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Internacional

Brasil cierra las urnas y se dispone a medir la polarización del país entre la izquierda y la derecha

Brasil cierra las urnas y se dispone a medir la polarización del país entre la izquierda y la derecha
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Lula da Silva proclama que la elección es entre «democracia o barbarie» mientras Flávio Bolsonaro denuncia que «el país no aguanta más»
Brasil cierra las urnas y se dispone a medir la polarización del país entre la izquierda y la derecha

Lula da Silva proclama que la elección es entre «democracia o barbarie» mientras Flávio Bolsonaro denuncia que «el país no aguanta más»

Regala esta noticia Añádenos en Google Un grupo de votantes se dispone a ejercer su derecho en Brasil. (EFE)

Marta Martínez

04/10/2026 Actualizado a las 22:34h.

Desde la Amazonía hasta las tierras agrícolas del sur, los brasileños acudieroneste domingo a las urnas en una jornada electoral de alta tensión. La polarización ... extrema, el miedo a posibles injerencias externas y los fantasmas del intento de golpe de Estado de enero de 2023 llevaron al Gobierno brasileño a desplegar un operativo de seguridad sin precedentes, con presencia del Ejército en más de 130 municipios, la prohibición del uso de la inteligencia artificial para evitar noticias falsas y controles en las carreteras. Además, embajadas y consulados extranjeros decidieron cerrar sus puertas.

Luiz Inácio Lula da Silva y el clan Bolsonaro son de nuevo los protagonistas de este proceso, como lo fueron hace cuatro años. Entonces, el veterano líder de izquierdas –que había recuperado sus derechos políticos un año antes tras pasar 19 meses en prisión– sacó en la segunda vuelta apenas un 1,8% de ventaja a su rival, el ultraderechista Jair Bolsonaro, que buscaba la reelección. Fue el margen más estrecho de la historia democrática de Brasil, una victoria que el mandatario saliente nunca reconoció y que le llevó a liderar una asonada golpista contra Lula una vez que éste recuperó el poder.

Jair Bolsonaro cumple ahora una condena de 27 años en su domicilio y es Flávio, su hijo mayor, el que se enfrenta a un octogenario Lula, que busca su cuarto mandato. Todos estos ingredientes han influido no solo en la polarización extrema que vive el país, sino en el hartazgo de buena parte de la población brasileña.

El rechazo tanto a Lula como a los Bolsonaro es muy alto y la mayoría votó más «en contra de» que «a favor de». Este sentir lo resumió Janaína Oliveira, de 45 años, poco antes de introducir su papeleta: «Voy a votar al menos peor», indicó la mujer a AFP a las puertas de un colegio electoral de Río de Janeiro.

En ese Estado emitió también su voto Flávio Bolsonaro, que apeló a «la necesidad de un cambio» en el país, que «no aguanta más». «Espero que Brasil dé un voto de protesta contra la era de atraso», indicó.

Lula, por su parte, votó en una escuela en la periferia de São Paulo, donde sacó pecho de sus políticas. No obstante, señaló: «No se resuelven 500 años en 10, 15 o 20 años. Esta elección no es entre personas, es entre la democracia y la barbarie, entre el atraso y el desarrollo».

Ambos representan dos visiones opuestas para el país: de un lado hay un proyecto progresista en lo social, que aboga por un papel fuerte del Estado en materia económica y la lucha contra la deforestación de la Amazonía; por otro, una propuesta ultraliberal en lo económico, conservadora en lo social, de mano dura contra el crimen y de acercamiento con el presidente Donald Trump.

Pero la cuestión no es tan simple. Lula ha gobernado estos cuatros con un gabinete multipartidista –con formaciones que van desde la izquierda a la derecha moderada– y un Legislativo conservador. Ha tirado de medidas ejecutivas para, por ejemplo, frenar la deforestación de la Amazonía o ampliar su programa Bolsa Familia –de ayuda a los hogares más pobres–, pero ha tenido que ceder parcelas de poder y negociar constantemente proyectos clave. Por lo tanto, el Congreso que salga de estas elecciones también va a ser clave para la gobernabilidad del país.Desafección.

El hartazgo y la desafección de los ciudadanos se explica por varios factores. Por un lado está el nivel de corrupción, con sonados escándalos que han implicado a todos, incluidos Lula y Flávio Bolsonaro, y la pugna constante entre el Congreso, la Presidencia y el Tribunal Supremo. Por otro, la inseguridad en las calles y la situación económica. Y es que mientras los indicadores sociales (pobreza, desempleo y hambre) han mejorado drásticamente durante el mandato de Lula, los motores macroeconómicos y financieros enfrentan grandes desafíos por la carga de la deuda, del Estado y de las familias, y las altas tasas de interés.

Durante la campaña para la primera vuelta electoral de ayer, especialmente bronca y sin debates entre los principales candidatos, no ha faltado un buen escándalo de corrupción –el del caso Banco Master, considerado el mayor fraude financiero en la historia de Brasil–, tensiones entre la Iglesia Católica y los evangelistas, las luchas entre los magistrados del Tribunal Supremo y unos candidatos hablando de feminicidio en el proceso electoral más masculino de la historia reciente.

Pero este proceso también está siendo seguido con lupa desde el resto de rincones del continente, especialmente Estados Unidos, que ha visto cómo, elección tras elección, los gobiernos de América Latina han ido cayendo en su espectro ideológico. Brasil es, junto a México, Uruguay y Guatemala, uno de los últimos bastiones del centroizquierda y la izquierda en la región. El temor a una injerencia estadounidense también hizo extremar las precauciones y, de hecho, la Policía Federal de Brasil tiene abierta una investigación por una posible «interferencia».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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