- PATRICK JENKINS
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El ejecutivo ha construido la compañía más grande de Europa a través de un monopolio absoluto en los equipos más avanzados para la fabricación de chips.
Quienes estén preocupados por el cortoplacismo del sector tecnológico, la fanfarronería de tantos magnates de la tecnología y la fragilidad de la burbuja de la IA deberían visitar Veldhoven, el discreto municipio neerlandés que alberga a la mayor empresa de Europa.
ASML, posiblemente la compañía más importante, aunque discreta, del ecosistema de la IA, emplea a casi la mitad del municipio, que tiene una población de 47.902 habitantes, y a otras 25.000 personas más, que se dedican a la labor práctica de fabricar y comercializar las máquinas cada vez más grandes que producen chips informáticos cada vez más pequeños.
En cuanto a su consejero delegado, Christophe Fouquet, desde luego no es un magnate de la tecnología. Este físico francés con los pies en la tierra representa un refrescante contrapunto a los vendedores de Silicon Valley y un defensor más convincente de la durabilidad del avance tecnológico.
El secreto del éxito de esta empresa de 42 años, me comenta Fouquet en una discreta sala de reuniones en la sede de ASML, ha sido el trabajo en equipo. "Si tuviera que resumirlo, diría que se ha basado en una cooperación extrema con el ecosistema, que incluye, en primer lugar, a nuestros clientes, pero también a nuestra cadena de suministro", explica, describiendo a ASML como el epítome de la empresa europea colaborativa, en marcado contraste con la agresiva empresa estadounidense.
ASML, aunque todavía desconocida para muchos fuera del sector tecnológico, es un eje cada vez más crucial en la fabricación global de chips. Posee una cuota de mercado extraordinaria en máquinas de litografía para la fabricación de chips, incluyendo un monopolio absoluto en las máquinas de ultravioleta extremo (EUV) más avanzadas esenciales para la fabricación de chips para aplicaciones complejas de IA.
"Creo que se ha producido una especie de toma de conciencia en gran parte del mundo, sobre cómo unas pocas empresas se han vuelto cruciales para el futuro de toda la economía", afirma Fouquet, señalando la subida del 88% del precio de las acciones de la compañía durante el último año y su capitalización de mercado de 591.000 millones de euros.
Explica cómo los inversores que se entusiasmaron con la visión de Nvidia sobre la IA aplicada al diseño de chips se percataron de la importancia vital de la taiwanesa TSMC para la fabricación de dichos chips. "Entonces empezaron a preguntarse: 'Por cierto, ¿cómo fabrica TSMC esos chips?'. Y entonces descubrieron que utilizaban una máquina EUV, [y] de repente todos se dieron cuenta de que sólo había una empresa, ASML, que fabricaba esas máquinas".
En una economía global tan competitiva, ¿cómo es posible que una sola empresa en un pequeño pueblo de Países Bajos se haya convertido en otro cuello de botella para la IA que se suma a la presión sobre la construcción de centros de datos y el suministro de energía? "Es una cuestión de complejidad", dice Fouquet, y recuerdo la asombrosa física detrás de la máquina EUV de 400 millones de dólares (350 millones de euros) que había visto ese mismo día. Del tamaño de un autobús de dos pisos, la máquina imprime circuitos en obleas de silicio disparando sobre ellas 60.000 gotas de estaño fundido por segundo, utilizando espejos, láseres y luz de onda corta en una especie de nanofotocopiadora sellada al vacío.
"Nuestros clientes se preguntaban... 'Si sólo tengo un proveedor, ¿estaré bien?'... Siempre se podía decir: 'Voy a buscar un segundo proveedor', pero la cantidad de aprendizaje, de inversión y de tiempo necesarios para crearlo son enormes".
Por lo tanto, la confianza es esencial. "Nuestras ganancias crecerán con las del sector, pero no vamos a abusar de la situación". Admite que "a veces es una discusión difícil" con los accionistas: podrían preferir que la empresa aumente los márgenes de beneficio y asuma más deuda en el balance para acelerar la inversión y maximizar la rentabilidad.
"Nos hacen esa pregunta a diario... Pero no se trata de dinero, ahí reside la belleza del asunto. Si pudiera invertir unos pocos miles de millones y obtener un 20% más de capacidad, lo haría. Pero debido a la cadena de suministro, es todo mucho más complejo".
La cadena de suministro de ASML es un caso aparte. Mientras que un producto industrial típico puede tener unas pocas docenas de proveedores, una máquina EUV de ASML tiene más de 100.000 piezas suministradas por 200 proveedores principales y un total de 2.000 empresas. Esto, según Fouquet, podría limitar la capacidad de aumentar la producción rápidamente, pero ha sido clave para el rendimiento de la compañía, a medida que la ciencia se ha vuelto cada vez más compleja. "Cuanto más complejos se volvían nuestros productos... mayor era nuestra ventaja competitiva. Podíamos desarrollarlos mucho más rápido que nadie".
En lugar de intentar fabricarlo todo internamente, ASML subcontrata la producción a los mejores fabricantes de cada componente: Zeiss para la óptica, Trumpf para los láseres y VDL para la mecatrónica. Esto le ha permitido resolver problemas que sus competidores, en particular los grupos japoneses Nikon y Canon, no han logrado solucionar, provocando que se centren únicamente en la generación anterior de tecnología de ultravioleta profundo (DUV). "Necesitábamos las mejores marcas del mundo para conseguirlo. Le aseguro que, si hubiéramos intentado hacer todo lo relacionado con el EUV nosotros mismos, no lo habríamos logrado".
En ocasiones, cuando los proveedores se han mostrado vulnerables, ASML los ha adquirido para salvaguardar la producción. El fabricante de láseres Cymer, adquirido en 2013, fue un ejemplo. Más recientemente, ASML adquirió una participación del 11% en la empresa francesa de IA Mistral. Sin embargo, la colaboración suele ser más importante que la adquisición.
Existe un gran inconveniente: el Gobierno estadounidense. Su prohibición de exportar tecnología EUV a China impide a ASML vender sus productos más avanzados y rentables en un mercado de IA que sólo es superado por el de Estados Unidos. Si bien el presidente Donald Trump no tiene jurisdicción directa sobre ASML (y es mucho menos estricto con Nvidia, a la que se le permite vender sus propios chips fabricados con tecnología EUV a China), Estados Unidos ha presionado a la UE y al Gobierno neerlandés para que impongan un embargo a ASML, lo que genera una clara frustración en la empresa.
"Entendemos que algunas tecnologías puedan estar restringidas por preocupaciones obvias y legítimas, pero si vamos demasiado lejos, obtendremos el resultado contrario al que buscamos", afirma Fouquet. Es decir, señala, China se verá impulsada a innovar por sí misma; Huawei, por ejemplo, se ha convertido recientemente en una fuerza clave en el desarrollo de máquinas de DUV chinas. "Si se restringe demasiado, se genera desesperación", continúa, con un tono ya no tan suave, sino más bien decidido. "Y la desesperación crea un enorme apetito para que la gente acelere su propio desarrollo tecnológico y, potencialmente, en algún momento, se convierta en una fuerte competencia".
Así pues, ¿es ese su mensaje a Trump?
"No es un mensaje para Trump. Es un mensaje para todos los que toman esas decisiones", dice sin rodeos. "Creo que el Gobierno neerlandés decide por sí mismo qué quiere exportar, o no, a China. Así que ese es, en primer lugar, un mensaje para el Gobierno neerlandés [y] un mensaje para la UE".
Aún no hemos abordado la pregunta más trillada de todas: si la IA —y, por lo tanto, la demanda de las máquinas EUV y la demás tecnología que la sustenta— es una burbuja a punto de estallar.
Fouquet admite que los mercados están nerviosos. Pero insiste en que no se trata de una euforia pasajera: la "revolución" de la IA perdurará. "Creo que el impacto de la IA en la sociedad y la industria tardará entre 10 y 15 años en manifestarse. Apenas estamos viendo la punta del iceberg".
ASML confía en que su tecnología EUV evolucionará a lo largo de un periodo similar. Los circuitos de transistores se apilarán unos sobre otros. Se aumentará la apertura de los espejos para enfocar la luz con mayor precisión.
Fouquet se presenta como un CEO accidental, un ingeniero de semiconductores con una larga trayectoria que simplemente creció con la industria. Tras estudiar en Grenoble y Londres, trabajó en Israel y Estados Unidos antes de incorporarse a ASML hace 18 años y convertirse en consejero delegado hace dos. (Tener de nuevo a un físico al mando, después de un gestor financiero, fue un alivio, confiesa un colega).
¿Qué tecnología es la que más le entusiasma ahora? "Los humanoides estarán entre nosotros... dentro de unos años", afirma. "Estamos apenas al comienzo de ese ciclo. [Ellos] harán algunas de las tareas que todos odiamos: la jardinería o vaciar el lavavajillas". (Ignora mi objeción de que a mucha gente le gusta la jardinería).
Pero ¿qué hay de los inventos verdaderamente transformadores? Se muestra entusiasmado con el potencial de la "tecnología espacial" para revolucionar las telecomunicaciones y la producción de energía. Pero, ¿cree, por ejemplo, que la fusión nuclear está finalmente a un alcance comercial? ¿Hay lecciones que aprender del éxito de ASML en el desarrollo de una tecnología pionera como el EUV después de 20 años de intentos? "En el caso del EUV", explica Fouquet, "ASML pensó que la necesidad sería absoluta, por lo que invertimos toda nuestra energía en él, casi poniendo en riesgo incluso a la empresa para lograrlo. No creo que eso ocurra con algunas de esas tecnologías [como la fusión]. Es necesario que en algún momento la gente crea que se trata de algo absolutamente crucial para lograrlo". Y en lugar de que "200 personas o 200 empresas" persigan la idea con una ineficiencia fragmentada, se necesita una monomanía: "[Hace falta] concentración en lo que respecta a la tecnología".
Después de toda esta charla tan intelectual, me intriga saber cómo el CEO de ASML concilia dirigir una empresa a la vanguardia de la revolución de la IA con ser padre de seis hijos. La respuesta de Fouquet es agradablemente poco científica. "Se podría ver a los niños como una carga", dice. "Pero para mí, siempre me han hecho más fuerte porque el tiempo que paso con mi familia, el tiempo que paso fuera de la oficina, es mi arte de reequilibrio... Me da alegría, y creo que venir a trabajar con alegría es mucho mejor que lo opuesto".
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