Viernes, 26 de junio de 2026 Vie 26/06/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Economía

Cómo no va a continuar Sánchez

Cómo no va a continuar Sánchez
Artículo Completo 1,813 palabras
Sánchez tiene un mensaje muy ensayado: él protege y asegura derechos que la derecha quiere anular. Leer
Ensayos liberalesCómo no va a continuar Sánchez
  • TOM BURNS MARAÑÓN
Actualizado 26 JUN. 2026 - 01:07El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer en el Congreso."Jesús Hellín "Europa Press

Sánchez tiene un mensaje muy ensayado: él protege y asegura derechos que la derecha quiere anular.

Aunque el liderazgo de Pedro Sánchez fuese un camino de pétalos de rosas en lugar de ser uno de pedruscos y de espinas, su tiempo en el poder estaría tocando a su fin. A Sánchez, investido presidente del Gobierno en 2018, solo Emmanuel Macron, que ganó las presidenciales francesas el año anterior, le supera como líder longevo al frente de uno de las grandes países europeos.

El intenso e inquieto intelectual que hace tiempo dejó de ser el Júpiter de la política ya se habrá despedido del palacio del Elíseo por estas fechas el año que viene. ¿Seguirá Sánchez para entonces en el de La Moncloa como único ejemplar que certifica la resistencia de la cual es capaz de demostrar un impopular veterano de la política?

Los sondeos dicen que eso es imposible porque el futuro pertenece a una coalición de derechas. Pero, un sexto sentido dice que Sánchez no lo tiene todo perdido. Ningún presidente del Gobierno desde la restauración de la democracia en España ha estado tan apegado al poder como él. Y ninguno ha mostrado tanta habilidad como Sánchez para mantenerse al frente de un gobierno a pesar de perder una elección tras otra.

Se sabe que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente. Y, también, que la depravación del líder se corresponde al tiempo que lleva ejerciendo el poder. Cuanto más se mantiene el liderazgo, más se desgasta éticamente quien lo ostenta. Por eso ahí donde impera la democracia liberal y al contrario de lo que es la norma entre jeques, chavistas, comunistas chinos y líderes de la Federación Rusa y de las exrepúblicas soviéticas, el tope para la permanencia en el poder suele ser el de dos legislaturas.

Con buen criterio la constitución de Estados Unidos limita los mandatos presidenciales sucesivos a dos de cuatro años y la francesa a dos de cinco. Las legislaturas de los regímenes parlamentarios varían entre cuatro años, España, Japón y Alemania, y cinco, Italia, Canadá y Reino Unido. y, por regla general, los líderes que se prolongan más allá de ese tope de una sola repetición dejan un mal recuerdo de su paso por el poder.

El esclarecedor pleno del miércoles mostró que Sánchez, aun estando solo y a la defensiva en una cámara fragmentada, piensa que será la excepción que prueba esa regla. Cree a pies juntillas que él está en el lado correcto de la historia y que pasará a ella como el dirigente que al obtener un tercer mandato impulsó un nuevo periodo constituyente acorde con la realidad de lo que era España en el siglo XXI.

Los dirigentes que se aíslan de la realidad en una torre de marfil le dan vueltas y más vueltas a lo que consideran que es su destino y su lugar en la historia. Sánchez tiene claro lo que son los suyos y nada ni nadie frenará su avance hacia ellos. "¿Cómo no vamos a continuar?", fue la pregunta retórica que lanzó al pleno del Congreso de los Diputados.

En el mejor de los mundos imaginables, Sánchez quiere que futuros cronistas de esta época le alaben por haber desafiado como miembro de la OTAN a los Estados Unidos de Donald Trump, por representar a los que menos tienen en el Sur Global y por haber introducido en España una Carta Magna volcada en valores ilustrados y republicanos.

Cambios de opinión

Un repaso de lo que ha ido pactando Sánchez a lo largo de dos legislaturas con sus socios y aliados en el Congreso y de sus "cambios de opinión" a la hora de llegar a acuerdos da una buena idea del destino que le obsesiona y porque dice es obligada su continuación en el poder. La constitución sanchista impondrá un cordón sanitario a partidos que no compartan sus principios progresistas, reforzará el poder ejecutivo y reflejará un estado plurinacional.

El socialismo nunca ha estado cómodo con la democracia liberal y ya dictó Alfonso Guerra en 1985 que "Montesquieu ha muerto". Ciertamente Guerra, que fue "faro" ideológico de los gobiernos de Felipe González, hoy dice cosas muy distintas y denuncia que un sanchismo "peligrosamente autocrático" está llevando a cabo la deconstrucción del marco constitucional.

Nada de eso lo dice José Luis Rodríguez Zapatero, que en 2004 sentenció que "la nación es un concepto discutido y discutible". El expresidente del Gobierno socialista es el "faro" de Sánchez o al menos lo era hasta ayer mismo. Zapatero alumbraba el sanchismo hasta que fue abierta su caja fuerte. Pero Sánchez denuncia el lawfare que acosa a su compañero y aparentemente sigue confiando en él.

El que Sánchez quiera perpetuarse en el poder abriendo un nuevo periodo constituyente no tiene por qué ser la fantasía de conspiranoicos de extrema derecha que se desahogan en las redes sociales. Una capa de la población, que puede ser amplia o no serlo tanto según los gustos, piensa que el presidente del Gobierno es capaz de alterar en beneficio suyo el marco constitucional y esto es algo sumamente grave en una democracia liberal.

Es perfectamente posible que el presidente del Gobierno esté con la idea de que un profundo repaso a las normas de la convivencia cívica es no solo necesario sino factible. Su ambición rupturista no debería sorprender porque es lo que cabe esperar de un narcisista que padece la pasión de mandar y de un adanista de los pies a la cabeza, como lo es Sánchez, que piensa que todo empieza y acaba con él.

Para satisfacer su desmedida ambición Sánchez cuenta, como todo el mundo sabe, con los partidos nacionalistas y para tener bien atado el futuro apoyo de todos ellos basta con que la alternativa al sanchismo sea un gobierno de derechas coaligado con Vox. Todo el mundo también sabe que a Sánchez no le costará nada reconocer el derecho de autodeterminación en el marco de una España plurilingüe y plurinacional y que prometerá un referéndum consultivo a los nacionalistas que desean pulsar las emociones independentistas.

Sánchez cuenta también con la izquierda de esa izquierda que es la sanchista del voto cautivo y que es la suya. Las autonómicas en Andalucía, y también las de Aragón, demostraron que el neocomunismo, o el socialismo del siglo XXI, retiene una capacidad de movilización nada despreciable. El sanchismo siempre podrá contar con esa muleta que puede ser Podemos, Sumar o cualquier reinvención de ambas plataformas.

La piedra angular del edificio constitucional que quiere construir Sánchez es el sistema clientelar que ha crecido con el sanchismo y es una piedra del más puro granito. El presidente del Gobierno tiene un mensaje muy ensayado y que consiste en que él representa, protege y asegura derechos que la derecha quiere anular.

Es el discurso de la defensa de lo público frente a la codicia de las elites y del capitalismo de amiguetes. Es el victimismo de quien es atacado por los mismos que financian a Trump y apoyan el genocidio en Gaza. Es una arenga sencilla de elaborar que se divulga con facilidad y, puesto que el revanchismo pertenece al orden natural de las cosas, que se consume con apetito.

Caja

Para satisfacer al amplio público clientelar, Sánchez dispone de "caja" gracias a una presión fiscal que no ha dejado de aumentar, a dineros europeos que siguen fluyendo y a un crecimiento económico que aminora la marcha pero que mantiene un buen ritmo. El Estado de Bienestar será insostenible en otros lugares pero en la España de Sánchez goza de una insultante salud.

Un tercer mandato es por lo tanto factible y es tanto más realizable si cuenta con el voto de los "nietos" que, con la nacionalización bajo el brazo, acudirán a las urnas en los consulados y las embajadas de España en Latinoamérica. A ellos les trae sin cuidado que Sánchez abra un rupturista y divisivo proceso constituyente.

No así en España, donde el grado de desconfianza con el sanchismo y con la legión de asesores en La Moncloa ha reducido a los niveles de "Torrente Presidente" el ambiente que se respira en cualquier bar de la vecindad a la hora del aperitivo. Quienes hostigan verbalmente a Sánchez en las contadas ocasiones que aparece en público lo hacen porque desprecian la altanería. La hostilidad que genera el envanecimiento ha sido siempre un rasgo muy español.

Pero los arraigados al espacio entre Hendaya y Gibraltar son, a la vez, educados y si se le insulta al presidente del Gobierno en la calle es porque el hartazgo con el sanchismo alcanza niveles descabellados. A Sánchez se le llama H d P a voz en grito porque se teme lo que el presidente del Gobierno es capaz de hacer para perpetuarse en La Moncloa.

Si los colaboradores más cercanos de Sánchez se juntan en bandas criminales para defraudar a Hacienda qué no hará él con las urnas para escamotear lo que votan los electores. ¿No escondía urnas detrás de cortinas cuando el aparato socialista se disponía a decidir su continuidad como secretario general del partido?

"Cómo no vamos a continuar", dice Sánchez. Los terceros mandatos suelen acabar en llanto y crujir de dientes. En el caso del de Frankenstein 2.0 eso es muy probable.

Ni da explicaciones ni convoca eleccionesLaboristas vivos, socialistas zombisPrimera condena al Gobierno de Sánchez Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
Compartir