Pedro Godoy y rostros difusos de David Ortiz; han acudido, además, A Pick Gallery de Turín,Dst Gallery de Munster, Manuel Zoia Gallery de Milán, Pioneri Art Platform de Macedonia, Salgadeiras de Lisboa... En general, todas ellas con una oferta discreta.
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