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Claves del legado de Powell que hereda Warsh al frente de la Fed

Claves del legado de Powell que hereda Warsh al frente de la Fed
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El banco central está condicionado por el enfrentamiento sin precedentes con la Casa Blanca. La gestión de Powell al frente de la Fed destaca por su modelo de gestión. Leer
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  • SERGIO SAIZ Nueva York
Actualizado 1 MAY. 2026 - 00:30Jerome Powell, presidente de la Fed, cierra una de las etapas más complejas del banco central estadounidense.Daniel HeuerEXPANSION

El banco central está condicionado por el enfrentamiento sin precedentes con la Casa Blanca. La gestión de Powell al frente de la Fed destaca por su modelo de gestión.

La inminente salida de Jerome Powell de la presidencia de la Reserva Federal (Fed) marca el cierre de una de las etapas más complejas y transformadoras en la historia reciente del banco central estadounidense. Su sucesor, Kevin Warsh, no solo asumirá el control de la política monetaria en un momento de elevada incertidumbre global, sino que heredará un legado profundamente condicionado por la sucesión de varias crisis encadenadas y un enfrentamiento institucional sin precedentes con la Casa Blanca para salvaguardar la independencia del organismo.

Aunque es el pulso de poder con Trump lo que ha acaparado más portadas en las últimas semanas, la gestión de Powell al frente de la Fed ha destacado por su modelo de gestión y las decisiones que ha tomado. Ha sido capaz de enfriar la economía sin desatar una recesión en un contexto sin precedentes históricos, un reto que los analistas aseguraban que era imposible de lograr, al tiempo que ha fijado una forma de hacer política monetaria que ha sabido tranquilizar a los mercados, con una hoja de ruta predecible que ha evitado más sobresaltos de los necesarios a una época ya de por sí convulsa.

Seña de identidad

La primera gran seña de identidad de Powell ha sido la gestión de varias crisis en cascada. Desde la irrupción de la pandemia en 2020 hasta las recientes turbulencias geopolíticas, pasando por varios conatos de crisis y quiebras bancarias, su mandato ha estado marcado por la necesidad constante de actuar bajo presión.

La Fed desplegó entonces un arsenal sin precedentes de estímulos, reduciendo los tipos de interés prácticamente a cero, ampliando su balance a niveles históricos y extendiendo líneas de liquidez a mercados que tradicionalmente quedaban fuera de su radio de acción.

Powell consolidó así una visión pragmática del banco central como cortafuegos sistémico, dispuesto a intervenir con rapidez para evitar un colapso financiero.

Warsh recibirá una institución más intervencionista, pero también más expuesta a críticas por distorsionar los mercados, algo que él mismo ha cuestionado en más de una ocasión.

Resiliencia

La resiliencia ha sido otra de las claves de la gestión de Powell. Tras haber defendido durante meses que el repunte de precios era "transitorio", finalmente se vio obligado a reaccionar y no dudó a la hora de liderar uno de los ciclos de endurecimiento monetario más agresivos en décadas cuando quedó claro que la inflación era persistente.

La subida acelerada de los tipos de interés fue altamente criticada, ya que enfrió de golpe la economía y tensionó tanto los mercados financieros como los sectores sensibles al crédito, desde la vivienda hasta la financiación empresarial.

Los analistas temieron lo peor y empezaron a sonar las alarmas de recesión. Pero esta no llegó.

Por el contrario, el movimiento reforzó la credibilidad de la Fed como guardiana de la estabilidad de precios y el papel de Powell como capitán en tiempos de incertidumbre económica y financiera. Warsh heredará un equilibrio delicado: mantener bajo control la inflación sin asfixiar el crecimiento.

El tercer pilar del legado de Powell es la redefinición del marco estratégico de la política monetaria.

Bajo su liderazgo, la Fed adoptó un enfoque más flexible hacia el objetivo de inflación, permitiendo que esta superara temporalmente el 2% para compensar periodos prolongados de debilidad y proteger el mercado laboral.

La decisión buscaba favorecer el pleno empleo. Sin embargo, la posterior escalada inflacionista derivaba de los riesgos geopolíticos y la guerra comercial impulsada por la Casa Blanca puso en cuestión la eficacia de este enfoque y abrió un debate interno sobre los límites de la tolerancia del banco central.

El enfoque de Warsh va en esta línea experimental de Powell, pero con una visión todavía más extrema, ya que considera que la inflación es una métrica obsoleta y proteger el crecimiento económico debería ser una prioridad de la Fed, no solo controlar la escalada de los precios.

Papel en los mercados

Por otra parte, el mandato de Powell también se ha definido por la transformación del balance y del papel estructural de la Fed en los mercados financieros. La expansión masiva de activos durante los años de estímulo ha dejado una huella duradera, con un banco central que sigue teniendo un peso determinante en el funcionamiento de los mercados de deuda.

El posterior proceso de reducción del balance ha sido gradual y cuidadosamente calibrado para evitar disrupciones, pero aún está lejos de devolver a la Fed a su posición previa a la crisis.

Warsh asumirá el reto de completar esta normalización sin provocar tensiones innecesarias en el sistema financiero, pero ya ha adelantado que pisará el acelerador en este capítulo. Es ahí donde quiere ganar margen para poder reducir más rápido los tipos de interés nominales para, entre otras cosas, contentar a Trump.

Más allá del ámbito técnico, Powell ha lidiado con una Fed más politizada y bajo mayor escrutinio de la Casa Blanca. Durante su mandato, la institución se ha visto atrapada en el cruce de presiones políticas sin precedentes, que ha llegado a erosionar la percepción de independencia del banco central, un pilar fundamental de su credibilidad. Aun así, el actual presidente ha hecho de la resistencia a Trump su bandera, dejando claro que solo los datos macroeconómicos han influido en sus decisiones.

Posiblemente, según señalan los analistas, este sea el pilar más frágil del legado que recibe Warsh, pero no tanto por Powell sino por su propia nominación, con frases del presidente de EEUU asegurando que "su chico" hará lo que él mande.Warsh ha dejado claro que no será "una marioneta" del poder, pero todavía tiene un largo camino que recorrer para ganarse la confianza de Wall Street.

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Fuente original: Leer en Expansión
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