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Política

Cataluña necesitaba vivienda y Puigdemont le dio una amnistía

Cataluña necesitaba vivienda y Puigdemont le dio una amnistía
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Junts confía todo al regreso del ex president huido, pero hay algo que ni cien Pumpidos podrán conseguir, y es borrar sus nueve años en el extranjero Leer

Siempre es una incógnita la influencia que tendrá un partido después de unas elecciones, pero podemos convenir que difícilmente volverá a estar Junts en una posición tan ventajosa como en esta legislatura. Una combinación de siete votos imprescindibles y un presidente dispuesto a lo que sea dio a Puigdemont un poder sobre la política española que pocos han podido disfrutar.

Él utilizó ese poder para conseguir una amnistía. Es decir, para sí mismo. Podrá esgrimir Junts el triunfo que supone para el independentismo haber humillado de esta manera a la nación española y hará bien, porque tiene razón. Pero una cosa es la teoría política y otra la percepción ciudadana, y aquí los caminos del partido y del pueblo al que dice representar en sus más puras esencias divergen cada vez más.

Cuando el pasado 9 de junio publicamos en EL MUNDO una encuesta catalana de mitad de legislatura saltaron dos alarmas: la del PSC, que perdía cuatro puntos de intención de voto y cualquier posibilidad de repetir Gobierno; y la de Junts, que caía siete puntos y estaba en empate técnico con Aliança, la nueva sensación del independentismo. Hace unos días el CEO, el llamado CIS catalán, confirmaba esta tendencia, hundiendo todavía un poco más a Puigdemont.

En este último estudio se preguntaba por los problemas de los catalanes y las respuestas eran la vivienda (28%), la inmigración (10%) y la seguridad ciudadana (10%). Las «relaciones Cataluña-España», única referencia al independentismo, aparecían en el subsuelo de la lista con un 2%.

Cataluña ha sido la región que ha aplicado con más entusiasmo las políticas de vivienda del Gobierno y acaba de ser agraciada con el mayor número de solicitudes en la regularización de inmigrantes. Junts podría haber utilizado su influencia para cambiar estas cosas, pero no lo ha hecho. Su estrategia de arrancar concesiones en forma de supuestas competencias llegó a crear una dinámica tan extraña que simplemente la gente dejó de escuchar. Ahora el plan consiste en exhibir que no tienen nada que ver con Sánchez, pero claro, ahí sigue Sánchez gobernando hasta el fin de los días gracias a sus siete votos.

Junts confía todo al regreso de Puigdemont, pero hay algo que ni cien Pumpidos podrán conseguir, y es borrar sus nueve años en el extranjero. Vivir lejos de la tierra a la que dices representar es un problema mucho más profundo que la mera ausencia del líder. En 2017, cuando Puigdemont cruzó la frontera, ni la vivienda ni la inmigración eran problemas acuciantes en Cataluña. Es difícil asumirlo por mucho que te lo cuenten.

Un rápido vistazo a su actividad reciente confirma las sospechas: un mensaje a los «norcatalanes» por los incendios, algo del uso del catalán en una empresa y un tuit sobre la «represión española». La de Silvia Orriols, líder de Aliança y su rival directa, ha sido denunciar las «mezquitas salafistas que predican contra Occidente», criticar el «cordón sanitario» en su contra y clamar por la vivienda en este tono: «Nos encaminamos más hacia expropiaciones comunistas que hacia la tradición catalana que protegía la propiedad». Dos mundos distintos.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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