El cirujano Luis Ocaña destaca que una persona con esta enfermedad crónica vive 10 años menos que el resto
Regala esta noticia Imagen del doctor Luis Ocaña durante la entrevista con SUR. (MARILÚ BÁEZ) 07/05/2026 a las 00:01h.El doctor Luis Ocaña es coordinador de la Unidad de Cirugía Endocrina, Bariátrica y Sarcoma del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria. Así, ha ... presidido el comité organizador del XIV Congreso de la Sección Europea de la Federación Internacional de Cirugía y Otras Terapias para la Obesidad (IFSO-EC 2026), que se celebra en Málaga desde el miércoles hasta el viernes. En esta entrevista, repasa la realidad de la patología y es contundente: «Estamos ante una enfermedad llena de estigma, tenemos que asumir que es una patología crónica».
—Desde hace dos o tres años, ya llevaban varios años apareciendo muy buenos fármacos: consiguen que la pérdida de peso empiece a acercarse a los estándares que consigue la cirugía bariátrica. Esto no tiene que ser una confrontación. Somos complementarios. Yo ahora veo a los cardiólogos, a los endocrinólogos, a los neumólogos hablando de que los pacientes con estos fármacos curan esas otras enfermedades, aparte de perder peso. Y me recuerda a los cirujanos hace 20 años cuando empezamos a hablar de cirugía metabólica y decíamos: «Oye, nuestro paciente ya no tiene diabetes, ya no tiene hipertensión». ¿Cuál va a ser el problema? La cirugía es un tratamiento definitivo. La medicación no. La medicación depende de que el tratamiento sea continuado. Es cierto que el paciente debe aprender lo suficientemente bien nuevos hábitos saludables, dietéticos y de actividad física como para no ser tan dependiente de la misma.
—¿Qué beneficios ha traído la cirugía robótica?
—Es, sin duda, ya no digo el futuro, sino el presente: es más segura, tiene menos complicaciones, menos estancia media, menos dolor. La disponibilidad todavía no está implementada como nos gustaría en todos los hospitales o unidades, pero se está avanzando en ese sentido.
«La cirugía robótica es no ya el futuro, sino el presente: es más segura, tiene menos complicaciones, menos estancia media, menos dolor»
—La obesidad infantil y juvenil es un problema importante en Andalucía. ¿Están notando que cada vez llegan pacientes más jóvenes al quirófano?
—Sin duda. Esta es nuestra asignatura pendiente: la atención y la prevención primarias. Nosotros nos dedicamos básicamente a la prevención secundaria, que es hacer un diagnóstico lo más precoz posible, y también a la prevención terciaria, que es hacer el mejor tratamiento quirúrgico, pero adolecemos de una prevención primaria que también es la más cara y la que implica más a la sociedad y, sobre todo, a los políticos. Hay que hacer campañas desde el primer momento que se que se circunscriban a todo ello, porque los pacientes, claro, son cada vez más jóvenes. Vamos a los colegios y vemos que los niños son cada vez más obesos. Hay un ejemplo muy curioso: la enfermedad del hígado. El hígado tarda mucho tiempo en dar la cara y en fallar, a veces 20, 30 años. Pero ¿qué pasa? Que si ya empezamos con obesidad severa a los 10 años, cuando el paciente tiene 40, 50 años, ya hay que hacer un trasplante hepático debido a la grasa y a la enfermedad hepática metabólica por la obesidad. Hígado no va a haber para todos.
La vida real
—Después de esta intervención viene la vida real. ¿Cómo se garantiza que ese paciente no vuelva a ganar peso en cuatro o cinco años?
—No buscamos culpables, buscamos trabajar de forma conjunta con el paciente, pero es indudable que el paciente tiene que estar en todo el proceso siendo el actor principal; el compromiso es muy importante. No podemos olvidar que esta enfermedad es tan compleja que viene por muchísimas causas y pensar que el paciente es el que la ha ocasionado es no entender nada de una patología que es muy seria y que condiciona: se sabe que de media viven 10 años menos que el resto de la población si no se operan o no ponen alguna solución a su obesidad extrema. Por supuesto que la vida que aparece después es una diferente, tienen que estar preparados. Le puedo contar de forma anecdótica que ha habido pacientes que han venido a verme después de haber perdido 80, 100 kilos, a decirme que les he arruinado la vida. Su cuerpo no les gusta, no van a la playa, no hacen reuniones familiares, no se reúnen con sus amigos porque quedaban para ir a comer y ellos ya no los llaman, pero hay que estar también preparado para todos estos aspectos laborales, de vida, de relación, de pareja, sexuales, relacionados con el hacer deporte, con el vestirse, con el aspecto económico, es que la vida es totalmente diferente. Pero, por contra, dejan la medicación para la diabetes, solamente tomarán un fármaco para la hipertensión en vez de tres. Algunos dejan la máquina para dormir y muchos vuelven a hacer deporte de una forma realmente eficiente.
«Ha habido pacientes que han venido a verme después de haber perdido 80 o 100 kilos a decirme que les he arruinado la vida»
—¿Qué tanto por ciento de pérdida se logra con esta cirugía?
Nosotros empezamos a hablar de éxito en cirugía bariátrica cuando el paciente pierde más del 60% del exceso de peso, no del peso total. Casi todas las técnicas bariátricas lo consiguen, por lo menos los primeros dos años. Ahí es donde llegamos al objetivo que nos hemos planteado. Después vienen los años más difíciles, que es mantenerse. Ahí tiene que tiene que estar el equipo muy pendiente. Yo pienso que el paciente bariátrico intervenido debe seguirse de por vida.
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