- Lo que come puede subirle el cortisol más que el estrés de la oficina
- Dedique un rato cada día a pensar en lo importante
La hiperestimulación nos está haciendo menos reflexivos e inteligentes. Estamos perdiendo nuestra capacidad de posar la mirada sobre algo; reflexionar exige tiempo.
Es muy probable que sufra alguna de las siguientes situaciones y será un profesional con suerte si sólo vive una de estas experiencias porque lo normal es que experimente todas ellas. En la bandeja de entrada de su email aparecen mensajes nuevos casi cada segundo; recibe una llamada de un cliente, un proveedor o un empleado constantemente; las diferentes aplicaciones que ha instalado en su móvil le envían notificaciones a diario y le obligan a consultar el estado de la Bolsa o las noticias que afectan a su negocio cada poco tiempo; o responde un mensaje mientras atiende una llamada de teléfono o corrige un informe importante.
Es probable que se sienta orgulloso de ser un profesional multitarea, pero el daño que le está haciendo a su cerebro puede ser irreversible. Cada vez más personas experimentan dificultades para concentrarse, descansar o gestionar el estrés y buena parte de la culpa la tiene esta capacidad que hemos adquirido para hacer varias cosas al mismo tiempo. "Le estamos enseñando al cerebro a vivir en una hiperestimulación constante y eso le obliga a funcionar con un sistema nervioso muy activo y acelerado. Eso tiene muchos beneficios porque somos más rápidos y productivos, pero estamos perdiendo la capacidad de fijar la mirada sobre algo", alerta Ana Ibáñez, autora de Neurociencia para la vida real (Planeta), libro que analiza cómo está afectando la hiperestimulación de la vida contemporánea al cerebro.
La neurocientífica española, una de las más reconocidas en el ámbito del alto rendimiento y el bienestar mental, avisa: "El poder de desarrollar una opinión, un pensamiento, una evaluación de la situación, tener una mirada estratégica, crear nuevas ideas... exige tiempo", explica Ibáñez, que añade que es la conexión que se establece entre las diferentes neuronas las que fijan pensamientos, alimentan la memoria y construyen nuestra sabiduría. "La hiperconectividad está provocando que perdamos conexión interior y eso nos hace tener pensamientos más superficiales, menos profundos, con escaso valor añadido", asegura Ibáñez, que nos anima a hacer ejercicios que mejoren nuestro rendimiento cerebral.
- Haga posible lo imposible. Cuando el cerebro rompe una limitación es capaz de reorganizar sus circuitos, activar nuevas conexiones y convertir lo que parecía imposible en algo cotidiano. "Para conseguirlo, el primer paso es que el cerebro identifique eso que quiere lograr como algo seguro, algo que puede hacer y que le conducirá a algo bueno. Cierre los ojos, imagine esa situación terminada con éxito, visualícese disfrutando de ella, identifique cuál es su motivación intrínseca para lograr el cambio, reflexione por qué quiere hacerlo y deje que el pensamiento se apodere de usted", aconseja Ibáñez, que asegura que guiarse por la curiosidad cambia nuestra forma de pensar.
- Fabrique mejores sensaciones. El cerebro necesita mucha más energía para fabricar un pensamiento positivo que para fabricar uno negativo, pero crear esta capacidad para mirar el mundo desde el optimismo se puede entrenar. "Cuando empezamos a generar movimiento físico, enfoque atencional, microacciones repetidas y estados corporales de mayor energía, el cerebro comienza a modificar su química. Aumenta la dopamina, se reactiva el prefrontal, suben las frecuencias neuronales de acción y la persona experimenta una sensación interna de control".
- Mantenga el estrés a raya. El estrés, en su forma más básica, es una respuesta de supervivencia que todos necesitamos. Es el mecanismo que nos ha permitido adaptarnos, reaccionar y seguir adelante durante miles de años, y está diseñado para activarse cuando algo amenaza nuestro bienestar o rompe nuestro equilibrio. "Pero esta respuesta tan necesaria se vuelve problemática cuando interviene de forma constante, ya que es entonces cuando se convierte en ansiedad. Sin embargo, todos tenemos el potencial de transformarlo en una fuente de adversidad positiva. Aprender algo nuevo, tomar una decisión difícil, cambiar nuestra rutina o hablar con alguien que piensa diferente son buenos ejercicios para este fin. Y no desestime el poder de la respiración consciente, pausada y profunda porque no sólo calma la mente, también regula el sistema nervioso autónomo, equilibra el ritmo cardíaco y reduce la inflamación", señala Ibáñez, que propone entrenar aspectos como la concentración o la meditación.
- Amar y amarnos. "Las personas que más satisfechas están con su vida son las que tienen una mirada expansiva y constructiva hacia los demás. No tienen miedo a cambiar de opinión, son curiosas y mantienen un espíritu abierto", afirma Ibáñez, que añade que "el amor nos da fortaleza y mejora nuestra capacidad de sanarnos, pero para amar a otros, primero debemos aprender a amarnos a nosotros mismos y para eso hay que prestar atención a lo cotidiano, valorarlo, tener capacidad de soñar, sentirse bien, ejercitar la ilusión...", recomienda Ibáñez.
- Dormir bien. "El sueño no es un parón, sino un proceso activo en el que la mente se reorganiza, elimina lo que sobra, repara lo que está dañado y reajusta todo lo que nos mantiene funcionando. Dormir bien no exige tener una vida perfecta ni una disciplina rígida, se trata de establecer pequeños gestos cotidianos. Alejarse de las pantallas para mirar un punto fijo a lo lejos, dejar que la mirada se relaje sin enfocar nada, apoyar una mano en el pecho para notar la respiración o encender una luz cálida en casa", concluye Ibáñez.