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Política

Azcón gana pero sale perdiendo ante la impotencia del PP para frenar a Vox: "Eso es un drama imparable"

Azcón gana pero sale perdiendo ante la impotencia del PP para frenar a Vox: "Eso es un drama imparable"
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Los 'populares' bajan dos diputados y dependerán para gobernar aún más del partido de Abascal, que duplica su resultado hasta los 14 escaños Leer

Mal resultado sin paliativos para el PP. Jorge Azcón vuelve a ser el más votado, sí, pero sale perdiendo. Y la explicación tiene que ver, como casi siempre, con el manejo de las expectativas. Porque si el presidente en funciones de Aragón adelantó las urnas fue por tres motivos: para promover un plebiscito sobre la estabilidad económica de la región, para mejorar el caudal político de su partido y para hostigar a Pilar Alegría y a Pedro Sánchez. Sólo logra el tercero de sus objetivos.

El PSOE cae con mucha fuerza (pasa de 23 a 18 escaños) y queda a 10 puntos del PP, pero el peaje que han de pagar los populares es carísimo: en lugar de subir, pierden dos escaños (de 28 a 26) y, sobre todo, confirman su impotencia para frenar la fuerte subida de Vox. Invocaron las urnas para clarificar la correlación de fuerzas y han quedado más atados aún a la derecha extrema. Mucho más.

Azcón podrá gobernar de nuevo con el apoyo de Vox, pero con kilos de plomo en las alas. «Tanto todo para nada», parafraseaba un dirigente del PP al conocer las últimas encuestas. Avanzado el escrutinio el titular mutaba forzosamente a «peor que nada». Otros optaban por el román paladino: «Para este viaje no hacían falta alforjas». No hay optimismo, precisamente, en las filas populares, sino la gélida sensación de que toda la caída socialista la capitaliza sobre todo su rival en la liguilla de la derecha. «Lo de Vox es un drama imparable», se resignan en el cuartel general de Azcón.

En los últimos compases de la campaña, ya atenazado por unas encuestas que cangrejeaban hasta encender las alarmas, el PP viró hacia el electorado fronterizo con Vox para pelear por los 35.ooo indecisos en liza. Fracasó en ese empeño. Y lo hizo con una apuesta que descolocó en los centros de poder territorial de los populares: el PP ligó sus siglas a la imagen de Vito Quiles (que fue candidato de Se Acabó La Fiesta en las europeas). El agitador ultra participó nada menos que en el acto de cierre de la campaña.

Azcón celebra la victoria "clara y nítida" a pesar de perder 2 escaños: "Solo el PP puede gobernar".

Ese giro de última hora no avivó el voto táctico al PP. Y arroja una conclusión: los populares no saben parar el crecimiento de Vox. No dan con la tecla. Ni chocando, ni acercándose. Y eso trae causa del momentum de la formación de Santiago Abascal, a quien no le importa esconder a sus candidatos porque la marca tira sola. Y que anoche hablaba contra «los políticos» como si él no fuera uno.

Abascal avisa: "Si el PP quiere cambiar de políticas puede contar con nosotros si no tiene al PSOE".

El PP defiende en público que es otra victoria más para su casillero, pero en modo alguno se trata de un éxito sin más. El veredicto de las urnas interpela directamente a la cúpula del partido. ¿Merecía la pena repetir las elecciones para quedar peor mientras Vox duplica su resultado? ¿Se conforman los populares con la debacle del PSOE aun a costa de su propia atonía? ¿Era una buena idea cerrar la campaña con Quiles e incluso alabarlo al día siguiente, como hizo Miguel Tellado, número dos de Feijóo? ¿Dónde está el listón para las próximas elecciones regionales en Castilla y León y Andalucía? Y, sobre todo, si las urnas se adelantaron porque Vox no quería aprobar los Presupuestos de 2026, ¿ahora será más fácil desbloquearlos, o menos?

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El 8-F también lanza un mensaje claro sobre el sistema de partidos. El bipartidismo rompe su tendencia de recuperación y pierde terreno frente a la pulsión antipolítica de un Vox que ahora llama «los políticos» al PSOE y al PP. Que de 51 escaños bajan a 44. Y del 65% a algo más del 58% de los votos. Mientras, la suma del centro derecha y la derecha ultra se eleva por encima del 52%, gracias al tirón de la candidatura de Alejandro Nolasco.

Toda la campaña la sobrevoló una tensión sistema-antisistema. Dentro y fuera. Ahí es donde el PP podía recoger más frutos, en el plano de la institucionalidad. En clave racional. Pero el voto de la patada al tablero es el que sube. Y coge velocidad de crucero. Las cifras hablan por sí mismas: Vox supera en Aragón el umbral máximo del 17,7% que había logrado en Murcia y en Castilla y León, donde ahora cuenta con superar el 20%.

Entonces, ¿qué va a hacer el PP de Aragón? A Azcón no le queda otra que entenderse con Nolasco. El escrutinio (al 99% al cierre de esta edición) es inapelable: Vox está en condiciones de pedir bastante más. Ahora, el PP intentará hacerle a su socio el abrazo no del oso, sino de la anaconda. O sea, envolver a Vox en las moquetas del Gobierno y darles a sus consejeros galones, hasta que se asfixien.

Las elecciones extremeñas de diciembre aportaron una lección al PP: hay que confrontar con Vox con liderazgo y pedagogía, pero sin dejarse ir en la recta final de la campaña. Azcón no ha hecho esto último, pero sí ha caído en la tentación de asimilarse no tanto en el discurso como en las formas, en la pugna del final de campaña. Guardiola subió 4,4 puntos y consiguió un escaño más. Azcón baja 1,3 puntos y pierde dos diputados.

Es cierto que el PP, como defendió anoche Tellado, suma más escaños que toda la izquierda junta, de manera que le bastaría con la abstención de Vox -o del PSOE- para la investidura. Pero es más cierto aún que ese escenario ya se descontaba, y que ahora la lógica subastera de Abascal se multiplica: podrá pedir más por la sencilla razón de que al plan del PP le sobraron alforjas y le faltaron votos.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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