Competir con la inteligencia artificial no es una cuestión de edad. Para jóvenes y sénior es un gran desafío, y sólo el 26% de los profesionales siente seguridad laboral en esta nueva era.
Puede que los jóvenes que tienen entre 18 y 30 años -Generación Tik Tok- sean más espabilados en el manejo de redes sociales y la tecnología. Digitales y adaptables, con una sólida formación académica y bilingües, son el cóctel perfecto que anhelan los reclutadores. Pero ni siquiera ellos son inmunes al paro en un mercado laboral empapado de inteligencia artificial (IA) que cuestiona la valía de trabajadores de todas las edades. El informe People at Work de ADP Research presenta un panorama complejo del mundo laboral actual, marcado por la convivencia de cuatro generaciones y la irrupción de la IA: ni la juventud ni la experiencia garantizan un empleo estable. A pesar de que la tasa de desempleo mundial situada en un 5% roza mínimos históricos, existe una crisis de confianza: menos de uno de cada cuatro profesionales siente que su puesto está a salvo.
Punto de partida
Que sólo el 22% de los trabajadores asegure que está "muy de acuerdo" en que su trabajo es inmune plantea una paradoja de inseguridad en el pleno empleo. Esta percepción varía por países: mientras que en Nigeria el 38% se siente seguro, en Japón sólo el 5% confía en ello. En Europa, España (24%) o Alemania (24%) se mantienen en la media, mientras que los trabajadores de la República Checa (12%) muestran una gran inquietud. También el género es un condicionante: en Norteamérica, los hombres se sienten significativamente más seguros (29%) que las mujeres (22%). Sin embargo, en Oriente Medio y África la tendencia se invierte: son ellas (33%) las que más confían en su estabilidad frente a los hombres (29%).
Por otra parte, el informe de ADP -en el que han participado más de 39.000 profesionales en 36 países- revela que el trabajo fuera del horario laboral no remunerado es una práctica masiva que las empresas han normalizado: el 62% de los empleados regala hasta cinco horas semanales, pero un 12% afirma trabajar 16 horas o más gratis a la semana. También el 50% de los altos directivos dedica al menos seis horas extra no pagadas a la semana.
Los datos sugieren que quienes más horas regalan suelen estar más comprometidos, y encuentran más sentido a su trabajo, pero al mismo tiempo son los que tienen más probabilidades de querer renunciar debido al estrés acumulado y a la sensación de que su productividad real disminuye .
La IA y la productividad
El 50% de los profesionales recurre a la IA al menos varias veces a la semana, pero esto no implica un aumento de su productividad. Los usuarios habituales de IA aseguran tener menores niveles de estrés negativo y un mayor sentimiento de pertenencia al equipo. Sin embargo, a pesar de la promesa de eficiencia, quienes usan la IA son cuatro veces más propensos que los no usuarios a afirmar que su productividad es inferior a la que podrían alcanzar. Existe la sensación de que la IA les ayuda, pero sienten que logran menos trabajo por ellos mismos, o que la carga de trabajo simplemente se ha desplazado, no reducido. Este entusiasmo va por barrios: mientras que la India (41%) y Nigeria (39%) lideran el uso diario de IA, países como Japón (43%) aún no ha probado la tecnología de forma mayoritaria.
Ante este panorama, el estudio concluye que la clave para el éxito en 2026 no es sólo la tecnología, sino la transparencia y la inversión en el capital humano. Los trabajadores que sienten que su empresa invierte en sus competencias tienen 5,3 veces más probabilidades de sentirse seguros y, por tanto, de ser mucho más productivos y leales.
Las generaciones
La supervivencia laboral en 2026 no será una competición entre jóvenes, aquellos que no lo son tanto y los que rozan con la punta de los dedos la jubilación, sino una simbiosis. Según esta investigación, la empresa ganadora será aquella que logre combinar la agilidad digital de los Zeta, la productividad de los Millennials, el criterio de la Generación X y la resiliencia emocional de los Boomers. La IA es el catalizador, pero el activo más seguro son las habilidades humanas repartidas entre generaciones. Estos son los pros y contras de cada colectivo:
- Generación Z. Los más jóvenes, nacidos entre 1995 y 2009, son el motor tecnológico bajo presión. La ventaja de los denominados early adopters por excelencia es que ven la IA como un "compañero de equipo". Los más jóvenes de este grupo, conocidos como Generación TikTok, son los más propensos a realizar mentoría inversa, enseñando agilidad digital a sus superiores. Son muy optimistas: el 57% ha sido ascendido recientemente y el 72% confía en un aumento salarial. Su desventaja es estructural y emocional. Muchos de ellos ya son conscientes de que la IA amenaza con eliminar los puestos de entrada -becarios o en prácticas- que tradicionalmente servían de escalón profesional. Esto genera una paradoja: son los que más usan la IA, pero quienes menos seguros se sienten en su empleo -sólo el 18% en regiones jóvenes como Asia-Pacífico confía plenamente en su estabilidad-. Además, sufren los niveles más altos de estrés negativo y tienen serias dificultades para cambiar de trabajo, lo que los convierte en un grupo altamente vulnerable al agotamiento temprano.
- Millennials. Nacidos entre 1981 y 1994, su ventaja es el equilibrio. Se incorporaron al mercado laboral cuando la tecnología empezó a dar sus primeros pasos. Poseen una competencia digital sólida y una experiencia laboral ya consolidada. Son trabajadores productivos que aún mantienen niveles altos de optimismo respecto a su formación y capacidad de ascenso. Según el informe de ADP, el 27% se siente plenamente capacitado. En contra tienen el síndrome de la rueda de hámster. La Generación Y es la que más sufre la presión de la productividad, lo que se traduce en una ingente cantidad de horas extra no remuneradas. Aunque la IA les ayuda a estar más comprometidos, el informe advierte de que este grupo es propenso a sentirse "desbordado", mezclando días buenos y malos sin lograr reducir el estrés negativo, lo que erosiona su salud mental a largo plazo.
- Generación X. Los hermanos mayores de los Millennials son la generación sándwich, atrapada entre el cuidado de hijos jóvenes -Zeta y Alfa, nacidos a partir de 2010- y padres ancianos, mientras ocupan los puestos de mayor responsabilidad operativa. Clasificados como trabajadores especializados, poseen el conocimiento institucional necesario para filtrar los resultados de la IA. Saben "qué preguntar" a la máquina, porque conocen el negocio a fondo, y actúan como el puente necesario entre la impetuosidad de los jóvenes y la pausa de los veteranos. El prompt no es un misterio para este colectivo que pregunta y cuestiona a la IA hasta conseguir sus objetivos. Sin embargo, tienen una desventaja: la falta de inversión corporativa. Esto les conduce a la resignación laboral -permaneciendo en un puesto que ya no les motiva-, o a la huída -buscan otro puesto en otra empresa que cubra sus expectativas-. Es el grupo que menos siente que la empresa invierte en su desarrollo tecnológico (apenas un 16% o un 17%). Esto genera un riesgo real de obsolescencia. Además, al ocupar mandos intermedios, son los que más horas regalan a la empresa, sufriendo una carga financiera y familiar que los hace ser los menos optimistas respecto a su situación económica general en comparación con los mayores de 65 años.
- Baby Boomers. Los mayores de la clase -nacidos entre 1956 y 1965- caminan con paso firme a la jubilación y tienen una ventaja que el resto envidia: la salud emocional. El 38% de los mayores de 65 años se siente en la categoría de "prósperos", la cifra más alta de todas. Sufren muchísimo menos estrés negativo -el 48% casi nunca lo experimenta-, y son leales a la empresa que garantiza estabilidad. Sus límites son claros: son quienes menos horas extra regalan, priorizando su bienestar. Pero... sólo el 18% cree tener las competencias necesarias para avanzar en un entorno dominado por la inteligencia artificial. A menudo se sienten ignorados por los planes de formación técnica, lo que puede llevarlos a una desconexión prematura del mercado si no se fomenta la mentoría intergeneracional.