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Investigadores del Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS) de la Universidad de Granada demuestran que la opción de cenar fruta, denostada por las tendencias nutricionales centradas en las proteínas, se asocia con un mejor control de la glucosa nocturna en adultos con obesidad.
Los alimentos que integran cada comida del día influyen en los niveles glucémicos posteriores y la fruta es un aliado fundamental y un elemento clave frente a los mensajes alarmistas que circulan en redes sociales, según los resultados de una investigación liderada por la Universidad de Granada y publicada en la revista Clinical Nutrition.
Los expertos analizan cómo se relaciona cada comida del día con la respuesta posterior de glucosa en sangre en adultos con obesidad y muestran que los desayunos con mayor consumo de fruta, lácteos, café o té sin azúcar añadido y de proteína se asociaron con una menor variabilidad glucémica posterior, lo cual es positivo para la salud.
En cambio, los almuerzos ricos en carbohidratos se relacionaron con una mayor variabilidad glucémica posterior. A esta conclusión más conocida de añade otra evidencia que viene a desmontar falsos mitos en nutrición: en la cena, una mayor ingesta de fruta también se asoció con una mejor respuesta de la glucosa durante la noche, mientras que el consumo de bebidas alcohólicas, carnes procesadas y pan o pasta refinada mostró la respuesta contraria.
"La alteración de la glucosa posprandial se asocia con un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y de mortalidad por todas las causas. Aunque la ingesta dietética influye en la respuesta a la glucosa, las respuestas de la glucosa posprandial específicas de cada comida en condiciones de vida libre siguen estando mal caracterizadas en adultos con obesidad. Este estudio transversal examinó si la ingesta dietética en el desayuno y el almuerzo se relaciona con la glucosa posprandial posterior, y si la ingesta en la cena se relaciona tanto con la glucosa posprandial como con la nocturna", señala el estudio.
"La principal novedad del trabajo radica en haber evaluado de forma exhaustiva y en condiciones de vida real cómo la composición de cada comida principal se relaciona con la respuesta posterior de glucosa", apuntan los autores en un comunicado de la Universidad de Granada.
Los investigadores incluyeron en su estudio un total de 146 participantes con una edad media de 49,5 años, que llevaron un monitor continuo de glucosa, un pequeño sensor que mide de manera ininterrumpida los niveles de glucosa en sangre, durante 14 días consecutivos. Durante ese mismo periodo, se evaluó la ingesta de alimentos, con especial atención al desayuno, el almuerzo y la cena. Los investigadores emparejaron cada comida con su correspondiente respuesta glucémica en el día a día de estas personas, fuera de entornos controlados de laboratorio, lo que ofrece una perspectiva más generalizable de los resultados, explican.
Los investigadores cotejaron que mayores ingestas de fruta, lácteos y bebidas no azucaradas daban una mejor respuesta de los niveles de azúcar en sangre. "Cada aumento del 5% del aporte energéticoy un menor consumo de patrones dietéticos ricos en carbohidratos en el almuerzo se asoció con una menor variabilidad de la glucosa posprandial. En la cena, un mayor consumo de bebidas alcohólicas, carnes procesadas y pan o pasta refinados se asoció con respuestas perjudiciales de la glucosa nocturna por cada aumento del 5%, mientras que una mayor ingesta de frutas mostró el patrón opuesto.
"Estos hallazgos destacan las relaciones dinámicas entre la ingesta dietética específica de cada comida y las respuestas subsecuentes de la glucosa en adultos con obesidad en condiciones de vida libre, con implicaciones potenciales para estrategias de nutrición de precisión destinadas a mejorar la regulación de la glucosa."
Juan José Martín Olmedo, investigador de la UGR y primer autor del estudio, junto a Lucas Jurado Fasoli, investigador de la UGR y autor sénior, destacan que "uno de los mensajes más importantes que se desprende de este trabajo es reivindicar el papel saludable de la fruta, también en la cena.
"En redes sociales se ha extendido un discurso alarmista que demoniza el azúcar de la fruta y desaconseja su consumo, especialmente por la noche, pero nuestros datos muestran justo lo contrario. Más allá de su contenido en azúcares, la fibra y los compuestos bioactivos favorecen globalmente una mejor respuesta posterior de glucosa. En una población con riesgo elevado de diabetes tipo 2, renunciar a la fruta por miedo infundado podría ser incluso contraproducente".
Los investigadores señalan la necesidad de realizar ensayos clínicos que confirmen si modificar la composición de comidas concretas (por ejemplo, incorporando fruta en la cena o reduciendo los carbohidratos en el almuerzo) promueve mejoras clínicamente relevantes en la regulación de la glucosa a largo plazo. Estos estudios son especialmente importantes en personas con una alteración del metabolismo de la glucosa, como la diabetes tipo 2".
*La investigación se ha realizado en el marco del grupo de investigación PROFITH CTS977 del Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS), liderado por el catedrático Jonatan Ruiz Ruiz, en colaboración con el CIBER de Obesidad (CIBEROBN), el ibs.Granada, el Hospital Universitario Clínico San Cecilio y el Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada.
Clinical Nutrition https://doi.org/10.1016/j.clnu.2026.106671
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