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Cómo superar la fragmentación del sistema bancario europeo

Cómo superar la fragmentación del sistema bancario europeo
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El verdadero riesgo sistémico de Europa reside en su fragmentación, no en su integración. Leer
OPINIÓNCómo superar la fragmentación del sistema bancario europeo
  • FRÉDÉRIC OUDÉA Chairman de Revolut Europa Occidental
Actualizado 24 JUL. 2026 - 11:47Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El verdadero riesgo sistémico de Europa reside en su fragmentación, no en su integración.

A medida que Europa busca consolidar su posición en un panorama geopolítico caracterizado por su rápida transformación, se ha constatado que el dinero para financiar nuestro futuro existe, pero la arquitectura financiera para canalizarlo, no. En este sentido, para financiar una transición digital y ecológica, reforzar nuestra defensa colectiva e impulsar la innovación, Europa necesita una movilización masiva de capital.

Aunque ya contamos con un supervisor único y normas prudenciales ampliamente armonizadas, los mecanismos para generar y canalizar el capital siguen condicionados por trabas políticas. El sector bancario europeo continúa dividido por fronteras geográficas, lastrado por redes de seguridad estrictamente nacionales, mercados de capitales fragmentados y normativas dispares.

Para solucionar este problema, es necesario desterrar un falso mito normativo que ha condicionado la política europea desde 2008: asumir que la expansión transfronteriza implica automáticamente un riesgo sistémico. Si Europa pretende salvaguardar su soberanía económica y no depender de la banca extranjera para poder financiar su crecimiento, necesita contar con líderes financieros globales propios. Y la única forma de crearlos es alcanzar un mercado interior paneuropeo unificado.

El coste de la fragmentación

A raíz de la crisis financiera de 2008, el foco regulatorio dio un giro decisivo hacia el proteccionismo nacional. Ante el miedo al escenario de entidades "demasiado grandes para caer" (too big to fail), los gobiernos incentivaron a los bancos a reducir riesgos replegándose dentro de sus propias fronteras.

El resultado es un sistema bancario europeo demasiado fragmentado para competir. Solo hay que mirar las cifras para ver el coste geopolítico de esta estrategia. Antes del año 2008, los bancos europeos y estadounidenses estaban prácticamente a la par. Hoy en día, gracias a que Estados Unidos opera como un verdadero mercado único, un solo banco estadounidense como JPMorgan Chase vale más en Bolsa que las diez principales entidades europeas juntas. A pesar de que esta prudencia esté justificada, la extrema cautela de Europa por evitar las crisis del pasado está provocando que nuestro continente se quede fuera de la economía global del futuro.

Esta fragmentación genera una fragilidad financiera real. Cuando los bancos quedan estrictamente confinados a sus fronteras nacionales, acaban peligrosamente sobreexpuestos a la deuda soberana de su país de origen. Esto da lugar al temido círculo vicioso: un shock económico localizado en un Estado miembro de la UE paraliza al instante la capacidad de sus bancos nacionales para conceder préstamos, dejando sin crédito a las empresas locales justo cuando más lo necesitan.

A esto debemos sumar un enorme coste de oportunidad. Europa se enfrenta a un déficit de financiación anual de 620.000 millones de euros para invertir en innovación y crecimiento. Sin embargo, dado que nuestros mercados de capitales siguen operando de forma fragmentada, las scale-ups europeas se ven obligadas a cruzar el Atlántico para conseguir financiación en sus fases más avanzadas. Nos sobra capital, pero carecemos de la infraestructura financiera necesaria para movilizarlo; en la práctica, estamos financiando a nuestros rivales globales mientras 33 billones de euros de capital europeo languidecen infrautilizados tras las fronteras nacionales. Canalizar este capital es la única vía para financiar la transición energética, modernizar nuestros envejecidos sistemas sanitarios y reforzar nuestras capacidades conjuntas de defensa.

El verdadero riesgo sistémico de Europa reside en su fragmentación, no en su integración. Ante una perturbación económica, un ecosistema local y fragmentado colapsa; por el contrario, si esa misma perturbación afecta a un mercado paneuropeo diversificado y con liquidez transfronteriza, el impacto se amortigua y se disipa.

Completar la integración del mercado

El sector privado ha dejado claro que la tecnología para unificar los mercados fragmentados de Europa ya existe. Sin embargo, la tecnología por sí sola no puede subsanar las carencias de un marco regulatorio paralizado que, a menudo, es incapaz de seguir el ritmo de la innovación.

Durante una década, la Unión Bancaria europea ha quedado a medio construir, atrapada en un modelo donde las normas centralizadas conviven con redes de seguridad nacionales aisladas. Para avanzar, los legisladores deberían centrarse en medidas pragmáticas e inmediatas: impulsar una mayor convergencia entre los esquemas nacionales actuales, respaldada por mecanismos de garantía mutua y respaldo financiero. Este enfoque aportará la tranquilidad regulatoria necesaria para fomentar una consolidación transfronteriza saludable, permitiendo que surjan de forma orgánica auténticos líderes paneuropeos.

Más allá de la Unión Bancaria, nuestros mercados financieros en general siguen lastrados por el lento avance hacia una auténtica Unión de Ahorro e Inversión. La aplicación desigual de las normativas y la sobrerregulación nacional (gold-plating) continúan inmovilizando el capital dentro de las fronteras, restringiendo el libre flujo necesario para financiar la innovación.

Modelo creado en Europa para Europa

Un modelo sin fronteras es la solución definitiva a la fragilidad financiera de Europa. En lugar de un entramado de filiales locales, necesitamos infraestructuras tecnológicas más unificadas que permitan operar sin fricciones en los 27 Estados miembros de la UE. Esto resuelve de raíz el círculo vicioso, permitiendo que una desaceleración económica localizada en un mercado se estabilice de forma natural gracias a la fortaleza de los 26 restantes.

Es fundamental crear las vías de financiación que Europa necesita urgentemente. Debemos dotar a los ciudadanos de herramientas que les permitan movilizar su dinero con facilidad, transformando los depósitos locales pasivos en inversiones paneuropeas activas. De este modo, podremos reinyectar en la economía real esos 33 billones que actualmente están parados.

No podemos permitir que el enfoque excesivamente prudente del pasado siga dictando nuestro futuro. Europa tiene el talento, el capital y la tecnología para liderar a nivel mundial. Ha llegado el momento de adoptar medidas decisivas para culminar este proceso, unificar nuestros mercados y recuperar nuestra soberanía económica.

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Fuente original: Leer en Expansión
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