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Así se resuelve el dilema de para qué tenemos que ir a la oficina

Así se resuelve el dilema de para qué tenemos que ir a la oficina
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Tras años de tensiones, el mercado estabiliza el modelo híbrido en tres días presenciales. La clave no es dónde trabajar, sino definir qué actividades requieren presencia física. Leer
Gestión del tiempoAsí se resuelve el dilema de para qué tenemos que ir a la oficinaActualizado 1 JUL. 2026 - 17:29Jamie Dimon, CEO de JPMorgan (izquierda) y Andy Jassy, CEO de Amazon, son representantes claros de los partidarios de las estrategias más duras de retorno a la oficina que no han tenido demasiada eficacia.

Tras años de tensiones, el mercado estabiliza el modelo híbrido en tres días presenciales. La clave no es dónde trabajar, sino definir qué actividades requieren presencia física.

Atrás quedaron los primeros tiempos pospandemia en los que primaban los mandatos de regreso a la oficina y las estrategias de una nueva normalidad que apuntaba sobre todo a la presencia.

Es bien sabido que la defensa del regreso a la oficina tuvo portavoces claros como Jamie Dimon, CEO de JPMorgan, quien hizo célebre aquello de "los júnior aprenden mirando, y eso no se puede hacer desde el sótano de tu casa". El banco ya había impuesto cinco días de oficina y, cuando los empleados inundaron de críticas el tablón interno, la empresa simplemente cerró los comentarios.

También Andy Jassy, CEO de Amazon, sostenía que "en persona se enseña, se inventa y se refuerza la cultura mucho mejor". Amazon impuso cinco días de presencia en 2025: el 91% de los empleados se declaró insatisfecho y el 73% sopesaba marcharse en una encuesta interna. El plan tuvo que retrasarse en varias ciudades por falta de espacio.

Frente a los apóstoles del regreso, otros líderes apostaron por la flexibilidad estructurada: Brian Chesky, CEO de Airbnb, declaraba que "la oficina, tal y como la conocíamos, ha terminado porque es una forma anacrónica de la era predigital"; y Katarina Berg, CHRO de Spotify, defendía que "no se puede contratar a adultos y tratarlos como a niños... el trabajo es algo que uno hace, no un sitio al que se va". Spotify mantenía intacta su política de trabajar desde cualquier lugar y publicaba el primer beneficio anual de su historia con una plantilla más reducida.

Se puede hacer un diagnóstico: cuatro años de mandatos de regreso no mejoraron los resultados financieros -según un estudio del S&P 500-, pero sí hundieron la satisfacción en el 99% de las empresas y aceleraron la fuga de talento sénior. En paralelo, el mayor ensayo sobre el tema, dirigido por el profesor de Economía de Stanford, Nicholas Bloom, y publicado en Nature siguió a 1.612 empleados de la tecnológica Trip.com: dos días desde casa no movieron las evaluaciones, las promociones ni las líneas de código, y redujeron la rotación en un tercio.

Y tras el diagnóstico llega el verdadero giro: la unidad de diseño deja de ser el día y pasa a ser la tarea. La oficina es para la relación, el aprendizaje y las decisiones; el remoto para el foco y la autonomía.

El debate sobre los modelos híbridos de trabajo ha entrado en una fase cada vez más operativa, y la nueva gestión del tiempo híbrido no reparte días entre casa y oficina, sino tipos de trabajo entre contextos.

Así, en 2026 lo que importa es cómo se organiza el tiempo: cuántos días de oficina, cuáles son esos días, para quién son, con qué horarios; qué coste de desplazamiento suponen y con qué propósito se plantean.

Ahora, el más reciente estudio de Consortia, basado en casi 110.000 anuncios tecnológicos de empleo de la UE y Reino Unido, concluye que "el debate sobre el trabajo híbrido ya no gira en torno a si la actividad presencial en la oficina ha vuelto o si el teletrabajo ha ganado. La nueva cuestión es cuántos días de oficina se exigen, en qué perfiles impacta, con qué coordinación, con qué coste de desplazamiento y cómo influye en la contratación y en la retención". En realidad, la pregunta deja de ser "¿trabajamos desde casa?" y pasa a ser "¿para qué vamos a la oficina?".

El informe de Consortia es relevante porque captura un momento de estabilización: el mercado tecnológico de la Unión Europea junto con el británico no ha regresado masivamente a los cinco días de oficina, pero tampoco se ha quedado en el remoto total ni en el híbrido extremadamente flexible. Su dato central -tres días como requisito más habitual- encaja con la tendencia más amplia de que las empresas están endureciendo las políticas híbridas, pero lo hacen dentro de un marco que sigue siendo híbrido, no plenamente presencial.

Básicamente, el trabajo híbrido ha dejado de ser una política de bienestar para convertirse en una pieza estratégica del mercado laboral.

Una receta básica

La unidad de diseño deja de ser el día y pasa a ser la tarea... Y sobre esta base se puede elaborar una receta que no es universal -porque no hay una solución única-, pero que ayuda:

  • Sobre la oficina, la primera sugerencia es reservarla para la alta densidad relacional. La segunda es hacer que merezca la pena el viaje. Según Microsoft WTI, "cada día presencial debe incluir algo que no se haría igual en remoto". Y la tercera es usarla para aprender, no para vigilar. Hay que diseñar días en los que los júnior coincidan con los sénior, con revisión de trabajo y mentoring. Por lo que se refiere al trabajo en remoto, lo primero es protegerlo para el trabajo profundo: mañanas y días sin reuniones para escritura, análisis o programación. El remoto no daña el rendimiento, pero llenarlo de reuniones destruye su ventaja. También es importante destacar que la flexibilidad no implica disponibilidad permanente.
  • Sobre el equipo y el calendario, una primera sugerencia es diseñar días de equipo, no de empresa. Gallup recuerda que "exigir tres días sin coordinar produce asistencia sin colaboración". A esto se añade el uso de ventanas síncronas, y no jornadas rígidas. El King's College de Londres sugiere horas núcleo de coincidencia -por ejemplo, desde las 10 horas hasta las 16 horas- y flexibilidad en los bordes. Y convertir el calendario en una arquitectura semanal: días de foco, de sincronización, de aprendizaje y de relación, con revisión periódica. Que muchos no sepan cuándo ni por qué ir es un déficit de diseño, no de voluntad.
  • Sobre las personas y la dirección, una sugerencia es sustituir excepciones individuales por reglas explícitas. Hacen falta principios claros sobre qué justifica la presencia y cómo se tratan los casos. Las políticas blandas generan desigualdad y saturación. Otra sugerencia es modelar el coste del desplazamiento como parte de la oferta: según The Chartered Institute of Personel Development (CPID), el tiempo, el dinero y la previsibilidad cuentan tanto como el salario. Tratar el híbrido como política de inclusión -auditar quién gana flexibilidad y quién queda fuera- es otra sugerencia, junto con la de medir resultados. Hacerlo neutraliza además el sesgo de proximidad.

Ofertas y respeto por el tiempo

Las empresas no sólo compiten por el talento con salario, marca o carrera, sino con respeto por el tiempo. Durante años, el tiempo de desplazamiento fue invisible para muchas organizaciones, y se asumía como un coste privado del trabajador. Pero el trabajo híbrido ha cambiado esa percepción. Cuando un candidato compara dos ofertas ya no mira únicamente el sueldo bruto; mira cuántos días debe viajar, cuánto cuesta el trayecto, cuánta energía pierde, cuánta autonomía conserva y qué previsibilidad tendrá su semana. El estudio de

Consortia identifica precisamente esa 'economía del desplazamiento' como uno de los puntos críticos de aceptación de ofertas y retención.

The Chartered Institute of Personnel and Development (CIPD) recuerda que "el calendario se convierte en una señal cultural. Una empresa que exige presencia sin explicar para qué, transmite desconfianza o inercia".

La paradoja es que muchas compañías dicen querer más productividad, pero diseñan semanas que la reducen. El conocido estudio sobre trabajo híbrido de Nicholas Bloom, profesor de Stanford, demuestra que el modelo puede mejorar la retención sin dañar el rendimiento, pero esa conclusión depende de que el sistema esté estructurado y no sea una sucesión de improvisaciones.

La nueva ventaja competitiva será una forma de precisión. No se trata de prometer flexibilidad en abstracto, sino de definir ritmos: cuándo se decide, cuándo se aprende, cuándo se ejecuta, cuándo se colabora y cuándo se protege la concentración. Las mejores empresas no serán las que pidan 'menos oficina' ni 'más oficina', sino las que hagan que cada hora tenga sentido.

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Fuente original: Leer en Expansión
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