China, como Trump, desoye el llamamiento de las grandes tecnológicas americanas para frenar. Estas son sus 'armas' en la carrera tecnológica
Regala esta noticia Añádenos en Google Imagen de archivo de la Conferencia Mundial de Robótica celebrada en Pekín en agosto pasado. (EFE)Yolanda Veiga
16/09/2026 a las 00:39h.Las cuatro grandes tecnológicas que desarrollan la inteligencia artificial en Estados Unidos han hecho un llamamiento para «desacelerar». Pero Donald Trump les ha enmendado la ... plana: «El único control o mecanismo de seguridad que necesita la IA es un presidente fuerte e inteligente», escribió el lunes en Truth Social, un sucedáneo de X del que es dueño. El mandatario norteamericano no quiere echar el freno en la carrera tecnológica, aunque esta haya adoptado un ritmo alocado –agentes de IA que se saltan las barreras de seguridad y hackean plataformas ajenas, crean cuentas falsas de correo electrónico para robar datos personales...–. Trump no quiere que le gane este pulso China, la única superpotencia que le puede hablar de tú a tú en este sprint porque Europa, de momento, asiste a la carrera en calidad poco menos que de espectador.
Las principales IA chinas
DeepSeek: «Ha demostrado hasta dónde se puede llegar con el foco en la eficiencia y en el coste», señala Uribe-Etxebarria.
Qwen (Alibaba): «La más importante, con muchos modelos y su apuesta por los pesos abiertos».
Kimi (Moonshot AI): «Destaca en razonamiento. China compite así en la frontera tecnológica».
Z.ai: «Modelos de pesos abiertos pensados para usarlos por desarrolladores y empresas».
Antonio Pita, profesor de Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC, y Xabi Uribe-Etxebarria, fundador y CEO de la compañía de IA Sherpa y autor de 'Vita: cómo la IA y la ciencia están redefiniendo lo que entendemos por vida' (Debate), desvelan lo poco que se sabe del 'modelo chino' de IA. La fórmula con la que Pekín quiere arrebatarle a Washington su actual liderazgo. «La carrera no se decidirá únicamente por quién construya el modelo más inteligente, carrera en la que ahora Estados Unidos está a la cabeza, sino por quién consiga convertirla en una infraestructura tecnológica barata, ubicua y utilizada por millones de empresas. Y en esto último China está a la cabeza», advierte Xavi Uribe-Etxebarria. Sobre las diferencias, Antonio Pita aclara que «más que modelos opuestos, estamos viendo una competencia global con formatos muy similares. Lo que sucede es que la narrativa geopolítica a veces exagera las distancias técnicas reales». En esta línea, Uribe-Etxebarria recuerda que tecnológicamente no hay diferencias sustanciosas, ya que tanto Estados Unidos como China «están desarrollando grandes modelos fundacionales, multimodales, capaces de razonar, programar, utilizar herramientas y actuar como agentes». La divergencia –dicen– radica «en la estrategia».
Sin los chips más avanzados
«Estados Unidos ha liderado la carrera de los 'modelos frontera', es decir, dispone de los modelos más avanzados del mundo en capacidad», explica Uribe-Etxebarria. Son las IA de las compañías OpenAI, Anthropic o Google, «apoyadas en enormes cantidades de capital, capacidad computacional y acceso a los chips más avanzados como los de Nvidia». Con sede en California, es la empresa líder del sector tecnológico global gracias, precisamente, a la fabricación de chips especializados en inteligencia artificial, lo que vendría a ser «el cerebro» de la IA.
China, sin embargo, «está condicionada por las restricciones estadounidenses al acceso a determinados semiconductores, como los de Nvidia, por lo que ha tenido que poner mucho más énfasis en la eficiencia: conseguir capacidades similares utilizando menos recursos (chips menos potentes) y reduciendo los costes de entrenamiento y, especialmente, de inferencia –proceso por el que un modelo ya entrenado aplica lo que aprendió para analizar datos nuevos–».
Pesos abiertos
Otra de las diferencias tiene que ver con que buena parte del ecosistema chino ha apostado con fuerza por los llamados «modelos de pesos abiertos» (open weights). Esto es, ofrecen modelos de IA ya entrenados y listos para usarse, una suerte de paso anterior al código abierto ('open source'): «Empresas, universidades y desarrolladores pueden descargarlos, modificarlos y desplegarlos en su propia infraestructura. Esto reduce las barreras de entrada y les permite construir sobre estos modelos en lugar de tener que desarrollar uno desde cero», explica Uribe-Etxebarria.
En todo caso, Antonio Pita quiere «desmontar» una idea muy repetida: «No existe una IA estadounidense cerrada frente a una IA china abierta. En Estados Unidos hay propuestas cerradas como ChatGPT, Gemini o Claude y también enfoques más abiertos como los de Meta con Llama, cuyos modelos se pueden descargar sin coste. Y hay casos como xAI, que publicó la primera versión con código abierto y las siguientes, en cerrado. En China ocurre lo mismo: conviven modelos abiertos como Qwen o DeepSeek con servicios más controlados y comerciales como los de Baidu».
20 dólares al mes vs gratis
«Los modelos chinos, sobre todo por las restricciones que tienen de acceso a materiales, han desarrollado la capacidad de ser más eficientes (consumen menos recursos) y pueden ofrecer, así, suscripciones más baratas. ChatGPT Plus cuesta alrededor de 20 dólares al mes, mientras que servicios chinos pueden ofrecer planes gratuitos o bastante más baratos». Además –continúa Uribe-Etxebarria– «si el modelo tiene pesos abiertos, puedes descargarlo y ejecutarlo tú mismo. De modo que no pagas por usar el modelo, pagas por la infraestructura y la electricidad necesaria para ejecutarlos».
En todo caso, Pita recuerda que el patrón es parecido en ambos casos: «Una puerta de entrada gratuita con límites (freemium) y, a partir de ahí, suscripciones o pago por uso para más capacidad, mejor rendimiento o acceso profesional por API» –un puente digital para que un programa de software se conecte con un modelo de IA y use sus funciones sin necesidad de programarlo desde cero–. «Más que diferencias por país, hay diferencias en función de la empresa y del segmento de usuario. De hecho, hay casos curiosos como que puedes contratar modelos de Deep Seek, IA de origen chino, en plataformas de computación en la nube americanas como AWS y Microsoft Azure».
El papel del Gobierno
Aclaran los dos expertos consultados que no estamos asistiendo a una guerra entre una inteligencia artificial 'pública' y otra privada. «Los gobiernos tienen programas, financiación e iniciativas estratégicas, pero el ritmo de los productos que llegan al usuario lo marcan, sobre todo, las compañías privadas que pueden invertir enormes recursos en cómputo, datos e ingeniería», apunta Antonio Pita.
Quién alimenta al 'monstruo'
«Tanto en China como en EEUU las empresas entrenan con volúmenes enormes de datos de internet, contenido licenciado, datos sintéticos –información creada de forma artificial que imita las estadísticas pero que no corresponde a personas o eventos reales– y acuerdos comerciales». La gran diferencia –apunta el profesor de la UOC– «no suele ser técnica, sino legal: quién tiene derechos sobre esos datos y en qué condiciones pueden usarse. Dos casos muy comentados son los litigios por copyright contra Anthropic y la ofensiva legal de Disney contra modelos generativos de imagen por usar y reproducir personajes y obras protegidas. Lo que evidencia que entrenar modelos de IA con contenido protegido sin licencia clara puede acabar en los tribunales».
Y Europa... ¿en qué posición 'compite'?
No se esperan, en la vertiginosa carrera por la IA, a más contendientes con posibilidades. Es un cara a cara (otro) entre Estados Unidos y China, ya que en Europa la camiseta la 'suda' Francia con Mistral AI, pero es, de momento, una anécdota. «Europa está claramente por detrás de Estados Unidos y China en cuanto a inversión, capacidad de cómputo y número de modelos frontera», explica el experto en IA Xavi Uribe-Etxebarria. Pone en valor, eso sí, que «Europa tiene buena investigación y talento. De hecho, muchos de los grandes investigadores que han llevado a las IA estadounidenses hasta aquí son europeos», pero todavía –advierte– «no hay un ecosistema con la escala de los dos grandes».
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