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Cortijo de Poey: el rincón recóndito de Vélez-Málaga que quiere ser un gran parque

Cortijo de Poey: el rincón recóndito de Vélez-Málaga que quiere ser un gran parque
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Situado junto al camino de Algarrobo, este enclave histórico y natural cuenta con ejemplares monumentales, restos de una antigua almazara y una biodiversidad inesperada

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Olivar de Poey. J. A. Cortijo de Poey: el rincón recóndito de Vélez-Málaga que quiere ser un gran parque

Situado junto al camino de Algarrobo, este enclave histórico y natural cuenta con ejemplares monumentales, restos de una antigua almazara y una biodiversidad inesperada

Javier Almellones

Málaga

Sábado, 11 de abril 2026, 00:22

Pero el valor del olivar de Poey, situado junto al camino de Algarrobo, va mucho más allá de sus árboles. Este espacio conserva las huellas de un paisaje productivo vinculado durante siglos al aceite, con elementos que permiten entender cómo funcionaba este sistema agrícola. Entre ellos sobresale el molino de los Pérez, una antigua almazara cuyo origen se sitúa entre los siglos XVII y XVIII y que formaba parte de un conjunto mayor con cortijo, alberca y un sistema hidráulico asociado a un manantial.

Arriba, restos del antiguo molino de los Pérez. Abajo, Olivo de la Reverencia, uno de los ejemplares bautizados y en la zona hay pequeños senderos por los que se puede pasear. J. A.

Hoy, ese patrimonio permanece en pie de forma precaria. «Es una joya, pero está muy deteriorada», resume Rafael Yus, presidente del Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía (GENA), que lleva años analizando este enclave. A pesar de contar con protección en el planeamiento urbanístico, el antiguo molino muestra signos evidentes de abandono, lo que refuerza la sensación de que se trata de un legado que aún no ha encontrado su lugar. El vertido de escombros o algunos expolios, como el de una placa de mármol, no están en consonancia con los siglos de historia de este edificio.

A ese valor histórico se suma otro igualmente relevante: el ambiental. A pesar de su proximidad al casco urbano de Vélez-Málaga, el cortijo de Poey mantiene una biodiversidad notable. En la zona se han documentado anfibios (hasta seis distintos se han catalogado), reptiles, aves y mamíferos como zorros, favorecidos por la presencia de agua en puntos como la alberca o el manantial vinculado a esta. «Es un espacio con una fauna muy interesante para estar tan cerca de la ciudad», apunta Yus.

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Estructura de la importante almazara que tuvo este cortijo. J. A.

Esa combinación de historia, naturaleza y cercanía ha convertido este lugar en un espacio ya utilizado por la ciudadanía. Senderos marcados por el paso de los años permiten recorrerlo sin dificultad, mientras que vecinos y visitantes lo frecuentan para pasear o fotografiar sus árboles. «Hemos visto a gente sorprendida, incluso de fuera, haciendo fotos a los olivos», señala Lorenzo, que destaca también las jornadas divulgativas organizadas para dar a conocer este patrimonio.

Sin embargo, el futuro del cortijo de Poey sigue abierto. Los terrenos pertenecen a un grupo de propietarios y su desarrollo ha estado condicionado durante años por expectativas urbanísticas ligadas al crecimiento de la ciudad. En paralelo, colectivos como GENA han planteado la posibilidad de convertir este espacio en un parque agro-urbano que conserve su esencia, integrando el uso público con la protección de sus valores.

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En los últimos años son muchos los que pasean por allí para disfrutar de la naturaleza. J. A.

La propuesta no busca transformar el lugar en un parque convencional, sino reconocer lo que ya es: un paisaje vivo que permite entender el pasado agrícola de la Axarquía y que ofrece, al mismo tiempo, un espacio de esparcimiento distinto, más cercano a lo silvestre que a lo ornamental. «Sería una forma de que la gente pudiera conocer este entorno sin perder su carácter», explica Yus.

Entre olivos que crecen sin la presión de la poda intensiva y restos de construcciones que aún evocan otra época, el cortijo de Poey se presenta hoy como un lugar en equilibrio. No es un espacio abandonado, pero tampoco plenamente protegido. Y quizá ahí reside su singularidad.

Porque en este rincón de Vélez-Málaga no solo hay árboles centenarios o restos de edificios con historia. Hay un paisaje que todavía puede ser comprendido, cuidado y compartido. Un lugar que invita a detenerse, a mirar con calma y, sobre todo, a preguntarse qué hacer con él antes de que sea demasiado tarde.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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