No vale solo con el deseo del niño, ni con su madurez: el resto de la familia tiene derecho a veto
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Regala esta noticia Añádenos en Google 04/06/2026 Actualizado a las 00:27h.Las redes sociales están llenas de vídeos sobre mascotas, motivo por el que muchos niños presionan a sus padres para adoptar una. Antes de ceder ... a esas pretensiones, sin embargo, conviene preguntarse si está realmente preparado para la responsabilidad que supone cuidar de otro ser vivo. Y ojo, porque la decisión implica a todos los que viven en casa. Carlos Gutiérrez, veterinario y cabeza visible del canal de YouTube 'Mascotas y Familias Felices', desaconseja adoptar animales únicamente porque el pequeño de la casa quiera: «Es importante que toda la familia esté concienciada de lo que supone; que la decisión sea unánime. Los adultos también tienen que estar comprometidos con el cuidado del animal».
Una cuestión de madurez
Incluir un miembro más en la familia es algo serio. Existen una serie de factores psicológicos y de madurez que conviene observar para saber si nuestro hijo podrá hacerse cargo del animal. Para Sofia Rademaker, directora del Centro Psicológico SMC, uno de los indicadores más fiables es la capacidad de autorregulación, de poder hacer algo incluso cuando no apetece, como sería sacar al cachorro a pasear incluso cuando llueve o cuando estamos jugando a la videoconsola. «En psicología del desarrollo, esto se relaciona con las funciones ejecutivas, que empiezan a consolidarse en la infancia media y predicen la capacidad de asumir responsabilidades», señala.
Para la psicóloga también resulta clave la empatía: «No se trata de que el niño entienda completamente al animal, sino de que pueda reconocer que tiene necesidades propias». Y más aún la comprensión de límites. «Un niño preparado empieza a tolerar que no todo gira en torno a su deseo inmediato, lo que conecta con el desarrollo moral descrito por Lawrence Kohlberg, donde el paso de un pensamiento egocéntrico a uno más orientado a normas es clave. En el fondo, no se trata de cuánto desea una mascota, sino de si empieza a poder salir de sí mismo para cuidar a otro», resume.
285.000 abandonos cada año
En España hay unos 30 millones de animales de compañía. El 45% de los hogares tienen al menos una mascota. Es un número importante, como también lo es el de los abandonos que se producen cada año. La Fundación Affinity habla de unos 285.000 casos anuales. Los principales motivos aducidos son la falta de tiempo y los cambios en las circunstancias familiares. En periodos clave, como la Navidad y las vacaciones de verano, los abandonos aumentan hasta un 30%.
Errores... y consecuencias
Si nos planteamos tener un perro o un gato, hay algo que tenemos que hacer sí o sí: meditar si encajará en nuestra forma de vida, señala Gutiérrez. No hacerlo es el principal error de muchas adopciones fallidas. «Hay que pensar si podremos llevarlo con nosotros o dejarlo al cuidado de alguien durante las vacaciones; pero también si nuestra economía podrá hacer frente al gasto que supone tener un animal en casa: alimentos, imprevistos, atenciones del veterinario…».
También debe tenerse en cuenta, explica Rademaker, que «el deseo infantil es como una ola: intensa, convincente… y a menudo breve». Por eso, aconseja no ceder a sus pretensiones salvo si se mantienen durante meses, están acompañadas de un interés genuino por el proceso –«si el niño pregunta por los cuidados concretos que necesitará el animal, no sólo por cuándo llegará a casa»– y el menor ha dado muestras de conductas responsables con anterioridad.
Por desgracia, las consecuencias de toda adopción prematura suelen recaer sobre el animal, advierte Gutiérrez. «Cuando un niño pierde el interés por la mascota empiezan a aparecer problemas relacionados con su bienestar: razas de perros que requieren actividad y no la tienen (con dificultades de comportamiento, destrozos en casa…), descuido de sus atenciones básicas, falta de higiene, patologías derivadas de no pasar chequeos regulares en el veterinario (higiene dental, enfermedades crónicas no detectadas, obesidad…)», precisa el experto.
A este respecto, el veterinario recomienda que los adultos inculquen a los más pequeños la idea de que el animal es parte de la familia. «Por ejemplo, planificando paseos familiares los fines de semana, acudiendo juntos a la consulta veterinaria o incluso a la tienda de alimentación para comprar pienso. Esto refuerza ese sentimiento de que están haciendo algo en conjunto para el bienestar del animal con el que conviven».
Un mundo de beneficios emocionales
Tener un animal en casa puede presentarse como una oportunidad educativa, no siendo pocos los estudios que asocian el cuidado de una mascota a beneficios emocionales y de desarrollo en niños. Para Rademaker se resumen en tres:
- Regulación emocional: «Interactuar con animales se ha asociado con una disminución del cortisol y un aumento de la oxitocina, lo que facilita los estados de calma».
- Sensación de seguridad y apego: «Los animales pueden funcionar como figuras de apoyo emocional, especialmente en niños, en línea con la teoría del apego de John Bowlby».
- Competencia social: «Algunos estudios han encontrado que los niños con mascotas muestran mayores habilidades sociales y prosociales».
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