José María Aznar acompañado de Hassan II en una visita oficial a Rabat. EFE
Política Aznar vuelve a Ceuta, el único presidente que desafió a Rabat: "Si hacéis la guerra a España, la perderéis", le dijo a Hassan IIEl expresidente afrontó varias crisis con Marruecos, quien llegó a retirar a su embajador en Madrid, y cuyo cénit fue la crisis de Perejil.
Más información: Aznar visita este jueves Ceuta tras haber criticado la "incapacidad" del Gobierno y la "política servil" con Marruecos
Rubén Fernández Publicada 27 agosto 2026 06:30h Las clavesLas claves Generado con IA
José María Aznarvuelve a Ceuta casi dos décadas después de su última visita y lo hace cuando Marruecos vuelve a situar en el centro del debate sus aspiraciones sobre la ciudad autónoma.
El expresidente del Gobierno viajará para mostrar su respaldo al presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, y reivindicar la españolidad de Ceuta frente a los planes expansionistas de Rabat.
No es un escenario nuevo para Aznar. Durante su etapa en La Moncloa tuvo que afrontar algunos de los episodios de mayor tensión con Marruecos de las últimas décadas, desde las presiones para conseguir la soberanía de Ceuta y Melilla hasta la crisis del islote de Perejil siendo el único presidente que desafió abiertamente a Rabat.
Según relata en sus memorias, el propio Mohamed VI ya le trasladó esas aspiraciones sobre las dos ciudades españolas en un encuentro privado celebrado en La Moncloa en 1997, cuando todavía era príncipe heredero.
En el segundo volumen de sus memorias, titulado El compromiso del poder, Aznar recuerda aquella conversación y sentencia: "No fue fácil".
Un año más tarde, Aznar volvía a Rabat y se reunía con el rey Hassan II. En ese momento, el monarca alauita le admitió que quería incorporar las dos ciudades españolas del norte de África.
"En un momento dado, Hassan llegó a pronunciar la palabra guerra; eso sí, para decir que su país no la declararía por esta cuestión. Su comentario me pareció fuera de lugar y decidí replicar: Me parece muy bien su postura, porque, de hacer la guerra a España, Marruecos la perdería", admite Aznar en un pasaje de su libro.
Ceuta y Melilla, un debate histórico sepultado por la voluntad abrumadora de sus habitantes: ser españolesNo volvería a haber más encuentros con Hassan II. Tres meses más tarde, el padre de Mohamed VI moriría de un paro cardíaco aunque la reivindicación sobre las ciudades españolas se mantendría con su hijo.
El expresidente recuerda en su libro que Marruecos contaba con el respaldo de Francia, a la que acusa de mantener una postura "paternalista" hacia el reino alauita.
En otra tensa conversación, el por entonces presidente francés, Jacques Chirac, le dijo: "Tenéis que empezar a devolverlo todo". A lo que, según Aznar, le respondió: "No tengo nada que devolver".
Aunque lo cierto es que, durante su presidencia, Aznar nunca visitó Ceuta y Melilla como presidente del Gobierno. Sí lo hizo como candidato del PP. Así sucedió en las elecciones de 2000 cuando incluso recalcaron que lo hacía como líder de los populares y que no se trataba de ninguna visita oficial como jefe del Ejecutivo.
No sirvió de mucho. En 2001 llegó una oleada de pateras e inmigrantes irregulares. España y el por entonces ministro de Exteriores, Josep Piqué, exigieron a Marruecos un mayor control.
Incluso llamaron a consultas al embajador alauita ante la pasividad de las autoridades alauitas ante un nuevo fenómeno que asombraba la sociedad española: la llegada de inmigrantes de forma masiva a las costas.
A los pocos días, y sin comunicárselo a La Moncloa, Rabat retiró a su embajador.
La crisis de Perejil
En julio de 2002, la crisis llegó a su cénit. El 11 de julio, una dotación de la Gendarmería marroquí llegó al islote de Perejil y colocó dos banderas de Marruecos. Se trataba de una "plaza de soberanía" que no estaba habitada y a sólo 8 kilómetros de Ceuta.
Una embarcación de la Guardia Civil se percató de la enseña alauita. Los agentes desembarcaron y los marroquíes les apuntaron con sus AK-47 mientras les espetaban: "Marchaos de aquí, esto no es tierra española". Desde ese momento, la crisis no haría más que ir in crescendo, alcanzando una dimensión internacional y situando a ambos países al borde de la guerra.
La primera reacción fue la diplomática. Aznar llamó a su homólogo marroquí, un socialista llamado Abderramán Yusufi, quien le negó tener conocimiento de la operación.
Todo apuntaba al Palacio Real, desde donde se habría organizado la operación como un supuesto "regalo de boda" para Mohamed VI, que acababa de casarse con Salma Bennani. Además, habría aprovechado un cambio clave en el organigrama del Gobierno español: la nueva ministra de Exteriores, Ana Palacio, apenas llevaba un día en el cargo.
Aunque la sustituta de Piqué se movió rápido. Al día siguiente, la UE se manifestó a favor de España. Lo mismo hizo la OTAN.
El Gobierno de Madrid dio un ultimátum a Rabat para que se retirara de Perejil, mientras reforzaba las tropas en Ceuta y Melilla, llegando incluso a desplazar a la fragata F-101. Se temía que el islote no fuese más que el inicio de una ofensiva mayor.
La reconquista de Perejil como nunca se contó: hablan los 'héroes'Cuando habían espirado dos horas del ultimátum, y al ver que los militares seguían en el islote, España lanzaba una contraofensiva.
"Al alba y con viento duro de levante, salieron 5 helicópteros que llegaron a la isla de Perejil para que entregaran sus armas los militares marroquíes que ocupaban su isla", sentenciaba el ministro de Defensa, Federico Trillo, tras recuperar el enclave.
Lo hizo, según recuerda el propio expresidente en sus memorias, con el criterio en contra del por entonces JEMAD, Antonio Moreno, quien mostró por tres veces su rechazo a una actuación militar.
"Hay cosas que no se hacen para ser una anécdota. Eso era una prueba de España para ver hasta dónde era capaz de reaccionar", rememoraba más tarde Aznar.
Días más tarde, y tras la mediación de Washington, el ministro de Exteriores marroquí, Mohamed Benaissa, admitió que no volverían al islote, pero pidió a España que lo abandonara "inmediatamente", mientras dejaba caer que el asunto de Ceuta y Melilla seguía siendo un tema pendiente entre ambos países.
Poco a poco, y tras la intervención de la ministra de Exteriores, la tensión se fue rebajando y las relaciones se fueron normalizando. España arrió la bandera y Perejil volvió a ser un islote habitado por unas cabras.
Pero en aquellos episodios de reclamación de la soberanía de las dos ciudades y de utilización de la inmigración como elemento de presión ya se atisbaba la política que, 24 años después, sigue aplicando Mohamed VI a España.