Viernes, 01 de mayo de 2026 Vie 01/05/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Motor

Bottas recuerda su llegada a la F1 como un infierno y deja una confesión brutal: “Era como un drogadicto”

Bottas recuerda su llegada a la F1 como un infierno y deja una confesión brutal: “Era como un drogadicto”
Artículo Completo 923 palabras
Valtteri Bottas, piloto de Cadillac F1 El piloto finlandés de Cadillac, Valtteri Bottas, ha repasado su trayectoria en el automovilismo, incidiendo en los momentos más complicados. Uno de ellos fue durante su etapa inicial a la Fórmula 1, en la que llegó a obsesionarse con el peso y la preparación física, algo que le afectó psicológicamente. A sus 36 años, Valtteri Bottas es ya uno de los pilotos más experimentados de la Fórmula 1. No en vano acumula 14 temporadas en las que ha completado 249 grandes premios, ha sido subcampeón del mundo en dos ocasiones, ha obtenido diez victorias y ha subido al podio en 67 carreras. Es, por tanto, uno de los miembros del paddock que mejor conoce las dos caras de la competición, y en una carta escrita para The Player's Tribune, el finlandés se ha sincerado acerca de muchas de las cosas que le han pasado a lo largo de toda su trayectoria como piloto, incluso desde sus comienzos en el karting. «El punto de inflexión llegó después del accidente de Jules Bianchi: parecía que ya no me importaba nada; era negativo con todo»Valtteri Bottas, piloto de Cadillac F1 La estatura y el efecto mágico de las gachas Una de las cosas que Valtteri Bottas cuenta son los problemas que tuvo con su baja estatura de niño. Tanto es así que incluso tenía problemas para llegar a los pedales, por mucho que su padre le colocara almohadones o apéndices para acercarle a los mismos. Un día, su abuelo le hizo una recomendación poco antes de la llegada del invierno: «Era demasiado bajo, así que mi abuelo me dijo que comiera gachas de avena. Sinceramente, me parecía una tontería», reconoce Bottas. «Pero estaba tan desesperado por comerlas todos los días que mi madre se cansó de preparármelas y aprendí a cocinarlas yo mismo». «Me salían por las orejas, pero mi abuelo tenía razón, y para la primavera ya alcanzaba los pedales del kart», recuerda el ahora piloto de Cadillac. «No, las gachas no son mágicas; probablemente solo consumí muchísima fibra. Pero es la lección que hay que aprender si quieres llegar a la Fórmula 1: la monotonía del día a día da sus frutos». Valtteri Bottas, durante sus inicios en la Fórmula 1 con Williams Obsesión por las carreras y el rendimiento Valtteri Bottas debutó en la Fórmula 1 en 2013 y, de cara a la siguiente temporada, en la que comenzaba la era híbrida y los equipos temían empezar la temporada con monoplazas demasiado pesados, Williams le pidió que adelgazara para compensar. En aquella época, el peso de los pilotos no se igualaba con lastres como en la actualidad, por lo que cuanto más delgados estuvieran, más tiempo por vuelta ganarían. Y eso acabó convirtiéndose en una obsesión para Valtteri Bottas. «Cuando entré en la F1, mi identidad giraba en torno a las carreras; no me importaba nada más», explica el finlandés. «En 2014, se convirtió en un gran problema. A finales de 2013, tuvimos el parón invernal, y Williams preveía un coche con sobrepeso para 2014, así que el equipo me sugirió que perdiera cinco kilos». «Si me dan un objetivo tan claro, me obsesiono: “¿Cinco? ¿Por qué no diez? Así podemos hacer que el coche sea aún más rápido”», pensó Bottas en aquel momento. «Así que empecé a comer brócoli y coliflor al vapor todo el tiempo, luego corría y comía más brócoli solo para tener suficiente energía para otra carrera de 90 minutos». «El juego se había vuelto absorbente; era como un drogadicto. Me despertaba solo a las cuatro de la mañana, tenía una energía imparable y pensaba que tenía aún más tiempo para entrenar», desvela Bottas. Sin miedo a la muerte... y dos años de rehabilitación mental Valtteri Bottas admite que llegó un momento en el que su obsesión por el rendimiento le hizo perder contacto con la realidad, algo de lo que se dio cuenta a raíz del horrible accidente de Jules Bianchi en el Gran Premio de Japón de 2014. «Empecé a tener momentos de confusión mental intensa cada vez que estaba entre mucha gente; solo quería conducir. Luego volvía a casa y parecía un fantasma», explica Bottas. «El punto de inflexión llegó después del accidente de Jules Bianchi [Suzuka 2014]: parecía que ya no me importaba nada; era negativo con todo. ”Si muero, muero”, le dije a mi ex cuando me preguntó si era peligroso competir». Aquello le hizo reaccionar, empezando a trabajar con un psicólogo para reordenar sus prioridades vitales. «Poco después, pedí ayuda y empecé a ir al psicólogo. Fue un alivio admitir que tenía un problema, aunque los análisis de sangre fueron desastrosos; estaba destrozado mental y físicamente». «Le oculté todo al equipo, a mis compañeros y a mi familia: en el paddock no puedes mostrar debilidad. Solo mi entrenador y mi médico lo sabían. Tardé dos años en volver a sentirme yo mismo», concluye Valtteri Bottas, que en 2017 se convirtió en piloto de Mercedes.
Bottas recuerda su llegada a la F1 como un infierno y deja una confesión brutal: “Era como un drogadicto”

El piloto finlandés de Cadillac, Valtteri Bottas, ha repasado su trayectoria en el automovilismo, incidiendo en los momentos más complicados. Uno de ellos fue durante su etapa inicial a la Fórmula 1, en la que llegó a obsesionarse con el peso y la preparación física, algo que le afectó psicológicamente.

Valtteri Bottas, piloto de Cadillac F1David Plaza[email protected]

Publicado: 01/05/2026 11:00

7 min. lectura

... Síguenos en Google

A sus 36 años, Valtteri Bottas es ya uno de los pilotos más experimentados de la Fórmula 1. No en vano acumula 14 temporadas en las que ha completado 249 grandes premios, ha sido subcampeón del mundo en dos ocasiones, ha obtenido diez victorias y ha subido al podio en 67 carreras.

Es, por tanto, uno de los miembros del paddock que mejor conoce las dos caras de la competición, y en una carta escrita para The Player's Tribune, el finlandés se ha sincerado acerca de muchas de las cosas que le han pasado a lo largo de toda su trayectoria como piloto, incluso desde sus comienzos en el karting.

La estatura y el efecto mágico de las gachas

Una de las cosas que Valtteri Bottas cuenta son los problemas que tuvo con su baja estatura de niño. Tanto es así que incluso tenía problemas para llegar a los pedales, por mucho que su padre le colocara almohadones o apéndices para acercarle a los mismos.

Un día, su abuelo le hizo una recomendación poco antes de la llegada del invierno: «Era demasiado bajo, así que mi abuelo me dijo que comiera gachas de avena. Sinceramente, me parecía una tontería», reconoce Bottas. «Pero estaba tan desesperado por comerlas todos los días que mi madre se cansó de preparármelas y aprendí a cocinarlas yo mismo».

«Me salían por las orejas, pero mi abuelo tenía razón, y para la primavera ya alcanzaba los pedales del kart», recuerda el ahora piloto de Cadillac. «No, las gachas no son mágicas; probablemente solo consumí muchísima fibra. Pero es la lección que hay que aprender si quieres llegar a la Fórmula 1: la monotonía del día a día da sus frutos».

Calcula ahora el precio de tu seguro de coche

Calcula tu precio onlineValtteri Bottas, durante sus inicios en la Fórmula 1 con Williams

Obsesión por las carreras y el rendimiento

Valtteri Bottas debutó en la Fórmula 1 en 2013 y, de cara a la siguiente temporada, en la que comenzaba la era híbrida y los equipos temían empezar la temporada con monoplazas demasiado pesados, Williams le pidió que adelgazara para compensar.

En aquella época, el peso de los pilotos no se igualaba con lastres como en la actualidad, por lo que cuanto más delgados estuvieran, más tiempo por vuelta ganarían. Y eso acabó convirtiéndose en una obsesión para Valtteri Bottas.

«Cuando entré en la F1, mi identidad giraba en torno a las carreras; no me importaba nada más», explica el finlandés. «En 2014, se convirtió en un gran problema. A finales de 2013, tuvimos el parón invernal, y Williams preveía un coche con sobrepeso para 2014, así que el equipo me sugirió que perdiera cinco kilos».

«Si me dan un objetivo tan claro, me obsesiono: “¿Cinco? ¿Por qué no diez? Así podemos hacer que el coche sea aún más rápido”», pensó Bottas en aquel momento. «Así que empecé a comer brócoli y coliflor al vapor todo el tiempo, luego corría y comía más brócoli solo para tener suficiente energía para otra carrera de 90 minutos».

«El juego se había vuelto absorbente; era como un drogadicto. Me despertaba solo a las cuatro de la mañana, tenía una energía imparable y pensaba que tenía aún más tiempo para entrenar», desvela Bottas.

Sin miedo a la muerte... y dos años de rehabilitación mental

Valtteri Bottas admite que llegó un momento en el que su obsesión por el rendimiento le hizo perder contacto con la realidad, algo de lo que se dio cuenta a raíz del horrible accidente de Jules Bianchi en el Gran Premio de Japón de 2014.

«Empecé a tener momentos de confusión mental intensa cada vez que estaba entre mucha gente; solo quería conducir. Luego volvía a casa y parecía un fantasma», explica Bottas. «El punto de inflexión llegó después del accidente de Jules Bianchi [Suzuka 2014]: parecía que ya no me importaba nada; era negativo con todo. ”Si muero, muero”, le dije a mi ex cuando me preguntó si era peligroso competir».

Aquello le hizo reaccionar, empezando a trabajar con un psicólogo para reordenar sus prioridades vitales. «Poco después, pedí ayuda y empecé a ir al psicólogo. Fue un alivio admitir que tenía un problema, aunque los análisis de sangre fueron desastrosos; estaba destrozado mental y físicamente».

«Le oculté todo al equipo, a mis compañeros y a mi familia: en el paddock no puedes mostrar debilidad. Solo mi entrenador y mi médico lo sabían. Tardé dos años en volver a sentirme yo mismo», concluye Valtteri Bottas, que en 2017 se convirtió en piloto de Mercedes.

Este artículo trata sobre

Calcula ahora el precio de tu seguro de coche

Calcula tu precio online
Fuente original: Leer en Motor - Noticias
Compartir