- ANDRÉS STUMPF Bruselas
La Comisión Europea propone simplificar procesos y permisos e impulsar con compras públicas la demanda de las empresas incipientes. El objetivo es atraer capital privado.
La Comisión Europea quiere pisar el acelerador del desarrollo de su industria tecnológica para reducir potenciales vulnerabilidades. Así lo ha indicado el Ejecutivo comunitario en la presentación de su nuevo Paquete de Soberanía Tecnológica que incluye, entre otras medidas, una hoja de ruta para potenciar la capacidad de los centros de datos europeos, unos elementos que se han convertido en uno de los ejes de la nueva economía.
Bajo el paraguas de la nueva Ley de Desarrollo de Nube e IA (CADA), Europa buscará triplicar la capacidad de sus centros de datos a lo largo de los próximos siete ejercicios.
En 2025, Europa cuenta con aproximadamente 12 gigavatios de capacidad instalada en sus centros de datos, una cifra que apenas representa un tercio de la capacidad actual de Estados Unidos, donde los gigantes tecnológicos acumulan el mercado de negocios en la nube.
Fuentes comunitarias señalan que las estimaciones apuntan a que la demanda total de computación en Europa alcanzará los 60 gigavatios para 2035 y que la falta de legislación provocará una brecha mayor entre oferta y demanda que podría comprometer la competitividad industrial y elevar la dependencia respecto a terceros países.
Para lograr esta expansión industrial, la Comisión Europea estima que será necesaria una inversión de 200.000 millones de euros aproximadamente hasta el año 2036. Se trata de unos fondos que Bruselas prevé destinar a infraestructura física, incluyendo edificios, sistemas de refrigeración, servidores y chips.
El Ejecutivo comunitario aclara que el grueso de los fondos corresponderá a la iniciativa privada. En los proyectos más relevantes, como las gigafactorías de chips, el peso de la financiación pública no superará el 30%.
En ese sentido, gran parte de la nueva estrategia de soberanía tecnológica gira en torno a cómo movilizar el capital privado necesario para impulsar los centros de datos. Según explica la Comisión Europea, mediante la compra pública estratégica, la UE planea utilizar el gasto gubernamental para dar seguridad a las empresas tecnológicas europeas. En lugar de subvenciones directas, se busca que el sector público sea el primer comprador de soluciones innovadoras, garantizando un mercado inicial que atraiga más inversión privada.
"En vez de garantizar la inversión, el objetivo de la Unión Europea será garantizar a las empresas incipientes un impulso en la demanda que necesitan para sus productos", indican fuentes comunitarias.
Además, Bruselas plantea rebajar las exigencias administrativas para facilitar la expansión de la industria. La Comisión Europea pide a los Estados miembros que designen áreas estratégicas para facilitar y agilizar el despliegue, expansión y modernización de infraestructuras de computación. En esas zonas, los procesos administrativos para planificar, construir y operar centros de datos se simplificarán, estableciendo un límite máximo de 12 meses para la concesión de permisos.
Además, los países deberán emitir un permiso base que cubre las autorizaciones administrativas y ambientales comunes para toda la zona, evitando que cada proyecto individual tenga que duplicar estos estudios básicos. También se establece un punto de información único para asistir a los operadores durante todo el ciclo de vida del proyecto, coordinando aspectos como la planificación espacial, autorizaciones de agua y conexiones de red.
"Estas zonas funcionan como un sello de garantía que ofrece a los inversores privados visibilidad sobre el potencial de inversión y la preparación de las regiones europeas para albergar proyectos tecnológicos de vanguardia", indican desde Bruselas.
Chips
Junto con los centros de datos, la Comisión Europea también quiere impulsar la industria europea de chips clave para el despliegue y la adopción de la inteligencia artificial.
Bajo la Ley de Chips 2.0, se busca que la Unión Europea duplique su cuota de mercado mundial de chips para 2030, hasta el 20% desde el 10% actual. Se trata de un reto difícil dado que, aunque la producción europea crece, el mercado global lo hace a un ritmo aún mayor, lo que acaba reduciendo la posición comunitaria en términos relativos.
Europa posee fortalezas en la producción de chips convencionales y nodos maduros, tales como electrónica de potencia, microcontroladores, fotónica y sensores, esenciales para las industrias automotriz y energética, Sin embargo, la UE tiene una nula producción de chips de IA avanzados y semiconductores de vanguardia, un terreno en el que el dominio de China y EEUU es casi total.
Fuentes comunitarias estiman que se requieren 120.000 millones de euros adicionales en inversiones públicas y privadas para cumplir las ambiciones del ecosistema. Esta cuantía se sumaría a los más de 80.000 millones que ha logrado movilizar por el momento la Ley de Chips 1, vigente desde el verano de 2023.
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