Elecciones andaluzas
Comienza el reto: estabilidad absoluta o pacto forzadoAndalucía inicia su campaña con la incógnita de si Moreno evitará hipotecas externas mediante una mayoría sin fisuras
Regala esta noticia (E. Hinojosa)Sevilla
01/05/2026 Actualizado a las 00:25h.La coincidencia del calendario ha situado el inicio de la carrera hacia el 17 de mayo en una fecha de doble lectura. Mientras las calles ... se llenan de las reivindicaciones propias del Día de los Trabajadores, Juanma Moreno sopla 56 velas con la vista puesta en un único regalo: la llave exclusiva de la gobernabilidad. En el búnker de los populares se evita con celo el término «mayoría absoluta», una expresión que todavía evoca las hegemonías de granito de las décadas anteriores. Prefieren hablar de «estabilidad», un concepto que funciona como escudo ante la posibilidad de que el futuro ejecutivo dependa de factores externos a la comunidad.
La estrategia para blindar ese perfil de centro pasa por una invisibilización deliberada del socio potencial. Vox no aparece en las intervenciones de Moreno, aunque sus siglas condicionen cada movimiento del tablero electoral. Manuel Gavira, el aspirante de la formación de Santiago Abascal, ha optado por un perfil que apenas altera el paisaje, delegando el protagonismo de la campaña en la dirección nacional de su partido. Su discurso insiste en que el cambio en Andalucía es, por ahora, una versión edulcorada de la etapa anterior. Las críticas de Vox se concentran en vincular de forma persistente la inmigración con el deterioro de la vivienda y la sanidad, obviando el peso que la mano de obra extranjera tiene en el motor agrícola y turístico de la economía regional.
En la otra acera, María Jesús Montero asume el reto de frenar una tendencia que las encuestas dibujan con trazos sombríos para el socialismo andaluz. Ha apurado su estancia en la vicepresidencia del Gobierno hasta el límite, manteniendo su acta en el Congreso en lo que sus detractores describen como un salvavidas preventivo ante un horizonte incierto. Su campaña pivota sobre la situación de la sanidad pública, el flanco donde la gestión de la Junta muestra sus costuras más visibles tras años de presión asistencial. Sin embargo, el lastre de los resultados obtenidos por su formación en otras latitudes genera un clima de escepticismo que sus adversarios aprovechan para cuestionar su compromiso real con el Parlamento de Andalucía una vez que se complete el recuento.
Cada una de las ocho provincias será determinante para inclinar la balanza hacia la mayoría absoluta o hacia el pacto obligado
A la izquierda del PSOE, la supervivencia ha impuesto una tregua de última hora que pocos esperaban hace un mes. Podemos, tras un largo periodo de tensiones y amagos de concurrir en solitario, se ha integrado en la coalición Por Andalucía para evitar una desaparición que parecía dictada por la demoscopia. Siete siglas comparten ahora una papeleta que busca optimizar cada voto frente a la ley electoral.
Antonio Maíllo lidera este espacio con el aval de su prestigio personal, pero con la sombra de Adelante Andalucía en los talones. José Ignacio García, al frente de este proyecto de corte netamente andalucista, ha logrado mantener una identidad propia que conecta con un electorado que rechaza la subordinación a las estrategias estatales.
Sin barones
La campaña que hoy comienza no se mide sólo en actos públicos y eslóganes, sino en la capacidad de cada actor para controlar el relato de su propia autonomía. Mientras que el PSOE avisa de un desembarco de ministros y del propio Pedro Sánchez, Moreno ha decidido prescindir de los grandes desfiles de barones nacionales. La presencia de Alberto Núñez Feijóo será quirúrgica, reforzando la idea de que lo que se vota el 17 de mayo es una marca personal, un estilo de gestión que presume de haber reducido el diferencial de paro y de haber atraído inversión extranjera a niveles históricos. Es la apuesta por el «modelo andaluz» como algo diferenciado de la bronca política que domina la capital de España.
No obstante, los datos macroeconómicos se enfrentan en la calle a la realidad de las listas de espera y al encarecimiento de la vida en las zonas costeras y las grandes capitales. El debate sobre si esa prosperidad de la que habla el Gobierno andaluz cala en todas las capas sociales será el eje sobre el que la oposición intentará erosionar la imagen de invulnerabilidad del presidente. Para el PSOE, se trata de una batalla por la relevancia; para la izquierda alternativa, es una lucha por la hegemonía de un espacio que llega al 1 de mayo más unido en el papel que en el espíritu.
Modelo de gestión
Se juega algo más que un reparto de escaños. Se dirime si el modelo de gestión que busca la mayoría de estabilidad puede subsistir sin las muletas de un pacto que lo desplace de su buscado centro político. La pregunta que flota en el aire no es tanto quién ganará, sino cómo se conformará el próximo gobierno. Si Moreno alcanza los 55 diputados, la política andaluza continuará su senda de calma institucional. Si no, el verano comenzará con una aritmética compleja donde cada gesto tendrá una lectura nacional y cada cesión será examinada bajo la lupa de la coherencia.
El 17 de mayo, las urnas dirán si el cumpleaños de Moreno se traduce en un mandato sin hipotecas o si, por el contrario, la política de bloques vuelve a instalarse en una comunidad que parece haberle cogido el gusto a la previsibilidad. Por ahora, los candidatos inician su recorrido por las plazas y los mercados, conscientes de que en Andalucía, muchas veces, lo que no se dice en los mítines es precisamente lo que acaba decidiendo el voto. La suerte de la próxima legislatura se empieza a escribir hoy, entre el ruido de las manifestaciones y la calma tensa de los despachos donde ya se calculan los restos de cada provincia.
Cada circunscripción será determinante para inclinar la balanza hacia la mayoría absoluta o hacia el bloqueo y el pacto forzoso. La capacidad de movilización del electorado marcará el ritmo de una campaña que se prevé intensa pero contenida. Los partidos saben que el votante andaluz penaliza la estridencia y premia la cercanía, una lección que todos parecen haber aprendido, aunque la apliquen con resultados muy dispares. La carrera ha comenzado y el cronómetro de la estabilidad ya está en marcha.
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