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Como dos gotas de agua

Como dos gotas de agua
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Pequeñas infamias

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Carmen Posadas

11/09/2026 a las 12:08h.

¿Conocen ustedes a su doble? Según recientes estudios de genética, todos tenemos uno (o dos o tres) en alguna parte del mundo. Y no ... solo nos parecemos físicamente a él o a ella. Lo más asombroso es que compartimos gustos, aficiones, incluso predisposiciones como la adicción al tabaco o al alcohol. Carles Lalueza-Fox, director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona e investigador del CSIC, ha escrito un libro, Identidad, en el que habla de este y otros fascinantes hallazgos de la ciencia. ¿Sabían, por ejemplo, que muy pronto se podrá reconstruir de manera fiel la estructura facial de un individuo desconocido partiendo de una muestra mínima de ADN? ¿Y también que un análisis digital y morfológico de las facciones servirá para identificar de forma precoz enfermedades genéticas latentes?

Otro dato curioso es que, a diferencia de lo que frecuentemente ha retratado la literatura, en la que los doppelgängers o dobles son seres malvados que acumulan todos los defectos de su doble 'bueno', la genética está demostrando otra realidad: quien comparte cara comparte también otras características que conforman la personalidad. Así es posible, por ejemplo, que mi doble en Australia o en Hong-Kong (o en Alpedrete) prefiera como yo el té al café, se pirre por los pepinillos en vinagre y le dé tanta pereza hacer gimnasia como a servidora.

¿Sabían que pronto se podrá reconstruir la estructura facial de un desconocido partiendo de una muestra mínima de ADN?

Esto me recuerda a un desalmado experimento llevado a cabo en los años sesenta en los Estados Unidos. El psicoanalista Peter Neubauer separó al nacer a trillizos idénticos y los dio en adopción a familias de distintas clases sociales para evaluar el peso de la genética frente al entorno. Durante años monitorizó a distancia a estos niños apuntando sus gustos, sus inclinaciones y dedujo que compartían características idénticas no atribuibles a la educación. Les gustaban los mismos platos, usaban expresiones similares e incluso habían puesto el mismo nombre a sus mascotas.

Al ir a la universidad, dos de los chicos se conocieron, descubriendo con sorpresa que habían nacido el mismo día y que fueron dados en adopción por la misma entidad. La noticia salió en todos los periódicos, y el tercero de los trillizos, al ver la foto de sus hermanos, se dio a conocer. Así se descubrió que no eran dos sino tres los muchachos 'cobaya' del doctor Neubauer. La historia acabó de forma trágica porque, al ser los tres propensos a depresión, el acoso mediático y el shock de descubrir su historia hicieron que uno de ellos se suicidara. El revuelo causado obligó al doctor Neubauer a consignar los resultados de su bárbaro experimento en la Universidad de Yale, que no se harán públicos hasta 2066. Tal vez entonces sepamos algo más de esta eterna pregunta. ¿Qué tiene más peso en la psique y el carácter de las personas, los genes o el ambiente?

En la actualidad se piensa que la influencia es mitad y mitad. De hecho, se han dejado atrás las denominaciones de antaño –'innato' frente a 'adquirido'– y se habla ahora de 'epigenética'. Es decir, el código genético es fijo, pero la epigenética decide cómo se expresa. O, para usar una metáfora culinaria, la identidad es el plato que una persona cocina con los ingredientes que tiene por nacimiento. Sí, de acuerdo, pero qué quieren que les diga, yo tengo una imaginación calenturienta. Tanto que al saber que todos tenemos en algún lugar del mundo un 'gemelo' que comparte con nosotros no solo cara, sino también comportamiento y personalidad, me ha dado por lucubrar y darle vueltas a la cabeza. Puesto que la existencia de estos dobles se debe no a parentesco alguno, sino a una azarosa combinación de genes tal como acaba de descubrir la ciencia. Y puesto que esa combinación hace que uno se comporte de determinada manera sin tener en cuenta dónde se nazca, ¿no es eso tanto como decir que la carga genética tiene más peso en nuestra identidad que el ambiente? No me hagan caso. Es preferible seguir creyendo que los parecidos asombrosos y las similitudes en rasgos de carácter con seres que ni conocemos son solo eso: curiosas casualidades y tema de conversación con un aperol de por medio en el chiringuito. La otra posibilidad, la de que la carga genética de algún modo nos 'programe', suena a peli de ciencia ficción, da mucho yuyu, ahora estamos de vacaciones… de sentido de culpa, il dolce far niente.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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