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Bruselas exige "fabricación europea" para blindar el uso de dinero público en sectores críticos

Bruselas exige "fabricación europea" para blindar el uso de dinero público en sectores críticos
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La propuesta legislativa condiciona las ayudas públicas y las licitaciones a que se cuente con la nueva etiqueta 'Made in Europe' en actividades como la automoción, las tecnologías limpias y las industrias de alto consumo energético. Establece condiciones de reciprocidad para que los socios de confianza puedan computar como europeos a estos efectos. Leer
ECONOMÍABruselas exige "fabricación europea" para blindar el uso de dinero público en sectores críticos 4 MAR. 2026 - 13:09Palacio Berlaymont, sede de la Comisión Europea en Bruselas.Simon WohlfahrtEXPANSION

La propuesta legislativa condiciona las ayudas públicas y las licitaciones a que se cuente con la nueva etiqueta 'Made in Europe' en actividades como la automoción, las tecnologías limpias y las industrias de alto consumo energético. Establece condiciones de reciprocidad para que los socios de confianza puedan computar como europeos a estos efectos.

Si quiere optar al dinero público europeo, fabrique en Europa o deje en el bloque comunitario algún tipo de beneficio. Esa es la idea que define la doctrina económica que la Comisión Europea quiere adoptar con su nueva propuesta legislativa, que contempla la creación de la etiqueta Made in Europe, una suerte de preferencia europea para la producción de bienes considerados críticos que involucren ayudas o algún tipo de concesiones en la región.

Bruselas ha presentado lo que se conoce como Ley de Aceleración Industrial (IAA), una regulación diseñada para fortalecer la soberanía económica en respuesta a la competencia de potencias como China o Estados Unidos, que también han introducido sus propios criterios de prioridad nacional en las licitaciones. El objetivo último es atraer, recuperar o blindar la producción en la UE de sectores críticos y evitar una "fuga" de dinero público sin que éste deje valor en la región.

La medida se pone sobre la mesa seis meses después de que Ursula von der Leyen, presidenta del Ejecutivo comunitario, apuntase en esa dirección en su discurso anual del Estado de la Unión, en Estrasburgo, el pasado septiembre. Lo hace, además, después de sonados retrasos e intensos debates internos que reflejan la profundidad del cambio de paradigma que supone esta nueva orientación en la estrategia económica del bloque comunitario, caracterizado siempre por su apertura.

"Estamos pasando de una economía muy ingenua y muy abierta a una que realmente defiende y protege nuestras industrias estratégicas", aseguran fuentes comunitarias, que explican que el mensaje que se lanza a la inversión extranjera es que "sois bienvenidos, pero cuando vengáis tenemos algunas condiciones para asegurarnos de que vuestra acción aporte valor añadido real".

Para materializar su propuesta legislativa, la Comisión Europea ha llevado a cabo un análisis de impacto que estima unos beneficios netos anuales de aproximadamente 8.000 millones de euros al año. En esa cifra sostienen que se incluye tanto la creación de valor en la Unión Europea, como el impacto positivo en el empleo y los beneficios derivados de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, que también han sido monetizados en este análisis. La Ley, además, establece el objetivo de aumentar la participación del sector manufacturero en el PIB de la UE al 20% para 2035.

Dentro de la norma, existen dos elementos centrales que vertebran el profundo cambio en la doctrina económica de la Unión Europea en su nueva búsqueda por una soberanía económica que respete los acuerdos comerciales: qué significa exactamente Made in Europe y cuáles son los sectores críticos afectados por la legislación.

Socios de confianza

Después de intensos debates a nivel técnico y político dentro de la propia Comisión en busca de un "punto de equilibrio", el concepto de Made in Europe se ha diseñado como un compendio de diferentes capas. La primera capa sería la fabricación total en la UE, que quedaría completamente amparada por la regulación y que integra, además, a los países del llamado Espacio Económico Económico, Noruega, Islandia y Liechtenstein.

En la segunda capa entrarían los terceros países. Aquí se introduce la etiqueta de "socios de confianza" que son países con los que la UE mantiene compromisos comerciales relevantes en materia de contratación pública (alrededor de 80 países), algo que será clave para las licitaciones, o acuerdos de libre comercio (casi 80 países), que influirá para los esquemas de ayudas públicas. A efectos de la normativa, la producción e inversión de estos países se considerará equivalente a la europea siempre que exista una reciprocidad real, es decir, que permitan el acceso total a las empresas europeas como si fueran locales.

La Comisión publicará actos delegados para excluir de la IAA a países que, a pesar de tener acuerdos, no respeten la reciprocidad. Si un socio aplica políticas de "Buy National" que discriminan al producto europeo, será excluido de la lista de equivalencia y tendrá que abrir acuerdos de colaboración con empresas europeas y cumplir las condiciones estipuladas para cada sector.

Por último, en el caso de las subastas, especialmente relevantes para las energías renovables, el Made in Europe se circunscribe estrictamente a la UE y los países del Espacio Económico Europeo al no haber acuerdos de equivalencias con terceros países en este ámbito.

"Europa no es un supermercado, tiene que ser una fábrica", indican fuentes comunitarias, que recalcan que "este acelerador industrial es también un acto comercial porque estamos creando nuevas palancas para abrir otros mercados que no están abiertos actualmente". La Comisión Europea asegura que diferentes socios comerciales ya han abierto negociaciones para dar un mayor acceso a las compañías europeas a sus ayudas y licitaciones públicas y lograr así no quedar excluidas ante la llegada de la IAA.

Existe, eso sí, una cláusula de exclusión para garantizar el suministro en situaciones extraordinarias. La norma sobre las licitaciones permite no aplicar el requisito de "Made in Europe" si el producto no está disponible en el mercado o si el uso de productos europeos supone un incremento de precio superior al 20%.

Sectores afectados

El segundo debate más acalorado de la nueva estrategia europea ha sido el de qué sectores y productos incluir entre los considerados críticos y que, por lo tanto, se verán afectados por las condiciones impuestas a terceros países. Finalmente, la nueva legislación se limita a la industria intensiva en energía, las tecnologías limpias y el sector automovilístico.

En el ámbito de las industrias intensivas en energía, la normativa se centra inicialmente en el acero, el aluminio y el cemento, con la facultad de expandirse hacia el sector de los productos químicos en el futuro. Por su parte, el sector de las tecnologías limpias abarca áreas como la energía eólica, los electrolizadores, las bombas de calor, la energía nuclear y el almacenamiento de energía en baterías.

Para los automóviles, la preferencia europea se enfoca en los vehículos eléctricos, estableciendo criterios estrictos de ensamblaje y de origen de componentes, como las celdas de batería, el tren motriz eléctrico y la electrónica.

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Fuente original: Leer en Expansión
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