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Bruselas urge a replantear el Impuesto sobre el Patrimonio en España

Bruselas urge a replantear el Impuesto sobre el Patrimonio en España
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El informe no aboga por su supresión, pero examina las deficiencias de su arquitectura. La Comisión Europea señala que un impuesto patrimonial eficiente requiere bases amplias. Leer
FISCALBruselas urge a replantear el Impuesto sobre el Patrimonio en EspañaActualizado 22 JUL. 2026 - 00:46DREAMSTIMEEXPANSION

El informe no aboga por su supresión, pero examina las deficiencias de su arquitectura. La Comisión Europea señala que un impuesto patrimonial eficiente requiere bases amplias.

La Comisión Europea ha reabierto con fuerza el debate sobre la fiscalidad de la riqueza en España. El informe Wealth Taxation, Including Net Wealth, Capital and Exit Taxes ofrece un análisis técnico de cómo los tributos sobre el patrimonio neto pueden perder su eficacia debido a diseños complejos, fragmentación territorial y excepciones excesivas. En un contexto donde España destaca por ser el único Estado miembro de la Unión Europea que mantiene un Impuesto sobre el Patrimonio (IP) generalizado -reforzado recientemente por el Impuesto Temporal de Solidaridad de las Grandes Fortunas-, este diagnóstico técnico invita a una reevaluación profunda del sistema tributario actual.

El informe europeo no aboga de forma directa por la supresión de estos gravámenes, sino que examina de manera detallada las deficiencias de su arquitectura. En el caso español, el impuesto convive con tensiones estructurales significativas. Intenta cumplir simultáneamente funciones recaudatorias, redistributivas y de control censal, afectando a bases patrimoniales muy heterogéneas en un escenario de descentralización autonómica. El resultado, según los expertos, es un diseño complejo que genera distorsiones económicas notables sin llegar a cumplir de manera plenamente satisfactoria ninguno de sus objetivos declarados.

Uno de los aspectos más sensibles analizados en el documento de la Comisión es la exención aplicable a la empresa familiar, un elemento habitual en los países que gravan el patrimonio para salvaguardar el tejido productivo, la liquidez y el empleo. Javier Vinuesa Magnet, socio de Gómez-Acebo & Pombo, destaca que la necesidad de estas salvaguardas revela una debilidad intrínseca del tributo. Según explica Vinuesa, "cuando un impuesto requiere amplias exenciones para no dañar la inversión, la continuidad empresarial o el empleo, el problema no es la exención, sino el propio punto de partida del impuesto". De este modo, la coexistencia de estas exenciones con un gravamen generalizado puede terminar desplazando la carga hacia patrimonios de clases medias que cuentan con estructuras de menor complejidad.

Límite del 60%

Esta misma contradicción se observa en el límite del 60% que coordina el Impuesto sobre el Patrimonio con el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). Diseñado teóricamente para evitar que la carga fiscal acumulada resulte confiscatoria, en la práctica suele beneficiar a los contribuyentes con mayor capacidad para gestionar sus rentas financieras, lo que diluye la progresividad efectiva del tributo. Al respecto, Vinuesa apunta una reflexión de fondo sobre el diseño de la norma. "Si un impuesto necesita límites complejos para no resultar confiscatorio, quizá el problema es que no esté bien concebido", afirma el especialista.

A las fricciones técnicas se añade la fragmentación regulatoria en el territorio español. Las disparidades de gravamen entre comunidades autónomas generaron una competencia fiscal que el Gobierno central intentó corregir mediante la creación del Impuesto Temporal de Solidaridad de las Grandes Fortunas. Sin embargo, el análisis comunitario sugiere ahora que este tipo de soluciones añade complejidad regulatoria y litigiosidad en lugar de resolver las debilidades de origen del impuesto sobre el patrimonio tradicional.

Ante este panorama, el informe de la Comisión Europea señala que un impuesto patrimonial eficiente requiere bases imponibles amplias, mínimos exentos elevados y, sobre todo, una sólida coordinación internacional. Entre las alternativas discutidas destaca la propuesta de un gravamen coordinado a nivel global sobre los grandes patrimonios, como el planteamiento del economista Gabriel Zucman en el marco del G20.

El documento estima que un tipo de entre el 2% y el 3% para los patrimonios más elevados a nivel global podría generar una recaudación significativa en la Unión Europea, evitando al mismo tiempo las distorsiones de localización de los modelos puramente locales.

Sin embargo, el análisis de la situación sugiere que la estrategia más prudente para el marco fiscal español implicaría eliminar el carácter temporal y jurídicamente frágil del Impuesto de Grandes Fortunas, suspender la aplicación del Impuesto sobre el Patrimonio a nivel autonómico para evitar mayores distorsiones y trasladar la discusión al plano internacional. La evidencia técnica apunta a que España se beneficiaría al sustituir un tributo con excesivas fricciones internas por enfoques coordinados y técnicamente sólidos, alineados con las tendencias modernas del derecho tributario internacional. "España haría bien en anticiparse a este debate y evaluar seriamente si procede reemplazar un impuesto que acumula tensiones estructurales", concluye Vinuesa.

El espejo francés y la tendencia europea

Mientras se promueve en foros internacionales un impuesto global a las grandes fortunas, las principales economías de la Unión Europea muestran una tendencia opuesta. El caso más reciente se ha vivido en Francia, donde el Senado rechazó con firmeza una propuesta inspirada en las tesis del economista Gabriel Zucman para gravar con un 2% a los patrimonios superiores a 100 millones de euros. Este revés parlamentario evidencia una corriente de fondo en el continente que cuestiona la viabilidad de estos tributos.

Antonio Barderas, director de la Asociación Madrileña de la Empresa Familiar (AMEF), señala que el número de Estados miembros con impuestos sobre el patrimonio neto ha disminuido drásticamente desde los años noventa. Países como Alemania, Suecia, Países Bajos o la propia Francia en 2017 abolieron este gravamen por sus efectos de doble imposición sobre el ahorro.

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Fuente original: Leer en Expansión
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