“Hasta el 45% de los casos de demencia están relacionados con factores modificables que podemos cambiar, como nuestro estilo de vida, estado de salud y entorno”, indicó Mario Siervo, investigador de la Universidad Curtin (en Australia) y coautor del estudio. “Pero no basta con informar a la gente sobre esos riesgos; las campañas de sensibilización son importantes, pero por sí solas rara vez conducen a un cambio de comportamiento significativo o duradero”.
Informar mejor para prevenir mejor
Tal como señala el profesor Siervo, casi la mitad de los casos de demencia están relacionados con factores modificables, como la hipertensión, la diabetes, la inactividad física, el tabaquismo, la obesidad, el aislamiento social o la pérdida auditiva no tratada. Algunos ajustes al estilo de vida son más sencillos que otros, pero aun así, persiste la idea de que no existe ninguna forma de reducir el riesgo.
“Todavía existe la creencia generalizada de que la demencia es una parte inevitable del envejecimiento, lo cual no es cierto”, dijo Blossom Stephan, coautora de la investigación. “Pero incluso cuando las personas son conscientes de los riesgos, obstáculos como el tiempo, el costo y la motivación pueden impedirles realizar cambios en su estilo de vida”.
Con el objetivo de evaluar qué tan eficaces son las campañas dirigidas al público general, los investigadores revisaron todos los estudios disponibles sobre intervenciones comunitarias enfocadas en la prevención de la demencia. Tras analizar miles de prublicaciones, identificaron únicamente doce estudios realizados en los ochos países mencionados, con tamaños de muestra que iban desde 51 hasta más de 8,000 participantes.
Si bien las campañas masivas (televisión, radio, redes sociales, materiales impresos) lograron llegar a un gran número de personas, produjeron cambios relativamente modestos en el conocimiento de los factores de riesgo. En cambio, las intervenciones más interactivas (cursos en línea, programas educativos personalizados, actividades comunitarias) consiguieron mejoras más consistentes tanto en el conocimiento como en la adopción de conductas saludables.
segundo estudio que complementa el primero. Este amplía el panorama al mostrar que la prevención de la demencia no depende únicamente del cerebro, información que es de suma importancia que llegue a la población.Los investigadores analizaron datos de casi 500,000 adultos seguidos durante una mediana de 13.6 años. Su interés se centró en la llamada obesidad sarcopénica, una condición en la que el exceso de grasa corporal se combina con baja masa muscular o poca fuerza.
Durante el seguimiento se diagnosticaron 8,647 casos de demencia.
Los resultados mostraron que las personas con obesidad sarcopénica presentaban un riesgo 34% mayor de desarrollar demencia que quienes no tenían obesidad ni pérdida muscular. Un incremento similar se observó entre quienen presentaban sarcopenia, es decir, pérdida de músculo, incluso sin obesidad.
El análisis también reveló diferencias según la edad y el sexo. Las asociaciones fueron más intensas en personas menores de 65 años y en hombres.
Este resultado sugiere que la fuerza muscular podría convertirse en un indicador sencillo para identificar personas con mayor riesgo antes de que aparezcan problemas cognitivos evidentes.
Un mismo objetivo desde diferentes ángulos
Aunque ambos estudios analizan aspectos distintos de la prevención, sus conclusiones convergen.
Por un lado, la revisión sistemática muestra que las campañas informativas funcionan mejor cuando no se limitan a difundir pasivamente mensajes generales, sino que ayudan a las personas a comprender su propio riesgo y las acompañan en el cambio de hábitos.
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